viernes, 27 de junio de 2008

Libertad para Charly García.

Hoy en una entrevista de Gerardo Rozin con Pipo Cipolatti el entrevistador le preguntaba al músico: -¿Que opinás sobre que hay que hacer con Chaly? ¿Hay que internarlo, dejarlo salir? Pipo dijo algo que sonaba interesante: "Libertad a Charly Gacía". resulta irónico que alguien que se atrevió a cantar por la libertad durante la dictadura se encuentre privado de ésta durante la democracia.
Recordemos también que Charly se encuentra recluido por orden de un Juez. Las condiciones bajo las que se tomaron esta desición tal vez ameritaban este tipo de medidas. Pero esto no es una solución como lo es una medida de emergencia. Al parecer Charly no se lleva bien ni con las dictaduras ni con las democracias. Es interesante ver como lo trata a Charly esa democracia que le prometía tanta libertad.
Liberen a Charly.
Say No More.

Jazz Fusión & Heavy Metal: Ohm - "Peanut Budda en vivo"



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El impacto del pensamiento de Derrida en la política.

Políticas de la deconstrucción: ó el impacto del pensamiento de Derrida en la política.[1]

Me parece que el muy citado sarcasmo de Irving Howe –“Esta gente no quiere tomar el poder, sólo quiere tomar el departamento de Inglés” –sigue siendo una importante crítica a esta izquierda académica.

R. Rorty “Deconstrucción y Pragmatismo”.

Es una gran suerte que está atada a la aventura histórica de la democracia, claramente europea, y a la cual la reflexión política y filosófica no pueden dejar de prestar atención y no debe confinar a la literatura al reino de lo doméstico o de lo privado.

J. Derrida “Notas sobre Deconstrucción y Pragmatismo”.

El interrogante principal que intentaremos desarrollar aquí es sobre el impacto que tuvo el pensamiento de Derrida en (o para) la política.

A primera vista uno estaría tentado en decir ninguno. Esto es, del proyecto de la deconstrucción no se desprende claramente ni necesariamente un proyecto político concreto, como pudo hacerlo, por ejemplo la propuesta filosófica de Marx. Con esta observación no hacemos otra cosa que marcar que no existe un partido político de la “deconstrucción” o que se identifique plena o parcialmente con esta.

Pero antes de apresurarnos a plantear algo tan tajante como que la deconstrucción o el pensamiento de Derrida no ha tenido consecuencias políticas deberíamos detenernos a analizar varias cuestiones.

En primer lugar es necesario hacer las distinciones de la política formal o desde el aspecto institucional y la política como el acto pragmático de la distinción entre el amigo y el enemigo (Schmitt, Derrida: 1998) independientemente del ámbito. Otra distinción muy útil -que sí podríamos decir- que Derrida plantea de manera innovadora a partir de la literatura es la de lo público y lo privado. En tercer lugar podríamos distinguir la reflexión política -desde las ciencias humanas- de la política como acto pragmático.

Esta reflexión no podría estar completa sin detenernos en la deconstrucción misma. Esto es lo que nos vuelve a llevar al mismo punto de partida. ¿Cómo a partir de una teoría de la escritura y el estatuto de las ciencias humanas se afecta a la política?

Este es un esquema básico del planteo que nos proponemos desarrollar en este trabajo.

Partiendo estrictamente desde el pensamiento político podría surgir la pregunta sobre cual es la importancia o la necesidad de leer a Derrida. Existe una perspectiva hegemónica en el pensamiento político que dado cierta estrechez y reduccionismo no encontraría vínculo necesario entre la obra de Derrida y la literatura especializada en la materia. Este problema permite vislumbrar el objetivo de este trabajo: la necesidad de especificar el aporte de la deconstrucción al pensamiento político. Con esto tampoco estamos diciendo que la deconstrucción plantee la centralidad de la política, pero aún así sería innegable reconocer su influencia en este ámbito.

Al mismo tiempo que realizamos este planteo sobre la relevancia del interrogante aquí presentado nos encontramos con el plano de la escritura, o mejor dicho la literatura sin excluir a la filosofía. Aquí aparece el innegable título que propone estas jornadas, el amor a Derrida, o en sentido más amplio el amor por la escritura y la filosofía. Es muy difícil en este intento de plantear cualquier cuestión sobre Derrida no quedar atrapado en la elipsis de la escritura. Si vamos a hablar de Derrida –aunque sea de sus implicancias políticas (o al menos las de su pensamiento)- es muy difícil no tener en cuenta aquello que nos enamoró de Derrida. Este problema ineludible no deja de marcar la cuestión conflictiva que aquí nos proponemos abordar.

Aquí hay un planteo pragmático que tiene que ver con la política que es distraído por la literatura y si se quiere por la filosofía. Pero esa distracción es nada menos que el meollo del asunto. La tensión entre ese amor y el sentido del deber, desde el punto de vista del derecho es –de alguna manera- la cuestión o el problema que se quiere señalar visto desde ese umbral del margen.

Esto significa que si efectivamente hay algún impacto, alguna marca de Derrida en el pensamiento política, ¿que implica esto? ¿Dónde está esa marca? ¿Cuál es la huella derridiana en el pensamiento político?

Aquí hay una cuestión sustantiva y otra atributiva. En algunas cuestiones Derrida se topa con la política pero que esta no es más que un atributo de otra cosa, o para decirlo de otra forma, como adjetivo.

Lo político como algo atributivo o como adjetivo significa que lo político no tiene un sentido sustantivo[2]. Lo político como algo sustantivo significa que lo político aparece como algo central a la reflexión y no como implicancia o adjetivo. El horizonte estaría trazado entre estos dos extremos. Si aquello que planteare algo atributivo para lo político, muy de seguro nos dará la fuente de la marca derridiana que deberíamos distinguir en el pensamiento político. De lo sustantivo no podríamos decir lo contrario.

Cuando me refiero a lo político como sustantivo aparece una combinación que nos exigiría considerar cuestiones que exigen abordar todas estas cuestiones, como Platón, Cicerón, C. Schmitt y S. Freud, Maquiavelo, Hobbes, incluso todos juntos (Derrida 1998).

En resumidas cuentas esta introducción plantea ciertas cuestiones e intentó marcar algún recorrido que nos permita dar cuenta lo que presume el título. Esto es el vínculo entre el pensamiento de Derrida y lo político.

Nos pareció relevante mencionar tres distinciones que aparecen en la obra de Derrida que pueden llegar a tener implicancias -en algún sentido- políticas.

La primer distinción es la de lo político en un sentido muy reducido –como contrario o resistente al pensamiento de Derrida- y un sentido más íntimo y plantea lo político en un sentido muy amplio. Esto es lo político como la distinción schmitteana del amigo y el enemigo, algo que no puede ser reducido a lo meramente institucional.

La segunda es la distinción entre lo público y lo privado en relación a la literatura. Como la aparición de la literatura, en un lugar particular como pudo ser Europa, y como esta permitió el surgimiento de la democracia. La distinción que permite hacer la literatura entre lo público y lo privado permite el surgimiento de la democracia.

La tercera es la distinción entre lo político en tanto acción de la reflexión o el pensamiento político a partir de las ciencias humanas.

Si estas distinciones o cualquier otra cuestión derridiana hubiera influido al menos en el pensamiento político nos preguntamos sobre las marcas que podemos encontrar en el mismo. Esto significa identificar estas marcas en el discurso de la filosofía y la reflexión política.

La primera cuestión la de pensar la política en términos estrictos de la administración opuesto a una cuestión más íntima que está implícita en una lógica que se da en un ámbito mucho más amplio que el de la administración al mismo tiempo que se presenta como su negación categórica. Aquí no podré hacer más que ceñirme a una discusión particular que podemos encontrar en “De la hostilidad absoluta: La causa de la filosofía y el espectro de lo político” en “políticas de la amistad”. (Derrida, 1998). Tomamos esta referencia porque creemos que aquí existe una mención directa a la cuestión de lo político en términos que indefectiblemente lo ubican completamente opuesto a cualquier noción de administración. La referencia a la noción de lo político de C. Schimitt aquí es fundamental.

En políticas de la amistad Derrida comienza por preguntarse por la amistad y esta confraternización que hacen la comunidad política. La distinción entre el amigo y el enemigo está presente desde la primer oración del texto. Pero es Cicerón quien con la aceptación: “-Oh amigos míos, no hay ningún amigo.” (Derrida, 1998. p:17) instala la cuestión del amigo y el enemigo. En un punto de esta reflexión, cuando Derrida se pregunta sobre la “hostilidad absoluta”, esto es el fin último a partir de que se entabla esta diferencia determinante, que pone de un lado y del otro a uno y otro.

En este punto –creo yo- que Derrida señala una cuestión que hace directamente a lo político. Como el mismo principio nietzscheano de que la luz extrema enceguece, esta reflexión sobre la política está tan específicamente apuntado hacia lo político que cuesta creer que no se haya manifestado ya claramente a los ojos del pensamiento político.

La “hostilidad absoluta” no es una cuestión menos sino el principio que hay política. La guerra como posibilidad real. Esto es, detrás de cada situación real en la que se manifiesta lo político está la posibilidad concreta de la guerra. Esto es, lo político se funda en la presuposición elemental de la “guerra de todos contra todos” (Ibid. 133.)

Aquí hay dos cuestiones fundamentales que debemos tener bien presentes para avanzar en esta cuestión del concepto de lo político. Uno es el carácter polémico de lo político. Segundo el carácter empedocliano de la noción de Freud sobre las pulsiones de vida y destrucción asociadas a Eros y Tánatos.

Lo polémico es aquí casi un atributo de lo político. Esto no es de algún contenido específico sino de lo político mismo. Lo polémico es entonces el elemento que brinda el carácter de lo político. En el texto de Derrida esta noción de Schmitt es tan clara que aparece citada en su cuerpo principal.

