viernes, 18 de diciembre de 2015

Diálogo y unidad en la argentina postkirchnerista: Un análisis del discurso de asunción de Mauricio Macri

Diálogo y unidad en la argentina postkirchnerista: Un análisis del discurso de asunción de Mauricio Macri



El acontecimiento y el simulacro: como en la continuación de un relato en el que Perón recibe la presidencia de Cámpora, Macri recibe la presidencia de Pinedo. Cada movimiento político elige su mito fundacional. Cambiemos eligió a Frondizi y el desarrollismo, o acaso Sarmiento y “civilización y barbarie”.
El discurso de asunción presidencial de Mauricio Macri no dió demasiadas definiciones sobre su programa de gobierno: no habló de la inflación, el dólar, los subsidios, los precios, las cosas cotidianas que a todos nos afectan. Fue más bien un discurso dedicado a las declaraciones de principios, llamados a la confianza, al optimismo, y a la unidad. Macri propone unir la Argentina a través de su política de diálogo y acuerdo. Afirma que juntos, los argentinos “somos imparables”.

El decir y lo dicho: ¿Que dijo el discurso de asunción de Mauricio Macri? ¿Que podemos interpretar de sus palabras ante la asamble legislativa? ¿Cual es el mensaje del gobierno de Cambiemos?
El análisis del discurso político es un práctica académica que proliferó en las últimas décadas. En línea con esos trabajos proponemos algunas reflexiones sobre el discurso inaugural Mauricio Macri.
Aunque no existe un “discurso de grado cero”, un punto de vista completamente neutro, proponemos una lectura del discurso de asunción de Mauricio Macri desde enfoques como el del “aparato formal de la enunciación”, la pragmática, los análisis semióticos, la retórica, el ethos discursivo, y la filosofía política del “giro lingüístico”.
Proponemos esto como un análisis de los enunciados, los actos de habla realizados, las formas gramaticales usadas, las expresiones léxicas, del discurso y no de la persona del presidente. Si esto resultara una crítica, debe ser pensada como una contribución, al llamado mismo del presidente a señalar sus errores. Pero lejos de eso nos interesa caracterizar la enunciación, la retórica y la interdiscursividad de las palabras pronunciadas durante el acto de asunción a la presidencia.

El intelectual orgánico: No fue un discurso orgánico. Se puede identificar por lo menos dos partes en el discurso. La primera, donde el presidente habló espontáneamente, y otra en la que leyó un texto. La primera parte del discurso destaca mucho la figura del presidente. Utiliza en exceso la primera persona del singular y la descripción de sus sentimientos personales de orgullo y agradecimiento. En la segunda parte, la lectura del discurso no fué acompañada por una prosodia adecuada que enfatizara con claridad los “acentos” del texto, generando una suerte de “interferencia” entre el discurso escrito y la alocución oral del presidente.
No hay forma de comprobar la genética del texto, pero se podría identificar al menos tres bloques diferentes: las palabras espontáneas del inicio, las propuestas de ejes como “hambre cero”, “lucha contra el narcotráfico” y “unir a los argentinos”, y el énfasis en definir la política de “diálogo” y “acuerdo” del gobierno.
No fué un típico discurso programático que definiera las medidas y políticas del gobierno sino más bien de declaración de principios y establecimiento de estilo.

El sublime objeto de la ideología: El discurso de asunción a la presidencia de Mauricio Macri -contrario a lo que se puede creer- tuvo un importante contenido político. No fué ni un discurso en el que prevaleciera demasiado lo económico ni lo social. Su mensaje central era político: unidad. Un acto performativo de articulación de identidades y establecimiento de un sujeto político.
Así como podemos pensar los “derechos humanos” y “el modelo” de desarrollo social y económico en el kirchnerismo como focos nodales de anudamientos identitarios, el discurso de Cambiemos propone el “diálogo” y el “acuerdo”.
Un aspecto particularmente político de este discurso es atenuar su aspecto ideológico en el sentido de intentar negar el mismo antagonismo social en el que se basa la política. como dice la expresión “nada es más ideológico que sostener que no hay ideología”.

