jueves, 10 de abril de 2008

Los héroes depravados de “24” son los Himmler de Hollywood.

Por Slavoj Žižek | 10.Enero.2006

El domingo comienza en los Estados Unidos la quinta temporada de la serie sensacionalista 24. Cada temporada se divide en 24 episodios de una hora, y cada una cubre los acontecimientos de un solo día. La historia narra el intento desesperado de una CTU [Counter Terrorist Unit/Unidad Anti-Terrorista] con base en Los Ángeles, quienes intentan prevenir catástrofes de gran magnitud. La acción se enfoca en los agentes de la unidad, la Casa Blanca y los sospechosos de terrorismo.



El funcionamiento en “tiempo real” de la serie confiere una fuerte sensación de urgencia, reforzado por la visualización regular del paso de los segundos. Esta dinámica es acentuada con trucos técnicos, el uso de cámaras portátiles, la división de la pantalla para mostrar las acciones coexistentes de los personajes, etc.



Cada tercio de cada episodio es interrumpido por descansos comerciales, que contribuyen al sentido de urgencia: los descansos forman parte de la hora de la continuidad temporal. En el reloj de la pantalla se lee "7:46" antes del descanso, al regresar a la serie, el reloj dice "7:51" - indicando el transcurso real del descanso comercial, como si una transmisión en-vivo hubiese sido interrumpida. Es como si la continuidad de la acción fuese tan urgente que ni siquiera puede ser interrumpida por los anuncios comerciales.



Semejante sentido de urgencia tiene una dimensión ética. La presión de los eventos es tan dominadora, el riesgo es tan alto, que ellos necesitan una especie de suspensión de las preocupaciones morales ordinarias; pues cosas así involucran la vida de millones, que están en riesgo a manos del enemigo. Los agentes de CTU, así como sus antagonistas terroristas, viven y actúan en un espacio oscuro no cubierto por la ley, haciendo las cosas que "simplemente tienen que ser hechas" para librar a nuestras sociedades de la amenaza del terrorismo. Esto incluye no sólo la tortura a los terroristas cuando ellos son detenidos, sino incluso la tortura a los miembros del CTU o a sus parientes más íntimos si ellos son sospechosos de estar vinculados con terroristas.



En la cuarta temporada, entre aquéllos que son torturados se encuentra el yerno y el hijo del Secretario de Defensa (con pleno conocimiento y apoyo del último), y una mujer miembro del CTU erróneamente es sospechada de filtrar información a los terroristas. (Cuando su inocencia es revelada, le piden que vuelva a trabajar y ella inmediatamente acepta.) Los agentes de CTU, después de todo, están tratando con la clase escenario de "ticking-bomb" evocado por Alan Dershowitz, profesor de derecho de Harvard para justificar la tortura (¿por qué no torturar a alguien que conoce la situación de una bomba que seguramente matará a cientos de miles de personas?).



Los agentes son tratados como seres prescindibles, preparados para poner sus vidas en riesgo si esto ayuda a prevenir un ataque. Jack Bauer, (el agente y el personaje central, interpretado por Kiefer Sutherland), está incluido en ésta posición. Él no sólo tortura a otros, sino perdona también a sus superiores que ponen su propia vida en riesgo.



En la cuarta temporada, Bauer está de acuerdo en ser entregado a China como una víctima propicia para un departamento CTU secreto por las sospechas de asesinato de un diplomático chino. Él sabe que será torturado y encarcelado de por vida, pero promete no decir nada que pudiera dañar los intereses de Estados Unidos. Cuando él se entera por medio del ex-presidente del Estados Unidos que alguien ha pedido que él sea asesinado, sus dos amigos más íntimos del CTU falsifican su muerte. Ambos, terroristas y agentes de CTU operan como ejemplos de lo que el filósofo político Giorgio Agamben llama el homo sacer - alguien que puede ser matado con impunidad ya que, a los ojos de la ley, su vida no lo es ya. Mientras ellos continúan actuando en nombre del poder legal, sus actos ya no están acogidos por la ley. Y aquí es donde nosotros encontramos la mentira ideológica de la serie: a pesar de la crueldad del CTU, sus agentes, sobre todo Bauer, son cálidos seres humanos - dignos de amor, aún atrapados en los dilemas emocionales de las personas ordinarias.