“El carácter polémico domina sobre todo el uso del propio término “político”, ya sea que se moteje al adversario “apolítico”, ya sea que se lo pretenda a la inversa descalificar y denunciar como “político”, con el fin de mostrarse uno mismo por encima de él en su calidad de “apolítico” [en el sentido puramente objetivo, puramente científico, puramente moral, puramente jurídico, puramente estético, puramente económico, o en virtud de cualquier otra de estas purezas][3]

Son estas palabras de Schmitt las que perfilan lo político a partir del mecanismo de esta distinción amigo / enemigo a partir del principio de lo polémico. Esta impureza es lo propiamente político. Esto irreducible en todos estos ámbitos mencionados, Esta reducción que ya no se pregunta sobre que significa o requiere para distinguir al amigo del enemigo sino más bien quien se identifica con cada uno. La impureza confusa que provoca un sentido polémico que se manifiestan siempre en un campo polémico es en un sentido lo político. Esto intenta plantear que la política contamina todo lo que no necesariamente sea político. El carácter polémico es el portador en estado puro del elemento político.

El intento de Schmitt es el de aislar esa impureza presente en una serie distintas de esferas para aislar lo propiamente político. Esto sorprende a Derrida, que Schmitt se preocupe por encontrar lo específicamente político.

“Esos esfuerzos despliegan la tensión misma de este extraño libro. Y su efeicacia se advierte especialmente en el pasaje consagrado al sentido polémico de lo político. No se tratará del contenido polemológico del concepto de lo político, en cuanto implica el enemigo, la guerra, el polemos, esto es, en cuanto concepto de lo polémico. Tan solo se tratará como hemos anunciado, del uso polémico de este concepto de lo político, de su uso concreto, de la modalidad práctica y efectivo de si puesta en práctica, digamos, de su realizabilidad misma. Esa necesidad no puede dejar intacto un presunto discurso teórico sobre el tema, un metadiscurso, un discurso meta-polémico, un discurso polemo-lógico o políto-lógico.”

Justamente esto es lo que logra reconocer Derrida en el discurso Schmittiano, esta doble dificultad de desarrollar un discurso de lo puramente político, aquello que no se corresponde con ninguna esfera particular, que contamina todas las demás, y que por cierto no puede asirse por meta-discursos por su poderoso componente pragmático.

Llegamos a un punto donde pareciera muy derrideana la pregunta que dinamiza este trabajo.

La distinción amigo / enemiga se funda en la noción real y posible de la guerra que origina la conducta específicamente política. Esta distinción que se da a través de la decisión singular se hace necesaria frente la excepción de la regla, en tanto acontencimiento. La decisión es la guerra –la hostilidad absoluta- que se ve obligada a oponer, discriminar a uno de los términos a través de esta distinción.

Pasemos a la referencia freudiana en este asunto. La cita de “Análisis terminable e interminable” de Freud que da pie a este texto rastrea la tensión entre las pulsiones de vida y destrucción a Empédocles. Aquí sospechamos que Derrida intenta señalar algo que nos propone Schmitt a la luz del psicoanálisis. Si lo político ya se lo desprende de todo lo estrictamente político para ver su misma esencia. Esto es la esencia de lo político no reside en algo específicamente político más allá de lo polémico, entonces lo político no es algo que se desarrolla en algún lugar específico sino en todo ámbito.

Aquí habría un intento de detectar en la actividad pulsional un motor de esta diferenciación. La tensión entre las pulsiones de vida y destrucción es la misma –a lo sumo similar- a la tensión entre amigo y enemigo. En tal caso estas pulsiones responden a una lógica similar en tanto unen y separan.

Esta operación de articular este principio de Empédocles presente en la teoría psicoanalítica para dar cuenta de un problema sobre la especificidad de la política plateada por Schmitt es en buena medida útil y novedoso para el pensamiento politológico.

La novedad aparece si consideramos este aspecto como el telos de la política. La presencia real de esa tensión, y ya no el contenido específico de tal o cual fin o política, es lo que presenta el telos de la política. Esto es: “La vida que se opone a ella msima, y no a la muerte (…).” (Ibid. P: 154.).

La política aquí aparece como un presencia espectral que aparee virtualmente simbolizando aquello a lo que hay que apelar para resistir su mismo retorno, en algún caso exorcizarlo, en tanto que hablamos de la condición de guerra. Esto es la hostilidad absoluta. Esa constante amenaza real y constante de la guerra que apresura la política como algo inevitable. Esta guerra u hostilidad absoluta: “Tiene una estructura teleológica inmanente, es auto y tauto-teleológica (la guerra pretende la muerte del enemigo, etc.) incluso si, o más bien, porque, ese telos político es irreductible a cualquier otro” (Ibidem p:156.).

Hasta aquí desarrollaremos esta cuestión. De todo esto tiene que quedar claro que tal vez el mayor aporte que podamos rastrear aquí se encuentra estrictamente opuesto al de la política como la administración que puede ser confundido con lo estrictamente político. En este caso el aporte más que a las cuestiones de la inmanencia administrativa es al campo de apertura que puede dar lugar en el sendo de la sociedad democrática a la politización de ciertas cuestiones que a pesar de que aparentemente no contengan un contenido político pueden ser politizadas desde su enfoque polémico.

La segunda distinción que hemos planteado, la invención de la literatura en europa y la distinción público y privado y su relación con el surgimiento de la democracia. Aquí necesitamos marcar que esta distinción que presenta Derrida respecto a la literatura no tiene que ver tanto con un aspecto privado sino más bien con el secreto, que no puede ser reducido a esta categoría. El secreto que a pesar de no se puede reducir a lo privado se opone a lo público. El secreto es la atribución de saber algo que se encuentra oculto a lo público y que entonces se hace susceptible a ser contado. Con el secreto aparece el derecho a decir algo. Este secreto a si como no puede ser reducido a lo privado, tampoco lo es a lo público y justamente aparece en la base de esto creando una apertura que representa el umbral de la puerta de entrada a lo público[4].

Lo importante a señalar aquí es la relación que establece Derrida sobre la literatura y la democracia. Una afirmación de similares dimensiones a la afirmación Weberiana sobre la relación de la ética religiosa y el modo de producción, específicamente el protestantismo y la aparición del capitalismo.

Para Derrida es determinante, la democracia y la literatura están estrechamente relacionadas:

La literatura es una institución pública de reciente invención, con una historia breve, comprativamente, gobernada por todo tipo de convenciones vinculadas a la evolución de la ley, lo que permite, en principio, tener algo para decir. Por lo tanto, lo que define a la literatura como tal, dentro de una cierta historia europea, está profundamente conectado con una revolución de la ley y la política: la autorización por principio de que algo puede decirse públicamente. En otras palabras no soy capaz de separar la invención de la literatura, la historia de la literatura, de la historia de la democracia[5].

Este podría ser un aporte novedoso para el pensamiento político. Este podría ser un punto en el que una teoría de la escritura puede tener relevancia para el pensamiento político. En este caso la conexión entre literatura y democracia. Pero la cuestión de encontrar estos dos términos abre una nueva serie de problemáticas sobre las cuales reflexionar a partir de la teoría política.

La tercer distinción entre lo político opuesto a la reflexión sobre lo político. Está claro que la actividad filosófica no tiene como propósito manifestarse como un acto político[6]. A pesar del comprensible divorcio entre pensamiento político y política, reconocemos la posibilidad que el pensamiento político pueda manifestarse materialmente como un proyecto político. Habíamos mencionado el marxismo como ideología basada en la obra de Marx, al mismo tiempo que señalamos como distintos partidos y regímenes políticos fundamentaron su ideología y existencia en el pensamiento de Marx. Aquí no es relevante la discusión sobre si el comunismo stalinista encarnaba el pensamiento de Marx como que Stalin haya podido articular exitosamente la noción de que ese comunismo que se vivía era efectivamente la sociedad comunista. Aún así el pensamiento de Marx fue fundamental para que ello sucediera. En este punto particular nos preguntamos sobre las diferentes influencias que pudo tener la obra derridiana en la política y el en pensamiento político. La respuesta es muy dispar, porque a pesar que creo que la deconstrucción ha tenido una influencia muy pobre sobre la política, pero ha recibido –a pesar de todo lo que reconocemos- con algo más de entusiasmo, repercusión en la comunidad académica de las ciencias humanas. La obra de Derrida tal vez no haya tenido demasiado repercusión política como ha podido tener un efecto preformativo y sus consecuencias prácticas son algunas formas bajo las cuales se han trazado ciertas comunidades académicas, como lo que hoy incita estas palabras y se manifiesta en estas jornadas. Está claro que la marca en la escritura de las ciencias sociales –y esto dicho casi con ímpetu filológico- que ha dejado Derrida es mucho más profundo.

El mayor aporte de la deconstrucción para el pensamiento político es la perspectiva, el punto de vista desde el que debemos empezar a considerar algunos aspectos de los problemas políticos. Aquí tal vez el componente político ocupa un lugar secundario frente al componente filosófico, epistemológico y hasta en cierto sentido científico.

Hasta aquí está claro que en la distinción entre lo político y la reflexión política consideramos que la mayor consecuencia pragmática del pensamiento derridiano es la posibilidad de cierto establecimiento de algún sector no hegemónico dentro de la comunidad académica. Esto podría ser considerado la consecuencia política más marcada del pensamiento derridiano hasta el momento. Esto, considerado como un fenómeno distinto al del impacto del pensamiento derridiano –y sin caer en una noción platónica- en el mundo de las ideas. Estas cuestiones son distintas, pero aún así guardan cierta relación.

Aquí deberíamos mencionar que el pensamiento derridiano -en los confines (del pensamiento)- ha ejercido cierta influencia sobre el arte. Son muchos los autores que reconocen cierta incomodidad utilizando el término “deconstrucción”. ¿Que designa ese término? Sin poder contestar esta pregunta con una respuesta acabada, pero sin otra opción que tener que seguir usando la misma palabra utilizo “deconstrucción” como la ultima que encuentro para hacer referencia a cierto ámbito y principios teóricos que pueden ser rastreados en obras como las De Jaques Derrida y Paul De Man.