Civilización y Barbarie: ¿Que hace político a un discurso? Lo específicamente político de un discurso, diría Verón, es su aspecto adversativo y efecto de destinación múltiple: adhesión, rechazo, e indecisión. El discurso del PRO y Cambiemos -aunque supo encubrir muy bien su contradestinatario en la enunciación- se estableció claramente en oposición al kirchnerismo. En ese sentido podemos considerar el discurso de Cambiemos como un discurso político light que busca “quedar bien con todo el mundo”.
El discurso de asunción de Macri comienza muy discretamente asestando un duro golpe al kirchnerismo señalando que afortunadamente se le pudo poner fin sin recurrir a la violencia. Pero el antagonismo en ese discurso es rápidamente desplazado a lo que se critica repetidas veces como personalismo y antigüedad. Allí es donde reflota en el centro de su destinación adversativa el viejo mito de “civilización y barbarie”, del caudillo y las masas, de lo arcaico y lo moderno, las pasiones y la razón.

La política entre el diálogo y la decisión: El diálogo. Ese es el centro del discurso de asunción de Macri. La forma en que Cambiemos ve la política. Una especie de versión sobresimplificada de la razón comunicativa de Habermas. Tipo una visión vintage de una tercera vía más allá de la derecha e izquierda a lo Anthony Giddens. En ese sentido la nueva política de Cambiemos no sería tan nueva, y presentaría algunos rasgos del discurso del “nuevo laborismo” de Tony Blair que (al igual que todas las izquierdas europeas) llevó adelante una marcada política neoliberal.
En muchos sentidos la política de diálogo de Cambiemos representa principios liberales partiendo de la libertad de expresión como libertad política fundamental. La política como diálogo intenta ocultar la política como decisión: el momento de ejercicio de la soberanía en el que se impone una razón última a los argumentos del debate racional.
Habermas era el autor más prominente de los años 90 y su teoría foco de las discusiones politicas de ese momento. Repentinamente después del 2001 la popularidad de Habermas decayó drásticamente casi desapareciendo. Su teoría había quedado obsoleta y nadie tuvo que refutar intelectualmente nada de los dos volúmenes de cerca de mil páginas cada uno de la “teoría de la acción comunicativa”. Cuando Bush invadió Irak dejó de ser una cuestión teórica sino de hecho que la política ya no era deliberación y consenso sino desición y excepción.
Para comienzos del siglo XXI estaba claro que ya no se trataba de una crisis de representación sino de la misma democracia. El neoliberalismo y la soberanía sería el centro del problema político y América Latina había decidido enfrentarlo con el populismo.

Forma y Contenido: El discurso de asunción presidencial de Mauricio Macri comienza planteando tres objetivos principales: hambre cero, lucha contra el narcotráfico, unidad política. Después agrega tres más, garantizar una educación pública de calidad, luchar contra la corrupción, y mantener una justicia independiente.
La finalidad que propone el gobierno es que todos puedan vivir mejor especialmente “aquellos que más lo necesitan”. Se propone conseguir igualdad de oportunidades. Habla poco sobre el empleo pero señala la importancia de su generación.
Dice muy poco -más allá que por medio del diálogo- de como el gobierno se propone alcanzar estas metas.

Grandes esperanzas: Es muy fácil corroborar si el gobierno cumple con las promesas realizadas en su discurso inaugural. “Hambre cero” propone un punto de llegada muy claro y ambicioso, así como un parámetro muy concreto. De cualquier forma que midan la pobreza, debería haber menos al final de este gobierno.
La “lucha contra narcotráfico” plantea una materia un poco inédita y en la que poco se destaca el gobierno argentino. Por otro lado los modelos prohibicionistas de guerra contra el narcotráfico que entregaron esta labor a las fuerzas de seguridad y defensa (como puede ser el caso de México) demostraron que algunas curas son peor que la enfermedad.
Mejorar la calidad educativa no es algo que se pueda evaluar con facilidad. Por otro lado cuantificar la educación es mucho más simple. Más allá del desafío por la calidad educativa es más fácil medir la cantidad de presupuesto asignado a la educación, la cantidad de días de clase, la matrícula, y porcentajes de la población con títulos superiores.
Justamente por proponer tan poco (y nada menos) el discurso de Cambiemos establece con claridad la medida de su éxito.

La retórica: El discurso de asunción de Macri penduló entre la retórica de la charla motivacional deportiva y el libro de autoayuda. Por momentos adoptó un tono didáctico sin matices técnicos ni expertos. Macri se presentó como una persona simple, accesible, dispuesta a escuchar y reconocer sus errores.
A contrapelo del aforismo que sostiene “todos los políticos mienten”, Macri prometió “decir siempre la verdad”. Algo que podría asomar sin mostrar tanto el aspecto del diálogo de la política de Cambiemos como de la decisión.