24 no debe ser visto como una simple imagen popular de los métodos problemáticos a los que acuden los Estados Unidos en su "guerra contra el terror". Hay mucho más en juego. Recuérdese la lección de Apocalipsis Now. La figura de Kurtz no es un remanente de algún pasado bárbaro. Él era el soldado perfecto pero, a través de su sobre-identificación con el ejército, se convirtió en la encarnación del exceso del sistema y amenazó al propio sistema.



El problema para aquéllos que están en el poder es cómo conseguir que las personas hagan el trabajo sucio sin convertirlos en monstruos. Éste era el dilema de Heinrich Himmler. Cuando se confrontó con la tarea de matar a los judíos de Europa, el jefe de las SS adoptó la actitud de "alguien tiene que hacer el trabajo sucio". En el libro de Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén, la filósofa describe cómo los verdugos nazis soportaron los horribles actos que realizaron. La mayoría de ellos era bien consciente de que estaban haciendo cosas que producían humillación, sufrimiento y muerte a sus víctimas. La manera de salir de esta dificultad era que, en lugar de decir "¡Qué cosas horribles he hecho a estas personas!" ellos dirían "¡Qué cosas horribles tengo que mirar en la prosecución de mis deberes, qué pesada tarea hay sobre mis hombros!" De esta manera, ellos podían darle vuelta a la lógica de resistirse a la tentación: la tentación a resistirse era la piedad y la simpatía en presencia del sufrimiento humano, la tentación de no asesinar, torturar y humillar.



Había un extenso "problema ético" para Himmler: cómo asegurarse de que los ejecutores/verdugos, mientras realizaban estos actos terribles, pudieran permanecer en su humanidad y dignidad. Su respuesta fue el mensaje de Krishna a Arjuna en el Bhagavad-Gita (Himmler siempre tenía en su bolsillo una edición limitada en cuero): actúa con distancia interna; consigue estar totalmente no-involucrado.



En esto también reside la mentira de 24: no sólo no es posible retener la dignidad humana realizando actos de terror, sino que, si una persona honrada realiza tal acto como un grave deber, le confiere a éste una grandeza trágico-ética. El paralelo entre la conducta de los agentes y de los terroristas muestra ésta mentira.



Pero ¿y sí una distancia tal fuese posible? ¿Y si las personas que se comprometen con actos terribles como parte de su trabajo al mismo tiempo fueran maridos amorosos, buenos padres y esplendidos amigos? Como Arendt dice, el hecho de que ellos puedan retener alguna normalidad mientras están comprometidos con tales actos es la última confirmación de su depravación moral.



Entonces, ¿qué hay acerca de ésta división-escisión? Algunos sostienen que al menos en Estados Unidos el tema está ahora abierto y son menos hipócritas sobre su conducta hacia los sospechosos de terrorismo. A esto, uno debe contestar: "¿por qué los representantes norteamericanos quieren decirnos esto, por qué nos lo están diciendo? ¿Por qué ellos no siguen haciéndolo silenciosamente, cómo lo habían venido haciendo hasta ahora?" Es algo propio del discurso humano el hueco entre el contenido enunciado y su acto de enunciación. Imaginese a una pareja que tiene un acuerdo tácito para que ellos pueden tener aventuras extramaritales discretas; si, de repente, el marido le dice abiertamente a su esposa sobre una aventura, ella tendría una buena razón para preguntarse por qué él está hablándole de ello. El acto de revelar algo públicamente nunca es neutro; afecta el propio contenido informado.



Lo mismo vale para la reciente admisión de los Estados Unidos de estar usando la tortura. Cuando nosotros escuchamos a personas como Dick Cheney hacer declaraciones sobre la necesidad de la tortura, nosotros debemos preguntarnos por qué él ha decidido hacer una declaración pública sobre ello. La pregunta a ser formulada es: ¿qué hizo que el portavoz decidiera enunciar esa declaración? Éste es el verdadero problema de 24: no el contenido en sí, sino el hecho de estarlo diciendo abiertamente. Y ésa es una triste indicación de un cambio profundo en nuestras normas éticas y políticas.





Título Oríginal: «The depraved heroes of 24 are the Himmlers of Hollywood»

Fuente: The Guardian, 10 de enero de 2006.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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