Esta distinción es útil si queremos rastrear con que cosas se suele asociar la deconstrucción. Puntualmente estoy pensando cuan a menudo se utiliza la palabra deconstrucción en Arte. Si googlearamos –que ya es un verbo aceptado por la real academia española- las palabras art y deconstruction encontraremos 2,930,000 resultados[7]. Si agregamos el nombre Derrida a esta búsqueda el número queda reducido a 291,000. No es tanto el animo de cuantificar sino como referenciar a algo el simple fenómeno que con cierta frecuencia escuchamos artistas que utilizan la palabra deconstrucción para hacer algún tipo de descripción de lo que hacen con su obra.

Esto para decir que la deconstrucción ha tenido cierta influencia en el arte. Es muy posible que la deconstrucción juegue el papel –según la categoría que introduce Laclau- de un significante vacío. Deconstrucción es un significante que flota en una maraña discursiva que traza el ámbito de lo que se puede decir en una sociedad –como decirse a sí misma como sociedad (que es imposible). La manera en que este término logre entrar en cadena de equivalencia con otro significante distinto favorece a la constitución de un orden hegemónico (Ch. Mouffe & E. Laclau, 1985). Esto resumido muy burdamente, la deconstrucción ya no solo hace referencia al pensamiento de Derrida, sino que además hace referencia a cierto movimiento artístico, académico, etc, que a pesar de no tener nada en común en referencia al contenido explícito o significado común –más allá de que se identifiquen utilizando distintamente- con esa palabra. Esto sería justamente una forma de tener una noción del efecto político del pensamiento o las ideas. Lo político aquí sería la manera en que se articula diferencialmente un mismo significante (Laclau, 2003), como es en este caso la deconstrucción.

La manera en la que damos cuenta el alcance político pragmático del pensamiento derrideano está incluso contaminado por sí mismo. Es decir, que apelemos a Muffe y Laclau –así como a Rorty o Zizek- un fenómeno que puede estar asociado si no al menos en algún punto influenció o inspiró algún tipo de afinidad. Otra cuestión menos curiosa es que todos estos pensadores reflexionan sobre lo político o la política.

Antes de avanzar por el aspecto de la reflexión política como opuesto política como acto, vale mencionar que el pensamiento y obra de Derrida han tenido cierto apego y acogida en ciertos ambitos, pero en definitiva la deconstrucción –ni que alguna vez lo hubiera pretendido- no prosperó como proyecto político. Tampoco podemos decir que ha pasado desarpecibido o que se ha inscripto silenciosamente en los anaqueles de la filología. Reconocemos que no hay un proyecto político en términos que no ha habido algún tipo de articulación de ese carácter en nombre del pensamiento de Derrida. Así mismo reconocemos que la forma en que vemos las cosas, en particular la política, han sido afectadas por las sospechas derrideanas.

Respecto a la reflexión política, como dijimos Derrida no es hoy en día una referencia necesaria para cualquier estudiante ciencia o filosofía política. ¿De que manera llega a la comunidad académica especializada en la reflexión política el pensamiento de Derrida? ¿Cuál es entonces esa consecuencia –ya si no en la política pragmática- en el pensamiento sobre la política o lo político?

De la misma manera que es incómodo utilizar la palabra deconstrucción lo es con posestructuralismo. Existe un grupo de filósofos abocados a la reflexión política que en sus trabajos han sido de alguna manera tocados por Derrida.

Avanzar aquí por este sendero haría conveniente mencionar algún tipo de mención al volumen que compila una discusión entre Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Richard Rorty[8]. Aunque no participare de esta obra podríamos considerar también a Slavoj Zizek. Este grupo a pesar de sus diferencias irreducibles presentan algún tipo de convergencia en un irregular y fragmentado frente que al menos es necesario reconocer como contrahegemónico. Esto ya debería ser en algún sentido un acto pragmático de la política.

La influencia Derridiana en la reflexión de la política sigue ejerciendo mucha influencias pero no sin experimentar muchas resistencias.

Señalamos estas referencias de la teoría política contemporánea que en ningún caso se trata de discípulos sino que más bien duros interlocutores en varias discusiones. Estás discusiones sin embargo nos pueden ayudar a pensar algunos alcances de la deconstrucción en el pensamiento político.

Para el caso de Laclau admite que la deconstrucción ha brindado un aporte al punto de vista desde el que encara la constitución de los social y esto implicaría ampliar un espacio de lo político. En segundo lugar platea un aporte por la radicalización de la sociedad democrática al abrir un espacio de indecibilidad que genera una tensión irreducible que hace posible la política[9].

Laclau plantea que la deconstrucción debiera tener el elemento de la articulación hegemónica. Mediante esta articulación hegemónica se logra un efecto de radicalización política[10]. Otro punto de contacto importante aquí es la teoría lacaniana. La teoría de la hegemonía opera con la misma lógica del objeto a del esquema lacaniano pero en la política. Esto sirve para decir que el elemento lacaniano del pensamiento derrideano, a pesar de lo distante que pueda parecer en términos de pertenecer a la disciplina del psicoanálisis, resulta muy atractiva para ciertos sectores académicos de distintas disciplinas.

Rorty reconoce que la deconstrucción ha tenido un imacto positivos –si se quiere- y otro negativo. Básicamente distingue dos grupo, uno que ha realizado una buena lectura de la obra de Derrida y otro que lo ha hecho mal. En parte la mala lectura de la obra de Derridá se debe a asociarlo con Foucault bajo el nombre de posestructuralistas convirtiéndolo en un crítico del humanismo. Reconocé que hay poco en común entre la obra de estos dos pensadores salvo la sospecha nietsztcheana.

Lo que rescata de positivo de la buena lectura de Derrida es que reconoce cierto optimismo y espíritu humanista. Pero no ve en el pensamiento de Derrida un elemento radical que deba ser utilizado dentro de un ámbito privado. Asume aquí una posición reformista reservando la radicalidad propuesta de la deconstrucción como una forma de ironismo privado[11].

Hablar de cómo influencia la deconstrucción el pensamiento de Zizek presenta una dificultad y una ventaja. La ventaja es que aparece en muchas oportunidades la referencia a Derrida, pero su retórica argumentativa difusa nos dificulta identificar con precisión como esta abona sus posiciones.

Podríamos rescatar de estas tres distinciones fundamentales, la de lo político como lo concerniente a la administración en contraposición con lo político en tanto polémico, la manera en que la literatura sienta las bases para la democracia, y la distinción entre la política y el pensamiento político que ha habido cierta gravitación derrideana sobre estas cuestiones.

Hemos marcado y trazado posiciones respecto a como podríamos politizar cuestiones a partir de la obra derridiana.

Ahora, antes de culminar este trabajo en una conclusión, ¿Qué podemos decir a la luz de lo ya expresado de la deconstrucción y el pensamiento político? ¿Qué podemos decir de lo estrictamente relacionado a una teoría de la escritura? Concretamente, hemos dicho alfo de la deconstrucción, pero ¿Qué pasa con la gramatología?

A pesar de todo lo que ya hemos repasado sigue en pie la dificultad de establecer algún vínculo entre esta teoría de la escritura –o deconstrucción si se quiere- y el pensamiento político.

Hasta ahora tal vez hayamos convencido a alguien que Derrida además de plantear lo político como algo atributivo (como decíamos en un comienzo) también lo hace de forma sustantiva en situaciones específicas. Pero en términos generales ¿Qué otros aportes brinda la deconstrucción al pensamiento político? Más concretamente y en relación con lo que nos preguntábamos desde un comienzo ¿Cuáles son las marcas que la deconstrucción deja en la reflexión política? En parte este interrogante ha sido contestado cuando se hacía alusión a la continuidad que encontrábamos en las obras de Mouffe, Laclau, Rorty y Zizek del trabajo de Derrida.

Sin entrar en una profunda reflexión sobre la deconstrucción –sino más bien intentando señalar algunas cuestiones fundamentales de la misma- podríamos rescatar en la pretensión de que ésta no es un discurso más entre otros discursos sino que es el discurso sobre los discursos. Una teoría de la escritura en el marco de las ciencias humanas es justamente una teoría que se pregunta sobre el fundamento sobre el que apoyan estas mismas. Esto es, no es desde las ciencias humanas que se puede hablar de la deconstrucción sino que es al revés.

Existe un vicio muy común que es confundir la deconstrucción con un método. La deconstrucción no es un método en tanto que es más bien una ontología sobre el saber humano. Incluso la posición de Derrida respecto a la escritura es bastante radical ya que en vez de partir de una teoría del lenguaje para abordar a una teoría de la escritura realiza un movimiento completamente contrario.

Todo sucede, entonces, como si lo que se llama lenguaje no hubiera podido ser en su origen y el su fin sino un momento, un modo esencial, pero determinado, un fenómeno, un aspecto, una especie de escritura”. (Derrida, 2000 p:14.)

Aquí, apenas un par de páginas más adelante aparece –en el punto 2 del primer capítulo “El significante y la verdad”- el término de deconstrucción. Se pregunta entonces sobre el vínculo que se desprende de un logos en la tarea de arrogarse la verdad. Ningún significante es originario. Esto es, “(…) todo significante, y en primer lugar el significante escrito, sería derivado” (Ibidem. p: 18). No hay entonces un significado sobredeterminado sino que cualquier significado requiere de otros significantes –que por supuesto son arbitrarios- y en es en relación a ellos mismos que se logra establecer la significación. La problemática que introduce el logocentrismo y la exterioridad ineludible que exige el proceso de significación no lleva a pensar que la escritura es anterior al signo lingüístico al mismo tiempo que desafía la totalidad del mismo.

Esta discusión sobre el signo lingüístico y el sistema de la escritura en general hace propensa sobre la externalidad de lo no lingüístico. El planteo sobre que es entonces lo que es exterior a la significación cuando en la reversión del adentro y el afuera se pone de manifiesto en la deconstrucción[12].