El caudillo entre los técnicos y las masas: Sin darse cuenta el discurso de Mauricio Macri pinta el retrato de aquello que se propone combatir. Desde un punto de vista específicamente discursivo Mauricio Macri tal vez se ocupó de destacar más su propia persona que la de su gobierno. Tal vez sin proponérselo se mostró como un líder carismático, un caudillo, ese elemento de la “vieja política” que propone combatir. El discurso de Macri no logró desplegar el esquema completo del populismo, pero sin duda hizo uso de algunos de sus atributos como la figura del líder y proponer consignas generales y ambiguas (como el diálogo y la unidad) con los que cualquiera fácilmente se puede identificar. Esto plantea el dilema de si el éxito de Cambiemos se debe a sus rasgos populistas basados en el líder, sus consignas aglutinantes, y la dicotomización del espacio social a través del enfrentamiento que implica una reivindicación popular, como en este caso pudo ser desplazar al kirchnerismo del gobierno.

Cambiemos en su propio laberinto: El discurso de asunción de Macri, aunque con pocas definiciones, estableció sus propias encrucijadas. Proponiendo tanta innovación Macri tal vez innovó demasiado en su discurso. Tal vez Maquiavelo no se equivocaba al plantear principios inmanentes de la política. Cambiemos está atrapado entre la proeza épica y la ingenuidad política. como si se hubiera presentado armado con un cuchillo a una pelea de pistolas. Este discurso apuesta en contra de sus probabilidades exponiendo peligrosamente su flanco. En una situación de tan marcada polarización política se definirá rápidamente si Cambiemos podrá sostener su política de diálogo y unidad.
Tal vez tanto cambio requiera un poco de “good old fashioned politics”.

