sábado, 7 de abril de 2007

Represión en Neuquén: La piedra que hace olas.



La represión en Neuquén es un gravísimo hecho por una serie de cuestiones. Las más evidente, que es una grave violación a un derecho, en este caso legítimo y como si fuera poco, por parte de un sector que a pesar de no tener gran apoyo popular, tampoco es reconocido como un grupo violento.
Pero no solo la virtud está en juego tanto en la vida como en la política sino que también la fortuna. Y un muy desafortunado hecho del destino hicieron que la orden del gobernador Sobisch de mandar a todos esos a de vuelta a casa llegara justo a oidos de ese loquito que ya había safado dos veces, otra vez, volviera a extralimitar su violencia. Pero esta vez, este exceso, llevó a una desgracia. La bomba de gas lacrógeno que disparó impactó en la cabeza de Carlos Fuentealba, un maestro de 40 años. Para peor de males, Fuentealba no era un enagenado, era un tipo muy tranquilo según lo describen sus compañeros.

Lo que es más grave en este asunto es que lo grave acá no es solo que pasó sino sus consecuencias no intencionadas. Resulta que el responsable de todo esto no es el loquito que disparó sino la policía y la justicia que viene encubriendo a ese criminal asesino, sino quien dio la orden -una vez más- de reprimir: El gobernador Sobisch.

Resulta que el gobernador Sobisch es candidato a presidente en las elecciones de este año. Y que en esa campaña se acercó como aliado a Mauricio Macri. Las olas que generaron este acontecimiento, la gravedad de las consecuencias crean el riesgos que estas opaquen el verdadero problema.
Al mismo tiempo, estas consecuencias tendrán -esperemos- una repercusión electoral que restará algunos apoyos a la candidatura de muchos políticos que tienen una visión muy conservadora de la democracia.

Estos días se está jugando el futuro cercano de la argentina.

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