Esto es un aspecto fundamental de la deconstrucción. La desligación de los significados naturales o sobredeterminación de cualquier término. Es un juego en el que necesitamos significar las cosas y donde no solo los significantes no hacen referencia a otra cosa que otros significantes, que no pueden entablar relaciones fundamentales con las cosas mismas. Esto es, la verdad se establece mediante el discurso, que al mismo tiempo no es más que una determinación contingente de relaciones entre significantes.

Volviendo a lo que al pasar mencionamos sobre la metáfora y la representación el lenguaje juega un juego imposible en el que intenta hacer presente una ausencia. En la medida que consideremos el lenguaje –al menos la metáfora- como una representación es necesario que ausentemos esa imagen espectral que no aceptamos como presencia plena (Derrida, 2001). Esta oposición al platonismo ayuda a imponer cierta distancia entre las palabras y las cosas, a pesar que la diferencia entre una y otras se hace un tanto difuso. Es por esta misma cuestión que la literatura cobra relevancia en toda esta discusión. Si la verdad no es algo que debemos encontrar en las cosas mismas, como si estas tuvieran alguna entidad que hubiera que desentrañar en el lenguaje, ¿Dónde hacerlo? Si verdad es aquello que yace exclusivamente en las palabras –o mejor dicho el discurso- la literatura es un ámbito fértil para desentrañar relaciones de significantes entre más significantes, esto es verdades.

Volviendo momentáneamente a la gramatología y la tradición del pensamiento político encontramos un hecho singular que no ha logrado preñar esta tradición. Me refiero a la lectura de Rousseau, referente insoslayable para el pensamiento político. Desgraciadamente la extensa lectura derrideana de Rousseau no ha encontrado demasiado eco en el pensamiento político contemporáneo. Es cierto que la lectura canónica del pensamiento político de Rousseau se centra en el Contrato Social en vez del los discursos. Pero esta reflexión rousseaneana sobre el discurso de las ciencias humanas en cierta medida resulta orgánica a su propuesta política. Respecto a la violencia que ejerce la cultura sobre el individuo, o en términos rousseauneanos, la manera en que el contrato social disuelve ciertos lazos de solidaridad corrompiendo a los hombres encontramos:

“(…) sobre la violencia que no sobreviene de afuera, para sorprenderlo, a un lenguaje inocente, que padece la agresión de la escritura como el accidente de su mal, de su derrota y de su caducidad; sino violencia originaria de un lenguaje que es ya desde siemore una escritura. En ningún momento, pues, se rebatirá a Rousseau y a Lévi-Struss cuando ligan el poder de la escritura al ejercicio del poder.” (Derrida, 2000. p: 139.)

Este enfoque de Rousseau –a pesar de la centralidad del mismo para el pensamiento político- queda marginado de la teoría política contemporánea.

Para no ahondar en cuestiones que ya no hacen tan directamente a la cuestión y que presentarlas aquí exigirían aumentar esta disquisición sin propósito (como sucedería si quisiéramos al menos mencionar nociones como huella, margen, differance, firma, acontecimiento, etc).

Aunque redundante en “La estructura, el signo y el juego en el discurso de la ciencias humanas” (Derrida, 1989) se profundiza sobre como la deconstrucción sirve para replantear el estatuto de las ciencias sociales lo que en la dirección de las cuestiones que hemos venido señalando hasta ahora recalcaría esta idea que la deconstrucción brinda un nuevo lente que nos permite descomponer lo que vemos permitiendo descubrir espectros lumínicos que nos hacen caer en la cuenta del juego óptico de la reflexión lumínica. Con esta metáfora intentamos señalar como la deconstrucción como principio ontológico nos brinda una suposición que abre una nueva significación que en algún punto debería manifestar alguna consecuencia política.

Aparte de lo dicho en los tres puntos anteriores aquí encontramos un nuevo suplemento para seguir sosteniendo nuestras sugerencias sobre el peso político de la deconstrucción.

Para clausurar en algún punto esta discusión sin fin me remitiré a una reflexión derrideana en torno a la ley:

La ley no es ni presentable ni representable y la “entrada” en ella, según una orden que el hombre de campo interioriza y se da, se difiere hasta la muerte. A menudo se ha pensado la ley como en aquello mismo que pone, se pone y se junta en la composición y la autonomía supone siempre representación, como la tematización, el hacer-se-tema.” (Derrida, 2001 p: 122).”

Algo hemos sugerido sobre el valor de esta noción de representación para la política. El aspecto más importante de esta discusión tal vez sea el carácter catacrético de la significación. Esta puesta en escena de la metáfora brinda un nuevo lugar privilegiado a la retórica. Este rescate de la retórica o la nueva forma en que es introducida en toda esta discusión sobre el lenguaje, la significación y el estatuto de las ciencias humanas ha generado ciertas resistencias que marcan las manifestaciones sintomáticas del estado de la reflexión –en este caso particular- política y de las ciencias sociales.

Hasta aquí hablaremos de la deconstrucción para terminar de brindar un accesorio a nuestro argumento principal basado en las tres distinciones sobre la política y el aporte derrideano a la misma.

A manera de cierre en esta conclusión tenemos que reconocer la noción derrideana de no-cierre. Más aún cuando la cuestión tan compleja que aquí intentamos proponer fue expuesta tan resumidamente. Entonces la primer conclusión es reconocer que intentamos abarcar una basta temática de manera muy escueta.

Independientemente de esto creemos haber demarcado en algún sentido un sendero que nos permita ver el camino que ha tomado la deconstrucción para penetrar en el pensamiento político contemporáneo.

En primer lugar vimos tres distinciones que se pueden encontrar en el pensamiento de Derrida que pueden contribuir con la teoría política. Estas son, primero la distinción entre lo político en tanto la administración en contraposición con lo específicamente político. Aquí Derrida retoma la noción schmitteana del concepto de lo político intentando aislar lo propiamente político.

La conclusión es que política como administración –en tanto norma y casi fundiéndose con el derecho- en cierto punto en vez de convertirse la concentración de lo puramente político puede volverse su negación. En nuestra lectura de “La hostilidad absoluta” de “Políticas de la amistad” vimos como lo político está relacionado con una decisión categórica que es distinguir el amigo del enemigo. Esta distinción no está ligada con algún ámbito particular sino que más bien todo ámbito estaría contaminado de la necesidad de realizar esta distinción entre el amigo y el enemigo. El elemento polémico que pone en acción este reconocimiento. La polémica en tanto genera el acto de la decisión que traza la línea divisoria entre uno y otro. El aporte a esta lectura schmitteana es la visión freudiana desde la perspectiva de la pulsional. Esto sirve para reforzar el argumento de la transcendentalidad de lo político. Lo político ya no sería tanto una actividad humana canalizada en un ámbito específico sino una fuerza pulsional, ajena –en algún aspecto- a la racionalidad anclado en un fundamente inconsciente. Esto desplaza lo noción de política como cálculo racional –posición muy habitual en el pensamiento político contemporáneo- hacia el espectro de lo emocional. Maquiavelo ya reconocía esta característica bifronte de la política que es racional y a la vez emocional. En este sentido el pensamiento político con la influencia de Hobbes migra de lo fortuito a un cálculo que como si anticipara el orden celeste newtoniano para la sociedad moderna. Aquí encontramos un aporte del pensamiento derrideano para la reflexión política.

La segunda cuestión que desarrollamos fue el de la relación entre la literatura y la democracia. Aquí Derrida presenta una interesante puerta de entrada a pensar lo político, específicamente en la democracia desde un enfoque nuevo y totalmente desconocido para las disciplinas politológicas.

La invención de la literatura, un hecho público que da acceso ya no a lo privado sino a algo íntimo, que es lo que se puede decir. Esto, esa cuestión íntima que se puede decir adquiere carácter público volviéndose un fundamento de la democracia. Además de la noticia sobre esta conexión sirve para darnos indicios de donde podremos encontrar un contenido que solvente nuestras actuales democracias: la literatura.

La tercera distinción entre la política y el pensamiento político, aunque reconocemos que la deconstrucción no ha logrado una articulación política en el espacio estricto del Estado, ha logrado cierta articulación contrahegemónica en algunos ámbitos académicos, que volviendo al sacarsmo inicial, aunque no estén buscando tomando el poder lo están haciendo en los departamentos de literatura. Este sarcasmo convertido en cinismo es la afirmación de que esto está efectivamente sucediendo. Esto es: se está llevando a cabo una articulación de ese elemento polémico que nos hace optar entre nuestros amigos y los enemigos en el ámbito académico. Esta sería la consecuencia política pragmática más contundente.

Por el lado del pensamiento político, creemos que en este ámbito, el de la reflexión, es donde la deconstrucción ha encontrado un campo fértil.

En lo que respecto a este ámbito de la reflexión que nos propone la deconstrucción señalamos algunos aspectos sobre la teoría de la escritura que sostiene esta teoría. La teoría de la escritura –o gramatología- no sería una ciencia más sino una ciencia sobre las ciencias. Muy brevemente señalamos cuestiones de esta inabarcable discusión sobre el estatuto ontológico de las ciencias humanas.

Además de que esta teoría de la escritura nos brinda un nuevo punto de vista para reflexionar en términos amplios nos permite dar cuenta –desde su centralidad- cuestiones sobre la ley y lo político. Aunque la gramatología ocuparía este espacio de lo político como atributivo (como mencionamos más arriba), como sugerimos, si se rescataran algunas lecturas de Rousseau realizadas por Derrida sin duda podríamos descubrir algo novedoso para el pensamiento politológico.

Como reflexión final reconocemos que la deconstrucción es una teoría que surgió de las disciplinas más relacionadas con la literatura dentro del pensamiento humano. El pensamiento politológico ha desarrollado una tradición que puede tener poco contacto referencial con el tramado que constituye la lingüística y la literatura.

Aún así la deconstrucción tiene mucho que ofrecer para el pensamiento político. Si esto resulta controversial para alguien, en definitiva, afirmaría ese carácter polémico y por tanto político. Esta es la política de la deconstrucción.