viernes, 6 de noviembre de 2015

El camarada Stalin

Por los menos podemos decir de Stalin que liberó al mundo del nazismo. ¿Pero de que nos liberó Steve Jobs? En algún sentido hasta podemos decir que nos sometió a un nuevo régimen de control mucho más poderoso que el de la Checa: la policía secreta de Stalin. Incluso el mismo Stalin sentiría cierta envidia del logro de Jobs. Su dispositivo de control y vigilancia no se impone mediante la violencia, sino por el contrario, se implementa voluntariamente por los individuos, sin mencionar que además lo hacen con entusiasmo y hasta están dispuestos a pagar absurdas sumas de dinero de sus salarios para obtenerlos.
Esta nueva tecnología es muy superior a cualquier intento de la policía secreta soviética porque se infiltra transversalmente en todos los aspectos de la vida de los individuos. Lo familiar, lo afectivo, lo laboral, planteando una transparencia que hace ya absurda cualquier aspiración a infiltrarse en la vida de las personas por otros medios de vigilancia para averiguar aspectos privados de las personas.
Nietzsche habla del eterno retorno. Freud lo identifica con más precisión este retorno: lo reprimido. Una de las grandes aspiraciones de Steve Jobs era destronar al gigante -frío e impersonal- de la informática que era IBM. Esta compañía era para Jobs un monstruo monolítico y totalitario como lo podía ser la Unión Soviética. Con ese mismo impetú revolucionario, de romper las cadenas del sometimiento y brindar libertad a la gente creó su propia empresa de imformática ya bien conocida: Macintosh.
En 1984 Jobs y Macintosh hicieron manifiesta (en su comercial para el Superbowl) su aspiración romántica con una alusión literaria a la novela de George Orwell. El Estado totalitario dominado por "Gran Hermano" que aludía a IBM, era desafiado y vencido por esta nueva fuerza liberadora. Macintosh traía una promesa anticipatoria que brindaría un nuevo régimen que nos rescataría de un mundo gris, opresor y de tristeza. Macintosh era la promesa revolucionaria de libertad de un nuevo mundo libre.
Pero Macintosh terminó pareciéndose más a lo que intentaba combatir que a lo opuesto. Terminó creando un nuevo orden totalitario,
Pero más allá del régimen totalitario de Macintosh, la figura del líder amado, encarnado por Jobs, presenta ciertas similitudes con el culto a la personalidad cultivado en la Unión Soviética por Stalin. Un líder amado y despótico, responsable de todos los logros del régimen, una figura mítica atesorada en el corazón de su pueblo, que a pesar de su cercanía, se mantenía distante de su gente.
Efectivamente Jobs con Macintosh nos liberó -como los bolcheviques- de la opresión del Zar, en este caso el monopolio de IBM, y nos sometió como la Unión Soviética a un nuevo régimen de libertad de su nuevo imperio. Nos liberó de la opresión triste e impersonal de IBM para establecer una opresión alegre y colorida. Este régimen no utilizaba un poder duro como el de Stalin sino uno blando. Nadie estaba obligado a someterse a él, sino por el contrario su entrega era voluntaria. Y así voluntariamente todos se entregaron a sus dispositivos de control. Dispositivos que controlan como realizamos actividades centrales de nuestra vida como el acceso a la cultura, la manera que nos comunicamos, establecemos vínculos con los demás y llevamos adelante nuestros trabajos y actividades productivas.
Hoy cualquier situación cotidiana de la vida pública presenta una escena estéticamente hermosa opuesta a la planteada por Orwell en 1984. Pequeñas pantallas observándonos en cada momento íntimo de nuestras vidas. Pero la dictadura de Macintosh se parece más a la propuesta de Huxley de un mundo feliz, donde este sometimiento no solo es voluntario sino que además aceptado con felicidad. Este control es recibido con alegría.
Stalin reconocería la superioridad de la estrategia de Jobs que remplaza la felicidad por el miedo para alcanzar el mismo fin. No solo por su entrega voluntaria a este régimen de control sino además por la superioridad tecnológica del mismo que le permite penetrar con más profundidad en los aspectos más íntimos de las vidas de las personas. Algo que supera todo sistema de vigilancia que se le impone a los individuos para espiar sus hábitos, que hace que los mismos vigilados con la más alta disposición sometan sus vidas privadas al escrutinio público.
Podríamos decir que a diferencia de Stalin a Jobs le interesaba el dinero. Pero también podemos pensar que al igual que Stalin a Jobs le gustaba el poder. Sin duda el dinero era un factor importante. Pero Jobs se las rebuscó de todas las maneras posibles para obtener la mayor cantidad de dinero posible para él, incluso desafiando los mismos marcos jurídicos que restringen su asignación  dentro del sistema de empresa. Esto justamente es una indicación de su apetito de poder. El dinero no era suficiente. Necesitaba demostrar que se encontraba por encima del sistema, que las reglas no so aplicaban a él, que como Stalin, era el sujeto más poderoso y que podía ejercer despóticamente su gobierno por encima de ley.
Macintosh planteó un dispositivo que controla la circulación y manera en que nos relacionamos con la cultura, los demás y las actividades de nuestras vidas. Es en definitiva una tecnología de poder que gobierna la forma que vivimos. Algo muy similar a lo que se proponía Stalin. Jobs tuvo la visión de renovar una tecnología vieja incorporando una serie de aspectos estéticos y prácticos que no solo consiguieron una aceptación global más grande que la que el comunismo soviético pudo imaginar y sin tener que forzar violentamente su aceptación.
Aunque el comunismo desapareció se mantienen algunas de sus reminiscencias alegres que se expanden por el mundo consolidando una tecnología de gobernabilidad sin precedentes en la historia.
Stalin nos liberó de los nazis. La pregunta que nos hacemos es de quien nos liberará Steve Jobs.

sábado, 31 de octubre de 2015

Especulaciones intempestivas sobre la tecnología:

Especulaciones intempestivas sobre la tecnología: Ciencia y saber como prácticas específicamente humanas

Estas son algunas reflexiones en torno a la tecnología motivadas por los siguientes interrogantes ¿Como se puede des-aprender un saber? Esto es, cuestionando el principio moderno e iluminista del saber como fuente de progreso ilimitado, ¿Se puede considerar la tecnología en un sentido no valorativo ó éticamente neutro?
Estas preguntas brindan un marco para reflexionar sobre una crítica de la tecnología en nuestra era de la información.
Estas inquietudes parten de dos cuestiones particulares en relación a la ciencia y tecnología. La creación de la bomba atómica y la utilización de la tortura como técnica para obtener información (y la aceptación de su uso por las democracias).
Quizás adelantándonos al desarrollo podríamos expresar que la creación -ya sea por un Estado democrático ó autoritario- de una tecnología cuya única aplicación sea tan destructiva nos llevaría a cuestionar la neutralidad valorativa de la tecnología. Por otro lado conocer tantos principios científicos y técnicos -que no podemos des-aprender- cuya aplicación solo tiene fines destructivos implica un peligro para la supervivencia de la especie.