Derrida J. (1989) La estructura, el signo y el juego en el discurso de la ciencias humanas en “La escritura y la diferencia” Barcelona. Anthropos.

Derrida J. (1998) De la hostilidad absolutaen Políticas de la amistadValladolid. Trotta.

Derrida J. (1998B) Márgenes de la filosofíaBarcelona. Cátedra.

Derrida J. (2000) [1971]De la gramatologíaBs. As. SXXI

Derrida J. (2001) La deconstrucción en las fronteras de la filosofíaBarcelona. Paidós.

Derrida J. (2005) Notas sobre deconstrucción y pragmatismoen Mouffe (comp.) “Deconstrucción y Pragmatismo” Bs. As. Paidós

Freud S. (2000)“El malestar en la cultura y otros ensayos” Madrid, Alianza.

Laclau E. (2005) “La razón populista”, Buenos Aires, FCE

Laclau E. (2005) Deconstrucción, pragmatismo y hegemoniaen Mouffe (comp.) “Deconstrucción y Pragmatismo” Bs. As. Paidós

Laclau E. & Mouffe Ch. (2004) “Hegemonía y Estrategia Socialista”, Buenos Aires, S XXI

Laclau E. (2002) “Misticismo, Retórica y Política”, Buenos Aires, FCE

Laclau E. (2000) “Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo”, Buenos Aires, S XXI

Rorty R. (2005) Deconstrucción y pragmatismoen Mouffe (comp.) “Deconstrucción y Pragmatismo” Bs. As. Paidós


[1] Ricardo Esteves (UBA ) ric.esteves@gmail.com. Presentado en la I Jornadas Internacionales Derrida: Por amor a Derrida.

[2] Por solo citar un ejemplo: Cuando Derrida plantea en la retirada de la metáfora, la representación se ve obligado a lidiar con la política, pero como un atributo. Aquí toma un esquema que sigue a platón en que considera la estética, la política, metafísica, historia, religión, epistemología. Entonces el planteo sobre lo político, al menos sobre la representación, debe ser mencionado. “En el orden político, se puede hablar de representación parlamentario, diplomática, sindical.” J. Derrida “La deconstrucción en las fronteras de la filosofía” p . 82. En este sentido la política es un atributo de otra cosa. La política no juega un papel sustantivo.

[3] Ibid. p:139.

[4] “El secreto no es el secreto de representación que se guarde en la cabeza y que se elige contar, se trata más bien de un secreto coexistivo con la experiencia de la singularidad. Lo secreto es lo irreductible al terreno público –a pesar de que no lo llamo privado- e irreductible a la publicidad y la politización, pero al mismo tiempo, este secreto está en la base de lo que puede permanecer y permanece abierto del terreno de lo público y del dominio de la política. Es en la base de lo secreto que puedo retomar la cuestión de la democracia, porque hay una concepción de la política y de la democracia como apertura –donde todos son iguales y donde el espacio público está abierto a todos ...” J. Derrida “Notas sobre Deconstrucción y Pragmatismo” p. 157.

[5] Ibid. P. 156.

[6] “Digo esto para subrayar el hecho de que no estaría de acuerdo cuando Rorty hable de la filosofía como despolitizante.” Ibid p. 169.

[7] Para que tengamos una referencia de cuanto es esto si hiciéramos lo mismo con art y marxism nos daría 4,100,000. Las mismas fórmulas en castellano nos daría 136,000 y 731,000 con marxismo.

[8] Ch. Mouffe (comp.) “Deconstrucción y Pragmatismo” Buenos Aires, Paidos 2005.

[9] E. Laclau “Deconstrucción, pragmatismo y hegemonía” p. 124.

[10] Vale la pena rescatar la forma concreta en como es planteada está forma de la deconstrucción. “La lógica de la deconstrucción es primordialmente política en el sentido de que, al mostrar la indecibilidad estructural de áreas cada vez mayores de lo social, también expande el área de operación de los diversos momentos de institución política.” (…) “Ya hemos visto que la completad ausente de la estructura (de la comunidad en este caso) debe ser representada/tergibersada por uno de sus contenidos particulares (una fuerza política, una clase o un grupo). Esta relación por la que un elemento particular asume la tarea imposible de representación universal, es lo que llamo relación hegemónica”. Ibid. P.122.

[11] Ibid. “Pero no considero a textos como “La política de la amistad” como contribuciones al pensamiento político. Lo político, tal como yo lo veo, es una cuestión pragmática de reformas a corto plazo y compromisos (…). El pensamiento político se centra en el intento de formular algunas hipótesis sobre cómo, y bajo que condiciones, pueden llevarse a cabo esas reformas. Quiero guardar el radicalismo y el pathos para momentos privados, y seguir reformista y pragmático cuando se trata de contactarse con otra gente.” p.43.

[12]El sistema de la escritura en general no es exterior al sistema de la lengua en general, salvo si se acepta que la división entre lo exterior y lo interior pasa por el interior de lo interior o en el exterior de lo exterior, hasta el punto de que la inmanencia de la lengua esté esencialmente expuesta a la intervención de fuerzas en apariencia extrañas al sistema” (Ibidem. p: 56.)

Chupetín de Cannabis

Como pueden ver en Rusia hay golosinas a base de Cannabis. Para los amantes de la Marihuana una golosina para el bajón.


jueves, 26 de junio de 2008

Sociales está que arde: Crisis en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Saliendo de la estación "Facultad de Medicina" de la línea D de subtes , por avenida Córdoba, sobre lo que funciona como playa de estacionamiento al lado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, se hiergue un cartel que anuncia las obras para un nuevo edificio para esa facultad. Una ilustración nos muestra como ese nuevo y moderno edificio complementará el ya emblemático edificio de económicas. Caminando un par de cuadras más por Uriburu hasta Marcelo T de Alvear está el edificio de Sociales -uno de los tres- donde me dirigía para asistir a la reunión de junta de la Facultad de Ciencias Sociales. A esa reunión se habían convocado agrupaciones estudiantiles con distintos reclamos como el nuevo edificio para la facultad de ciencias sociales y a pedir que no desaparezca la cátedra Lago Martinez de técnicas de investigación.
Finalmente la junto no se reunió debido a los incidentes entre los militantes de la agrupación "La Vallese" que expusaron al golpes a los estudiantes autocombocados que asistieron a la reunión de junta.

Tras haberse suspendido la reunión de junta se realizó una asamblea de estudiantes en el pasillo de la sala de reunión del decanato de la facultad. Por las intervenciones en esta asamblea es de esperarse que se den dos factores. La acentuación de la precariedad de la facultad y el aumento de la participación estudiantil.
Llegando al final del cuatrimestre aparecen las preguntas sobre las condiciones en las que comenzarán las clases el cutrimestre que viene.

La carrera de ciencia política es también parte de esta crisis de la facultad de ciencias sociales en la medida que -como la misma dirección de la carrera ha admitido- no hay aulas en las principales franjas horarias para ciencia política. Esto está claramente relacionado con la falta y precariedad de los edificios. Se le ha cuestionado duramente a la dirección de la carrera haber dado de baja arbitrariamente materias como Economía Internacional -históricamente cátedra Matellanes- y ahora la cátedra de técnicas de investigación Lago Martinez.
En respuesta a esto la profesora Lago Martinez da su teórico como cláse pública en la entrada del edificio de la sede parque Centenario en la calle Franklin. Como podemos ver la convocatoria fue importante lo que muestra un sólido apoyo estudiantil a la cátedra.
La materia técnicas de investigación siempre tuvo mala reputación en la carrera de ciencia política. La profesora Lago Martinez logró revertir esa percepción y convirtió la desaparición de la cátedra una causa estudiantil.
Este es el marco en el que termina el primer cuatrimestre del 2008. La facultad está "on fire".

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martes, 24 de junio de 2008

El lado cómico de Stalin

El sangriento dictador Joseph Stalin al parecer también tenía un lado sensible al menos para hacerle burlas a la cámara. Como diría el filósofo esloveno Slavoj Zizek, era la persona Real lo que podía velar lo que se encerraba en el nombre -simbólico- de este dictador. Stalin significa " (hecho) de Hierro". En este sentido, el Hecho de Hierro (Stalin) es el punto de vista desde este hombre de carne y hueso se ve a si mismo.
En fin una instantánea de política y psicoanálisis.

24 ó cómo el discurso de la seguridad nacional llegó a la televisión

por: Ricardo Esteves [1].


“Sin Jack Bauer y sus compañeros de la Unidad Anti Terrorista, los conspiradores y enemigos de Estados Unidos, movidos por el fanatismo religioso o por la simple codicia, ganarían todas las batallas y pondrían de rodillas al sistema”.


Mario Vargas Llosa



El discurso de la seguridad nacional, la nueva doctrina de la democracia de los Estados Unidos ha tenido un efecto concreto sobre la sociedad y la cultura. Un caso peculiar de cómo el discurso de la seguridad nacional ha penetrado en la cotidianeidad de la sociedad norteamericana –como en otros lugares- es el programa de televisión 24. La serie 24 aquí no es solo el programa de televisión, la repercusión que ha tenido en la teleaudiencia, sino también el tramado significante que hace posible que un discurso como éste, no solo tenga sentido, sino que además sea aceptado.


El interés desde el punto de vista semiótico por esta cuestión surge de la preocupación que exista en las democracias condiciones para la emergencia de discursos que legitimen la tortura y el asesinato en nombre de la seguridad nacional.


El problema de los valores democráticos, desde el punto de vista de los medios y como estos pueden articular discursos que planteen la necesidad de comenzar a restringir ciertos derechos civiles y los mecanismos concretos –que son utilizados en este programa- para construir una nueva series de significados. Significantes como “democracia” y “tortura” además de adquirir nuevos significados permiten nuevas conexiones, desplazamientos, en definitiva, posibilitan constituir lógicas de equivalencias en las que “torturar” puede sustituirse con ser “patriota” ó incluso “héroe”.