En el siglo XVII con el surgimiento del iluminismo y la modernidad se plantea el conocimiento científico como fuente de un progreso continuo que conduciría a la plena realización de la humanidad y a la paz perpetua. Esta idea romántica hoy en día -aunque haya quienes aún la compartan- no se puede sostener en los hechos a la luz de una historia moderna profundamente violenta.
También es necesario distinguir entre ciencia y tecnología, entre lo saberes, sus usos y aplicaciones prácticas. 
Por último debemos pensar en la naturaleza específicamente humana de la tecnología.

La idea de progreso indefinido y realización del hombre por medio del saber científico presenta grandes críticas. Walter Benjamin premonitoriamente -sin llegar a ver los horrores de los campos de exterminio ni el uso de la bomba Agelus Novus" de Paul Klee como el progreso nos despedirá del paraíso con una fuerza huracanada impulsada por el horror. Posteriormente sus colegas de la Escuela de Frankfurt, Adorno y Horkheimer, en su "Dialéctica del iluminismo" profundizarán esta mirada pesimista sobre la modernidad y la idea de progreso a través del conocimiento científico y la tecnología. Para estos filósofos, Auschwitz (los campos de exterminio) no son un error, una desvío equivocado del programa del iluminismo, sino por el contrario su máxima realización. [Cabe mencionar aunque sea al margen una curiosidad de estos filósofos marxistas que habiendo presenciado la creación de la Unión Soviética no orientan su trabajo al planteo de un revolución sino a evitar el ascenso del fascismo]. Estas ideas todavía hacen eco en filósofos contemporáneos como Georgio Agamben que sostiene que el actual régimen biopolítico al que estamos sometidos reproduce el modelo del campo de exterminio. O Bifo quien afirma que "el futuro ya no existe". [La película "Volver al futuro 2" de 1989; en la que viajan 25 años hacia el futuro -nuestro actual presente- en el que esperaban automóviles voladores entre otros adelantos tecnológicos, muestra que no han habido grandes cambios, y los más importantes se basan en inventos ya existentes en 1989].
atómica- presagia la catástrofe que guarda el futuro. La tesis IX de su filosofía de la historia ilustra con el "
Sobre esta premisa iluminista podríamos decir que indiscutidamente en la modernidad hemos asistido a un progreso científico y tecnológico sin parangón en la historia de la humanidad. Pero también podemos decir que todos los adelantos tecnológicos (con contadas excepciones) fueron utilizados como instrumentos de destrucción. Tampoco nadie duda que los nuevos inventos por venir seguirán siendo utilizados para eso. Por el contrario, el desarrollo militar y de armamentos es una de las principales fuentes de innovación tecnológica y de allí provienen muchos dispositivos que utilizamos en nuestra vida cotidiana, como internet, los hornos de micro-ondas, las pantallas de las computadoras portátiles, entre otros incontables inventos.
Por el contrario, como plantea Bifo, "el futuro dejó de existir", incluso en otro extremo, "hemos llegado al fin de la historia" como anuncia Francis Fukuyama.
La física cuántica ha logrado dar cuenta de todo -incluso de la nada misma (el "vacío")- con el descubrimiento de la "partícula de dios". La física cuántica logró dar cuenta de historia del universo, desde su origen con en el Big Bang hasta su desaparición. La ciencia plantea -a diferencia de lo que sostiene Max Weber- una creciente unificación de los campos. La cibernética y las ciencias de la información han establecido el modelo de otros campos que la imitan, como la genética (la biología), las neurociencias, la ecología (si podemos considerarla ciencia), la economía, etc.
En definitiva debemos reconocer en la actualidad un impresionante desarrollo tecnológico, pero al mismo tiempo admitir una total pérdida de vigencia del ideal iluminista de progreso indefinido y su relación a la realización del hombre. Por otro lado este desarrollo tecnológico no nos ha abierto las puertas (salvo en la ciencia ficción) a nuevos mundos . La innovación tecnológica nos ha traído grandes novedades inundando los museos con objetos de un pasado al que todavía pertenecemos.