El elemento del medio masivo de comunicación, como estos influyen en la opinión pública y el rol que ésta juega en los procesos políticos de las democracias liberales del hemisferio norte (entre otras) permite considerar este programa de televisión como algo más que una mera manifestación de la baja cultura y una banal forma de entretenimiento. Estas cuestiones se pueden saldar haciendo referencia a Benjamín y Barthes a través de los estudios de la “sociología de la cultura” y los análisis semióticos del cine que intentan desentrañar la duplicidad de la realidad que presentan: -“Pues, si es deseable que un espectáculo esté hecho para que el mundo se vuelva más claro, existe una duplicidad culpable en confundir el signo y el significado[2].


Casi con cinismo nos podríamos mostrar asombrados -¿Cómo es posible? -La tortura ha llegado a la televisión! Como si la tortura real solo fuera habilitada por la fantasía ficcional. Como si ahora que la tortura está en la televisión no quedaran dudas que sucede en la realidad. En este sentido es interesante no solo a través de que recursos se intenta hacer pasar por reales las circunstancias y las acciones de este programa, sino el éxito y popularidad que ha adquirido en los últimos siete años.


En algún sentido el centro problemático orbita en torno a como una sociedad democrática puede alojar la fantasía de la tortura. Esta forma de aceptación –encubierta- del discurso de la tortura es lo que Zizek describe como “un cambio profundo en nuestras normas éticas y políticas [3].


Las preguntas que pueden surgir aquí son ¿De que manera se manifiesta en la cultura popular los discursos políticos? ¿Qué relación guardan este tipo de expresiones –como los programas de TV- con los discursos políticos? ¿Cómo se articula el discurso político en un programa de televisión con estas características? ¿Cómo definimos el discurso político? Estas preguntas están orientadas a trazar direcciones generales para el análisis a nivel concreto sobre las “emisiones/alocuciones” del programa de televisión 24. Esto enmarcado en un ámbito de recepción. Es decir que no solo buscamos realizar un análisis descriptivo de formas de funcionamiento de ciertos dispositivos del discurso, sino también el efecto de la recepción, en tanto el establecimiento de redes de sentido que puedan sostener prácticas cotidianas como ver regularmente ese programa. Ver el programa es solo un aspecto, casi imponderable, de la dimensión de la recepción de este discurso. Los artículos de opinión de Vagas Llosa como el de Zizek (salvando las distnacias) nos muestran que 24 es más que un mero programa de televisión y que eso que hemos estado llamando “recepción” no es un acto pasivo y desvinculado de toda naturaleza ideológica.


De alguna manera podríamos señalar que lo que trasciende, más que el discurso del programa televisivo, es otro discurso que también opera en 24. El discurso de la seguridad nacional es el que sostiene y se articula, en el programa televisivo, en la opinión pública, en definitiva, en cierto discurso del sentido común[4]. Dicho de alguna manera, los comentarios o críticas que se pueden hacer sobre 24 articulan en última instancia el discurso de la seguridad nacional. Y esto no es –en su totalidad- efecto de un uso indirecto del lenguaje, de implicaturas, connotaciones o denotaciones. Es el mismo discurso que circula, independientemente de la forma y de cierto contenido específico. Un discurso que se sujeta de formas singulares en distintos dispositivos.Jack Bauer 24 Torture

Además de la característica de una sustancia amorfa subyacente es necesario considerar que éste –como ningún- discurso se puede presentar como cerrado o completo. Las mismas fronteras de los discursos viven en disputa sobre sus límites. Las transacciones, actos de enunciación, tal vez influyen menos que el accidente y la contingencia en el trazado siempre provisorio de un discurso que necesita arrojarse la pretensión de totalidad. Este discurso necesita mostrarse completo -Jack Bauer no puede vacilar ni fracturarse- como capaz de poder dar significado al mundo. Este tipo de articulaciones son de plenamente políticas.


El problema del cambio en las normas éticas y políticas, sin duda supera el alcance del análisis, más focalizado la esfera de una reflexión semiótica. Aún así nos permite apreciar, desde lo simbólico, este cambio en la significación (resignificación) de nuestras realidades políticas. Esto de alguna manera hace regencia a las nuevas formas que encontramos para dar significado a la tortura, la democracia, el mundo.


Estas concepciones –casi con las metáforas de las teorías clásicas de los medios de comunicación- se filtran de maneras casi imperceptibles, naturalizando cadenas significantes, redes discursivas que forman el “sentido común”, lo que en definitiva opera para dar sentido e introducirse en el mundo.


Podríamos decir que, que exista tortura en la televisión puede ser más grave que exista tortura en la vida real. En el hipotético caso de que no haya tortura en la vida real -digamos que en Guantánamo e Irak no ha habido abusos y violaciones a los derechos humanos, que no se ha torturado a prisioneros-; la realidad duplicada que nos devuelve la televisión a través de 24 nos presenta un mundo en inminente peligro donde para mantener la seguridad nacional es necesario hacer cosas moralmente reprochables. No importa si la tortura es real o no. Que en una democracia sea aceptada la tortura -aunque sea a través de la ficción de la televisión- plantea nuevas formas de significar las democracias.


Estas nuevas maneras de establecer conexiones entre cadenas significantes o realizar desplazamientos equivalenciales, hacen del criminal un héroe nacional.


En 24 el héroe es un hombre de familia que está dispuesto a sacrificar todo para rescatar todo. El sacrificio que realiza Jack Bauer para salvar a su familia, conservar los valores según los que vive, lo lleva a destruir eso mismo que intenta proteger.


Durante las primeras temporadas podríamos pensar que Jack Bauer –como sugiere Zizek- procede como los genocidas nazis, desapegándose del acto mismo que realiza, poniendo en suspenso su “humanidad” recuperándola cuando vuelven a sus vidas “normales” con sus familias.


El mismo Jack Bauer que no vacila en disparar a quemarropa a las rodillas de un prisionero que no desea confesar, o matar a su mejor amigo porque solo así conseguirá que su propio enemigo lo ayude, es un padre devoto.


Mientras que las primeras temporadas de 24 nos mostraban un Jack Bauer que necesariamente debía pendular o sostenerse como sujeto en estas dos facetas, de padre, buen ciudadano, héroe nacional, y de espía traicionero, torturador y asesino; en el adelanto de la séptima temporada vemos al protagonista alegando su inocencia. Las palabras de Bauer son contundentes: -“Espero que no me hagan sentir culpable por las cosas que hice. Porque simplemente no lo estoy”. Esta séptima temporada nos muestran a un Bauer más unificado que ya no encuentra disociación entre el comportamiento patriota y el criminal.

Torture Tortura en Irak

La gran cuestión de fondo que plantea 24 es el dilema de si estamos dispuestos a cualquier cosa a cambio de la seguridad. Seguridad aquí no es más que un significante vacío que se puede intercambiar por significantes como tortura, etc.


El dilema de si estamos dispuestos a realizar el sacrificio, esta entrega que Jack Bauer hace en nombre de la democracia.


Esta pregunta en términos sintéticos es ¿Estaría dispuesto a torturar a alguien que tiene información sobre un atentado inminente que matará a muchos inocentes? Aquí ya no es importante la respuesta que pueda dar Jack Bauer a este interrognte. La respuesta es clara. Jack no vacilaría en vehiculizar su sadismo. Vale entonces preguntar si Bauer estaría dispuesto a torturar por otras razones, más graves o triviales. Este interrogante se resuelve categóricamente en el caso de Jack[5]. Este programa permite hacer trascender esa pregunta y buscar otro destinatario: ¿Estaría Usted dispuesto a hacer este tipo cosas para salvar gente inocente? ¿Estaría dispuesto a perder todo para salvar a esa gente?


Este sacrificio en el que se entrega todo –en términos de valores- nos permitiría rescatar ese mundo que se ha perdido.


El análisis que aquí proponemos –que tiene como norte este tipo de preguntas- busca presentar tanto las formas y los contenidos políticos que pone en juego este banal programa televisivo.


Desde la perspectiva del análisis del discurso podemos señalar algunos mecanismos que operan constituyendo un discurso político y las estrategias que utiliza el mismo para disputar significantes claves. El objeto de nuestro análisis se encuentra “sujetado” en dos dimensiones, una de la serie 24, otra del discurso de la seguridad nacional.


En este trabajo señalamos aspectos meramente descriptivos como (muy brevemente) los medios de comunicación, en particular la cadena Fox –que televisa 24- ha manifestado cierta afinidad o simpatía con los sectores conservadores. Aspectos específicos de la enunciación de la imagen. Los recursos con los cuales se crea un tiempo “real” que permite establecer el efecto de extrema urgencia y los dilemas que plantean a partir de esto. La composición de planos que muestran una realidad multidimencional, una realidad como la realidad, donde una serie de acontecimientos se superponen sincrónicamente. Una realidad ficcional que habilita una cohabitación con el televidente.


Sería necesario como conclusión decir algunas palabras sobre el discurso político, que es en definitiva lo que está operando en el trasfondo de toda esta cuestión.



La cadena Fox y su relación (accidental-contingente) con la casa blanca.



Sin reducir los fenómenos semióticos a aspecto sociológicos, o intentar rastrear las relaciones en un sistema de redes, es necesario hacer alguna referencia a los vínculos y afinidades entre la cadena Fox y el gobierno de los Estados Unidos. Esto significa que los significados –o el contenido semiótico de este análisis- no puede ser extraído de este dato contextual. La posición que adoptamos respecto de esto y en contra de cualquier noción voluntarista y teleológica de la política, reconocemos que hechos fortuitos que aquí describimos son accidentales y contingentes. No habría un genio oculto que controla como marioneta al discurso, sino que éste adquiere una autonomía que solo responde a los movimientos subjetivos de una alteridad que deviene singularmente.


Incluso pensando estas conexiones como accidentales y contingentes no dejan de configurar un situación descriptiva relevante.


La cadena Fox ha sido el centro de controversias por mantener una posición conservadora que se ve reflejada en las editoriales de las noticias. El comité nacional del partido demócrata ha calificado a esta cadena de “maquinaria de propaganda de derecha”.