Nos interesa continuar reflexionando sobre la diferencia entre ciencia y tecnología y saber y uso. Ante todo la relación indisociable entre estas y diferenciar enfáticamente la asociación errada de identificar la tecnología con su objeto o dispositivo. Esto es, en primer lugar plantear la tecnología como teórica o del saber científico. Esto es pensar la tecnología mucho más allá del mero dispositivo, objeto o herramienta, sino como el uso concreto que se le da dentro de la exigencia de un saber científico.
aplicación técnica de un saber científico. Y por otro lado presentar el objeto técnico como instrumento para la realización de una tarea individualizada establecida por las mismas necesidades que plantea el estado del conocimiento científico en un momento y situación dada. En otras palabras, pensar la tecnología como una técnica en el despliegue de sus instrumentos para ejecutar de forma práctica una necesidad establecida por una exigencia
Gilbert Simondón plantea un punto de partida para pensar la relación entre ciencia y tecnología en un sentido muy amplio y desde sus efectos generalizados para todos los campos y saberes que dan forma a lo social. Simondón es una importante influencia para la filosofía de Gilles Deleuze y Michel Foucault. Michel Foucault ha estudiado profundamente el saber, como se originaron los conocimientos científicos, los poderes que ejercen, las prácticas disciplinarias que despliegan, y de que manera gobiernan aspectos de nuestras vida.
Volvamos al punto de partida que aquí proponemos: la relación entre ciencia y tecnología. Simondon plantea dos tipos de objetos técnicos, los superiores y los inferiores. Los inferiores son aquellos instrumentos que utilizamos casi intuitivamente y que no requieren un saber generalizado más que la destreza técnica para la ejecución de la tarea específica que permite realizar ese objeto. Podemos pensar a los objetos técnicos inferiores -en un sentido muy básico- como el martillo, un destornillador, -hasta más complejos como- como los comandos para conducir un vehículo o los instrumentos para volar un avión.
Los instrumentos técnicos superiores tienen un carácter de tipo más enciclopédico, de aplicación más abstracto y general. Los objetos técnicos superiores no se focalizan en la ejecución de una tarea específica sino de una serie de labores interconectadas que en su conjunto producen un resultado. Establecen diferentes tareas complementarias en un procedimiento integrado con la finalidad de crear objetos técnicos concretos. Las distintas actividades que establecen los objetos técnicos superiores se articulan a manera de engranajes y su lógica es la de la máquina. En este sentido los objetos técnicos superiores son formas de saber abstractas que configuran una serie de procesos organizados para obtener un resultado específico.
Simondon distingue los objetos técnicos superiores con saberes enciclopédicos mecánicos, electrónicos y digitales. Cada uno produce sus objetos técnicos específicos. Pero Foucault lleva esta idea de tecnología más lejos. Estudia el surgimiento de los saberes humanos durante el siglo XVIII, las primeras ciencias del hombre que concretamente son la lingüística, la biología y la economía política
El nacimiento de la lingüística, la biología y la economía política dan lugar a la aparición de una nueva era, una nueva lógica, así como nuevas formas de poder lo que Foucault llama biopolítica. Estas ciencias humanas provocan un salto del renacimiento a la modernidad brindando al capitalismo de un instrumento fundamental para su desarrollo: el Estado.
y gobierno sobre la vida:
Estas formas de saber modernas como la lingüística, la biología y la economía política permiten producir los instrumentos para una nueva organización de la vida. La lingüística permite pensar al lenguaje -ya no como representación (como forma de nombrar a las cosas)- sino como organismo vivo, un atributo compartido por una comunidad de hablantes, como acerbo que contiene los saberes y capacidades de un pueblo, lo que en definitiva constituye a una nación.
La biología en sus comienzas se encuentra muy emparentada con la lingüística y utiliza su mismo sistema de clasificación de las especies. Las lenguas y las especies son pensadas bajo el esquema del árbol genealógico distinguiendo -de lo que tienen en común- distintos niveles, de sus raíces primitivas, sus troncos comunes, sus ramificaciones y en sus extremos superiores sus especies más florecientes. Estas dos formas de saber presentan los fundamentos lingüísticos y biológicos de un pueblo estableciendo la nación como su unidad.
Por último, la economía política, el conocimiento sobre la producción de riquezas en términos agregados y de gestión de la necesidad material de la vida de un pueblo. En resumen, la lengua nacional compartida que permite pensar la lingüística, el sustrato biológico de ese pueblo, y los principios que gobiernan la creación material colectiva de una población, brindan las condiciones para la aparición del Estado nación como lo entendemos hoy en día.
Aquí la relación entre ciencia y tecnología está pensada en un sentido más complejo que una estricta noción de instrumento técnico como objeto y saber mecánico productor de herramientas o maquinarias. Lo que plantea Foucault como ciencia y tecnología tendría que ver más con la maquinaria humana que constituyen las ciencias del hombre. La enseñanza de la lengua, su transmisión, su tradición oral, el establecimiento de su literatura nacional, la creación de gramáticas, diccionarios, academias, etc., son tecnologías producidas por el saber de la lingüística. En este sentido, a partir del siglo XVIII el saber, el conocimiento científico, no se encuentra confinado exclusivamente al campo de la creación de objetos mecánicos, sino que establece un orden sobre lo social. En otras palabras, las ciencias humanas son formas de saber que establecen el orden mecánico de lo social. La tecnología es también una lógica que gobierna al nivel del establecimiento de las relaciones sociales.
Nos gustaría continuar esta cuestión de otra manera. El objeto técnico inferior -pensemos en algo rudimentario, una herramienta- no es un resultado fortuito producto de la voluntad individual de un sujeto. Es la consecuencia de una forma superior de saber que para realizar una tarea particular -como mecanismo o engranaje- dentro de un serie de procedimientos más complejos. En otras palabras, la herramienta es el resultado de un estado particular de las formas del conocimiento científico y sus necesidades para ejecutar tareas individuales
dentro de un proceso con articulaciones complejas. [Muy brevemente resumiremos algo de una complejidad inabarcable que constituye el núcleo del pensamiento de Simondon: la individualización. El individuo, desde todo punto de vista (ya sea mecánico o humano), es un objeto técnico. La individualización es la forma que asume cualquier elemento para desempeñar una acción en un medio determinado. En este sentido, un padre, un martillo, un colectivero, un avión y una computadora, son el resultado de un proceso de individualización. Esto significa una adaptación técnica a una situación particular establecida por una forma superior, abstracta y genérica, que plantea la necesidad de esa tarea. La individualización de los objetos técnicos no es autónoma -más allá de condiciones ambientales extremadamente específicas- de sus formas generales más abstractas y viceversa.].