Más alla de estas acusaciones el vínculo de la cadena de televisión Fox con el gobierno es manifiesto. John Ellis un consultor político freelance contratado por Fox News para cubrir las elecciones presidenciales del 2000. Ellis también es primo hermano de George W. Bush y del gobernador de Florida John Ellis "Jeb" Bush. Recordemos que la cadena Fox fue la primera en proclamar el triunfo electoral de Bush antes de que se hubieran hecho público el resultado oficial.


La cadena Fox estrena en 2001 la serie de drama/acción 24. A pesar de no haber ningún vínculo evidente entre este programa y el gobierno, la casa blanca había manifestado que el tipo de tortura que aparecía en este programa de televisión es necesaria para defender el país de “quien sabe quien”.


En junio del 2007 el lazo entre el gobierno y el programa 24 se hizo explícito cuando Michael Chertoff , jefe de Seguridad Nacional (Homeland Security) apareció con los productores y tres miembros del reparto en un evento organizado por la Heritage Foundation para discutir “la imagen pública de la lucha contra el terrorismo”.



El dilema del riesgo inminente: Ó la insoportable pesadez de ser-ahí de inmediato.



La serie 24 plantea un dilema ético-político. ¿Qué haría si supiera que está a punto de suceder una tragedia y que Usted puede hacer algo –aunque sea moralmente reprochable-para evitarlo? A esto debemos agregar el hecho de que no hay tiempo para pensarlo. La decisión debe ser tomada de inmediato. No hay lugar para vacilar. La acción debe realizarse necesariamente en ese instante. El “tic” del reloj perfora el tímpano recordándonos que el tiempo sigue pasando.


El tratamiento del tiempo hace esta serie singular. 24 transcurre a lo largo de un día, esto es 24 capítulos de una hora (cuarenta y cinco minutos). Cada capítulo recrea los acontecimientos sucedidos en una fracción determinada de tiempo que es señalada al comienzo de cada capítulo.


La ilusión del tiempo real se crea a partir del recurso de un cronómetro que marca el tiempo transcurrido. Este reloj a dígitos sin marcas, que podría ser cualquier cosa. Podría ser un cronómetro, como podría ser el detonador de una bomba. Este reloj misterioso se impone en un plano que hace inevitable pensar en otra cosa que el tiempo que resta recordándonos que la amenaza sigue acercándose. La escala de tiempo de 24 se amolda a nuestro tiempo. Incluso después de los comerciales el reloj registra el tiempo transcurrido durante la pausa. Como si la historia estuviera sucediendo de forma sincrónica en este momento, haciendo la amenaza real.


Este tratamiento del tiempo crea efectos de suspenso y hasta angustia, frente al riesgo inminente de que algo terrible sucederá.


El tiempo es también lo que lleva a Jack Bauer a actuar. Bauer no tiene tiempo para siquiera para vacilar. El cronómetro sigue marcando el tiempo que pasa y Jack tiene que salvar, a su hija, al presidente de los Estados Unidos, al mundo.


Otro elemento que apoya el efecto de sincronicidad es un recurso muy explotado en el cine de Brian De Palma. La composición de planos secuencias es utilizada en 24 para mostrar sucesos que se dan en distintos lugares al mismo tiempo. La realidad de 24 busca ser tan densa como la realidad en la que estamos sumergidos en nuestra vida cotidiana, con acontecimientos que se superponen en un mismo instante. Al mismo tiempo que Jack Bauer enfrenta un obstáculo podemos ver como los terroristas siguen trabajando para infligir el mal a la sociedad. En la pantalla del televisor se puede ver simultáneamente distintos lugares o situaciones que se están desarrollando en este mismo momento.


La realidad aquí se presenta multidimensional. Podemos ver sucesos que se dan en distintos lugares pero al mismo tiempo. 24 presenta los acontecimientos como reales. Logra conjugar en el tiempo la multiplicidad de contingencias que se anudan en el núcleo de este drama. Lo real aparece como el acontecimiento y las seriesJack Bauer 24 Torture de eventos contingentes y accidentales que se dan en un momento preciso. La realidad de 24 es tan real que podemos saber donde están ó que están haciendo todos los personajes involucrados en esta historia en un momento cualquiera, en un instante específico como las 3:15 de la tarde. 24 no solo abarca la experiencia, el relato de Jack Bauer sino la de los demás personajes. Incluso por momentos, la de los demás personajes y al mismo tiempo. Tal vez la imagen que ilustre esto con claridad es la de la conversación telefónica en la que se puede ver a los dos personajes en dos planos separados dentro de la misma pantalla. A diferencia de la enunciación cinematográfica convencional donde un plano completo que ocupa toda la pantalla nos muestra oportunamente a un personaje a la vez, en las conversaciones telefónicas de 24 se puede ver a los dos personajes que se encuentran en extremos distantes, al mismo tiempo en la misma pantalla.


El ejemplo de la conversación telefónica sirve para señal cuan real es la pretensión de realidad que hay detrás de esta composición de planos. En una conversación telefónica–en el lenguaje cinematográfico convencional- los personajes aparecen por turnos, pudiendo saber que se dice o se escucha a uno u otro lado del teléfono, pero no de los dos al mismo tiempo. En estos casos la subjetividad tiene que realizar el salto, de imaginar que efectivamente hay alguien al otro lado del teléfono.


En el caso de 24, Jack Bauer no nos engaña cuando está hablando por teléfono, está hablando con alguien, es decir, es imposible que nos esté engañando y simplemente esté simulando –como hacen los actores en las películas- que está hablando. Podemos ver como alguien le contesta. Podemos llegar hasta pensar que la escena de la conversación telefónica no está actuada -que no es un efecto de pausas calculadas que superpuestas hacen una conversación- sino que están conversando de verdad.


Esta realidad que desborda la propia realidad y que además se da en un tiempo que es real, terminan presentando esta amenaza como real.


Estos mecanismos de enunciación del discurso televisivo –el tiempo real, la composición de planos- son recursos de la forma de este discurso. Esto es lo que enmarca el relato, lo que le da forma particular, lo que permite que la historia de 24 sea un drama ficcional que como en el aforismo de Wilde, logra que sea más real que la realidad misma.


La historia que se desenvuelve bajo este marco de realidad es la de un agente del gobierno. Jack Bauer no deja de ser en última instancia un funcionario público, lo que en la tradición anglo-sajona es considerado un servidor público. En el sentido weberiano más estricto, un burócrata. El sujeto que encarna la legitimidad-legalidad del sistema. Quien en última instancia ejerce la dominación del Estado.


La unidad de contra terrorismo a la que Jack Bauer pertnece, localiza al héroe en una coordenada que nos remite a una historia, a un Estado y a un sujeto específico. Estos puntos que fijan la historia de Jack Bauer como su trabajo y su familia nos dice lo que en 24 horas no se puede contar. En este sentido la historia de Jack Bauer aparece como en un natural devenir en su esencia misma, en su ser-ahí inminente que se le impone brutalmente. Esa historia que se actualiza en el devenir de los acontecimientos intenta replegarse sobre la historia de la realidad, de la misma manera que lo hace con el tiempo del reloj.


24 intenta colarse en el tiempo de nuestra realidad más allá de su sincronía del tiempo del reloj. Este programa intenta duplicar la realidad misma al recubrir los eventos reales con su representación ficcional. 24 duplica la realidad a través del tiempo, del reloj, de la realidad política, la tortura.


24 se comienza a emitir en el 2001 irrumpiendo casi en tiempo real en un momento de inflexión en nuestra historia contemporánea. Esa inflexión está dado por el asenso de Bush al poder, el 11/7 y el comienzo de un nuevo rumbo en la política exterior norteamericana. Esto es lo mismo que decir que 24 es solo parte de un movimiento en el que se impuso un nuevo discurso.


Este nuevo discurso nos coloca en un mundo lleno de amenazas, donde la inocencia de la democracia se ha perdido y el costo de mantener la seguridad es que debemos actuar como criminales para defender los valores de nuestra sociedad.



El Otro que mira 24 y lo Real.



La referencia a De Palma –quien podríamos considerar al padre de esta técnica de composición multicuadro sincrónico en el cine “mainstream”- sirve aquí para decir algo sobre el punto de vista que de alguna manera se pone en juego en este programa de televisión. En películas de De Palma como Blow out, Doble de cuerpo y Snake Eyes está estructuralmente presente la cuestión de lo real, lo que se ve y desde donde se ve. En Doble de cuerpo el punto de vista está en Jack Bauer 24constante corrimiento. De lo que ve el protagonista, de lo que ve quien lo está engañando y lo que ve quien funciona como objeto del engaño, el personaje interpretado por Malanie Griffin. Esta película trata de la misma manera el ser visto con el engaño. En cierta manera, ser visto, exponerse en esta representación es en sí un engaño. Anclado fuera del alcance de las miradas se encuentra lo real.


Snake Eyes plantea un problema similar. Existen miles de puntos de vista, pero por sobre todos estos hay un gran punto de vista que encierra a los demás, el punto de vista de quien crea el engaño, es decir el punto de vista de quien está esperando que lo que se ve pase por lo que se quiere que se vea.


Sintéticamente lo que plantean estas películas y que es útil para el análisis que aquí traemos es que por más que intentemos acceder a lo real, el único que nos puede dar una imagen completa de lo que vemos es un ojo espectral que nos constituye como espectadores de lo que estamos viendo.


En el caso de 24, ese punto de visto puede estar constituido en el reloj. El Otro es el que lleva la hora, quien conoce el minuto 0, quien le da complitud a la serie de acontecimientos que conforman este drama. En otras palabras, el Otro que está conciente del riesgo inminente. Quien sabe que en 24 horas, el presidente, miles de personas inocentes van a morir.


Este lugar del Otro que introduce un punto de vista que en vez de ver los acontecimientos suceder -ve como por arriba de nuestro hombro- lo que nosotros vemos que sucede. Este lugar es el punto de anclaje de la realidad que se está representando y el manto fantasmático que funciona como telón de fondo de la obra.