Cuando un descubrimiento arqueológico presenta un objeto utilizado por una civilización desaparecida largo tiempo atrás no lo exhibe como una pieza inconexa, como algo que no guarda relación alguna con la manera de vivir de ese pueblo. Todo lo contrario. El descubrimiento arqueológico solo existe en la medida que se puede asociar a un uso o costumbre de comunidad. Si no pudiera realizar estas conexiones la arqueología sería una práctica de recolecciones de objetos al azar, arbitrarios, que daría lo mismo si fueron producidos por la naturaleza o el hombre. Sin embargo la arqueología intenta reconstruir a partir
de estos objetos sus lazos con sus formas de conocimiento, la lógicas que llevaron a su elaboración, las características de la cultura que utilizaba ese objeto, e imaginar como era la vida del pueblo que usaba esa clase de objetos.
Es curioso que un objeto aislado puede "decir" tanto de quienes lo utilizaron incluso cuando esas personas y su cultura hayan desaparecido hace mucho tiempo. Es como si ese objeto fuera ya una parte de esos hombres, como si pudiéramos extraer de él información sobre ellos como en una muestra de ADN.
Con esto queremos señalar que no hay objetos técnicos sin el hombre. En otras palabras, que los objetos técnicos son en sí parte del hombre.
En algún sentido sugerimos que la existencia del hombre es esencialmente tecnológica. Que la tecnología es parte de la "naturaleza" humana. Aquí no nos interesa rastrear el mito de origen del hombre, de su paso de la naturaleza a la cultura, sino plantear el objeto tecnológico como condición humana.
En este sentido la tecnología no es algo extraño o ajeno al hombre sino algo "natural" y propio.
En el existencialismo de Heidegger el ser encuentra su plenitud cuando es-ahí con los objetos de su entorno. Porsupuesto que la experiencia de la existencia del ente se da en un plano interior íntimo, sin embargo el ser se manifiesta como una conciliación entre lo singular y universal en relación a los hábitos y costumbres (y sus objetos) como su esencia.
Aquí nos interesa llegar a un planteo muy común que se la ciencia ficción y muchos especialistas en tecnología. Nos referimos a la visión apocalíptica de si alguna vez seremos dominados por las máquinas al estilo de la película Terminator. Esta pregunta tiene dos respuestas. Por un lado sí y por el otro no.
Lo que queremos decir es que por un lado es absurdo pensar si la tecnología terminará dominando a los humanos. La tecnología es algo esencialmente humano y es imposible pensarlo sin ella. Incluso quienes sostienen el peligro de la dominación de las máquinas siguen dependiendo de ellas vitalmente en un doble sentido. Por un lado no pueden prescindir de una forma de saber de cualquier tipo. Por el otro, aunque sea para cuestiones tan básicas como lavarse los dientes o realizar las labores más básicas requieren de algún instrumento. Incluso intentar marcar un límite o umbral de que tipo de saber, -"pre-científico", mecánico, eléctrico o electrónico- y sus objetos técnicos se admita como "menos peligrosos" para el hombre no se puede anular la relación simbiótica con la tecnología.
En este sentido no se puede pensar en una "rebelión de las máquinas" que domine y someta al hombre como en una distopia de ciencia ficción.
Por otro lado, si dicha dominación de las máquinas fuera posible ya ha sucedido. Y subrayo "ya ha sucedido" en vez de "hubiera sucedido". En este sentido es un hecho más que una posibilidad.
Cuando mencionamos la indivudualización señalamos que tanto el hombre como los objetos son el resultado de un proceso técnico. El hombre se ha vuelto en sí una máquina. Para la biología (la genética) el hombre es una máquina, un dispositivo de transmisión de información. La reproducción es vista como una transmisión de la información acumulada a lo largo del tiempo (nuestro patrimonio genético: la experiencia almacenada por nuestros ancestros) a la próxima generación. Para las neurociencias nuestro cerebro es una computadora. Funciona de la misma manera que microprocesador realizando operaciones mediante conexiones eléctricas. Para la ecología somos un subsistema que interactúa con otros sistemas en un intento por encontrar un equilibrio funcional. Sin ir demasiado más lejos, para la economía también somos una máquina, un conjunto de organismos, que producen, intercambian y consumen manteniendo vivo al sistema del mercado.
Vivimos en una era de la automatización. Las máquinas requieren una intervención mínima para su funcionamiento autorregulado. La pregunta aquí es ¿Quien autorregula el funcionamiento de quien? ¿Nosotros regulamos el funcionamiento de las máquinas o las máquinas regulan el nuestro?
Personalmente creo que ya las máquinas autorregulan nuestro funcionamiento más que nosotros el de ellas.