Esquemáticamente podemos presentar lo mismo en tres odenes distintos, el real, el imaginario y el simbólico.


El (lo) real se presenta como agujero, inalcanzable por la simbolización, escapa a nuestra subjetividad. El único acceso a lo real es a través del plano de lo imaginario. El eje simbólico brinda el soporte de lo fantasmático, o dicho de otra manera, sostiene la creencia que permite establecer una realidad. Un ejemplo gráfico de esto fue el primer programa de bailando por un sueño donde Tinelli presentó al bailarín ciego Serafín Zubirí. En un momento el no vidente pidió un aplauso para su coreógrafa y esta le respondió con un gesto de lanzarle un beso. Es evidente que Zubirí, el destinatario de este beso no se podía dar cuenta que le estaban tirando un beso. El beso estaba destinado a ser visto por el gran Otro que cerraba ese circuito de la enunciación.


En este caso nos resulta especialmente interesante este último aspecto –y no el real ni el imaginario- que nos presenta la fantasía, el mito –en términos de Barthes- detrás de este programa de televisión.


Un aspecto singular de 24 es que es presentado como una historia de ficción que en realidad es “real” o que se parece –al menos en término de lo que hemos explorado en el punto anterior: tiempo, profundidad del acontecimiento, etc.- a nuestra realidad.


Dicho sin rodeos, lo que es curioso es la fantasía detrás de 24. Cualquiera –desde el sentido común- podría decir que a pesar de lo ingenioso, este programa termina siendo evidente. Como el mismo Vargas Llosa resulta casi natural confundir a los villanos de 24 con los villanos de la vida real.


El elemento preocupante no es tanto lo real sino la fantasía que alberga la posibilidad de una realidad con las características de 24.


Este marco fantasmático lo podemos ver –por ejemplo- en el cine norteamericano de ciencia ficción de los años cincuenta, donde las reiteradas alegorías de las invasiones extraterrestres hacen referencia al temor al comunismo.


En el caso de 24 la fantasía es la de una incesante conspiración de atentar contra la seguridad. Del sacrificio en nombre del deber patriótico.


En este sentido, más importante que la mirada que tiene Jack Bauer de sí mismo y de los acontecimientos que lo rodean, es la mirada que tiene la sociedad norteamericana de sí misma.



El discurso de la seguridad nacional y el discurso político.



El discurso de la seguridad nacional es un discurso político. Pero ¿Es 24 un discurso político? En tal caso ¿Qué lo hace político? ¿Cómo es posible que un drama televisivo tenga un efecto político?


En alguna medida estas preguntas desbordan el planteo puntual que aquí proponemos. Sin embargo el discurso político es un aspecto central del problema que aquí presentamos.


Estas tres preguntas –aunque no suficientes- permitirán demarcar mínimamente el problema que subyace en este asunto respecto del discurso político.


Uno puede pensar que el discurso político se constituye en una serie de condiciones de enunciación ó comoTortura Irak en los actos de habla de Austin que para que el acto sea feliz es necesario que proceda de acuerdo a una serie de reglas. Que un líder político, en una situación determinada, de acuerdo a ciertas reglas y utilizando términos específicos articule un discurso político no hace que estas sean las condiciones específicas del discurso político. Que un discurso político emerja en estas condiciones es una contingencia.


En este sentido consideramos que el discurso político no tiene una forma o sustancia específica. Walter Benjamín planteaba que el cine en sí mismo constituía un discurso político que además era revolucionario[6]. Adorno entendió que el cine era solo una forma que podía encarnar el discurso político y que no necesariamente ese discurso traería algo nuevo o emancipador[7]. La forma, el medio, o el soporte y el contenido del discurso político es contingente. Esto es lo mismo que decir que el discurso político es contingente.


Entonces ¿Cuál es la contingencia que puede hacer que un discurso que adopta una forma radial, cinematográfica, televisivo, etc. sea político? Esta pregunta está íntimamente relacionada con la pregunta sobre lo político.


Podríamos considerar un centro crítico de lo político –como Empédocles- regido por dos principios fundamentales, lo que Freud llama las pulsiones originales opuestas, Éros y Tánatos, de unión y destrucción.


La alteridad, la noción de que el discurso político busca –Arendt diría necesita- la pluralidad, encontrarse con otro (esta vez con minúscula), debería que estar presente en el núcleo de lo que hace al discurso político.


La pulsión de destrucción, ó en términos de Carl Schmitt, identificación de un enemigo es al nivel del discurso el polemos en término de un efecto indefectiblemente político.


El núcleo polémico que traza la frontera que constituye un afuera, este lugar –que como mencionamos anteriormente- brinda un punto de vista que devuelve al sujeto (en tanto sociedad) una imagen completa de sí misma. Esto es lo que Laclau llama el afuera constitutivo, esta particularidad que se da dentro del sistema pero que debe ser presentada en forma antagónica como algo exterior al mismo sistema.


Tanto la fuerza como el efecto de exclusión/inclusión brinda el elemento político del discurso. Sería tanto la fuerza como el efecto de destinación lo que hacen del discurso político.


El efecto de destinación múltiple como lo describe Verón da cuenta a nivel semiótico de este juego en el que discurso se desdobla llevando distintos mensajes a distintos destinatarios ó constituyendo con su efecto a estos destinatarios.


Poner el foco del discurso político en la recepción plantea al discurso como acto pragmático –como lo es en su esencia política- articulado en una situación real.


En este sentido el discurso hasta podría ser político independentiemente de la intensión del emisor. Un poeta podría escribir un libro como acto meramente estético y por mero accidente resultar el centro de una polémica que sea sustancialmente política. El mejor ejemplo de esto es la película del Monthy Python “La vida de Brian” donde Brian, un hebreo común y corriente es confundido por el mesias. Brian intenta disuadir a toda costa a sus seguidores de que no es el Mesías. En vano Brian explica a sus contradestinatarios los romanos; a sus predestinatarios los hebreos, que él es una persona normal.


Podríamos pensar esto como metáfora del discurso político. Un acontecimiento accidental que divide a la gente como aguas a través de un acto de enunciación. De esta manera el discurso político no responde a una intencionalidad sino a la forma en que es recibido. Un sujeto podría querer –intencionalmente- pronunciar un discurso político pero sin el efecto en la recepción, sería como en los actos de habla, un acto desafortunado, es decir que logra realizarse. El caso contrario es la obra de arte polémica que articula lo indecible, el conflicto que es de naturaleza netamente político.


24 además de la realidad fantasmática que construye el efecto –la repercusión de este programa lo dice todo- lo hace político.



Conclusión



24 es un drama televisivo que crea una realidad ficcional que intenta asemejar con nitidez a lo real. En esta realidad nos anuncian aspectos de nuestra realidad que están ocultos al menos a nuestros ojos, pero que son constituidos como espectralmente en la fantasía que enmarca esta ficción televisiva. Esta serie televisiva nos anuncia un giro radical en la forma en que concebimos nuestra realidad. En esa realidad existe la tortura y quienes utilizan discrecionalmente el poder del Estado para llevar adelante estas atrocidades son héroes.


Una “nueva” forma de adoctrinamiento político con complicidad de los medios masivos de comunicación comienza a naturalizar, hegemonizar un discurso en el que estamos en peligro constante y necesitamos de sujetos extraordinarios dispuestos a realizar grandes sacrificios para mantenernos a todos seguros.


En este artículo nos detuvimos a analizar algunos dispositivos o recursos de la enunciación cinematográfica como el tratamiento del tiempo, la composición de los planos múltiples, los puntos de vista y el anclaje fantasmático que constituye la realidad de esta ficción.


Estos recursos contribuyen a constituir un síntoma que se manifiesta de maneras múltiples. La ansiedad de vivir en el tiempo de 24, un tiempo –como en la canción de U2- mejor que la cosa real, como vivir en el tiempo de las amenazas inminentes del discurso de la seguridad nacional.


Una sola cosa es real en 24. Lo real de 24 es el acto, el efecto perlocusionario, el efecto de una fuerza de enunciación, el efecto de destinación múltiple (Verón 1987, García Negroni 1988), de lo polémico, de la sinthome, de la afección de la imagen tiempo y la imagen movimiento que encierra la ansiedad que deja cada episodio de este programa con la intriga de si definitivamente seremos salvados por Jack Bauer al final del día.






Austin J. (1985) “Como hacer cosas con palabras”, Bs. As. Paidós.



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[1] Ricardo Esteves (UBA). ric.esteves@gmail.com





[2] Barthes, R. “Los romanos en el cine” en “Mitologías” Siglo XXI, Buenos Aires. p.31





[3] Zizek, S. “The depraved heroes of 24 are the Himmlers of Hollywood”, The Gardian, 10/01/2006





[4] Raiter, A. “Lenguaje y Sentido Común.” Buenos Aires, Biblos. 2003.





[5] El artículo de Zizek rescata la reflexión de Arendt respecto al jucio de Eichmann planteando que Bauer actúa como los criminales nazis que lograban poner en suspenso su humanidad mientras cometían atroces crímenes y al volver a sus hogares con sus familias retornarían a la normalidad.





[6]Pareciera que nuestros bares, nuestras oficinas, nuestras viviendas amuebladas, nuestras estaciones y fábricas nos aprisionaban sin esperanza. Entonces vino el cine y con la sinamita de sus décimas de segundo hizo saltar ese mundo carcelario”. Water Benjamin “La obra de arte en la época de su reproductividad técnica” en “Discursos interrumpidos ITarcus, Madrir, 1994. p.39.p:47.





[7] “La civilización actual concede a todo un aire de semejanza. Film, radio y semanarios constituyen un sistema. Cada sector está armonizado en sí y todos entre ellos. Las manifestaciones estéticas, incluso de los opositores políticos, celebran del mismo modo el elogio del ritmo de acero. M. Horkheimer & T. Adorno La Industria Cultural” Ed. Galerna. Bs. As. 1964