Ahora intentemos volver a las preguntas del comienzo. ¿Podemos des-aprender un saber? y si ¿La tecnología es valorativamente neutra?
La pregunta por des-aprender un saber plantea un gran problema presente en el mito de la caja de Pandora. Una vez que la abrimos no la podemos cerrar. Una vez que aprendemos un saber podemos elegir no usarlo pero ya no dejar de saberlo. Incluso aunque ya no dispongamos de los objetos técnicos para su aplicación mantenemos en el conocimiento científico la capacidad de volver a crearlos.
La respuesta a la pregunta por si es posible deshacerse de un saber es categórica: no. Deshacernos de los instrumentos técnicos de una saber no elimina la capacidad técnica para volverlos a crear.
Esto es relevante en función de la segunda pregunta por la neutralidad valorativa de la ciencia. Si la ciencia fuera valorativamente neutra no poder des-aprender un conocimiento no sería un problema. En caso contrario sí lo sería.
La ciencia siempre se ha jactado de su neutralidad en sentido que se basa en principios universales, que responde a las leyes generales de la naturaleza y el universo. Siempre ha aspirado a adoptar los esquemas puros de la lógica y la matemática. En este sentido la ciencia se autoproclama valorativamente neutra. Es decir que sus objetos técnicos no pueden ser ni "buenos" ni "malos". Que solo el uso que les damos puede crear esta distinción.
Pero incluso el aspecto puro de la matemática y la lógica que ostenta la ciencia plantea un problema. El mismo Heisenberg tratando de predecir el comportamiento de las partículas subatómicas mediante cálculos matemáticos concluyó que no esto no es posible postulando el principio de la incertidumbre. Al parecer ni la misma matemática -por sí sola- puede explicar el funcionamiento del átomo y por tanto del universo.
Para el caso de la lógica Wittgenstein también postuló -en su monumental crítica a Frege- que podemos pensar tantas lógicas como sujetos y situaciones pueda existir y en cada caso deberíamos considerar sus reglas particulares. Esto sería que la lógica no posee una razón universal sino infinitas lógicas particulares.
Con esto solo hemos planteado que el conocimiento científico no puede considerarse universal y no su neutralidad valorativa.
Al mencionar anteriormente la relación entre ciencia y tecnología y como opera en estos el principio de individualización señalamos que los objetos técnicos estaban sujetos a las formas de saber. Pero también en una fugaz referencia señalamos que la individualización en ambos casos implica una adaptación a un medio específico que puede afectar mutuamente a los objetos técnicos y los saberes científicos que le dan forma. Esto sería que en ciertas situaciones el medio donde se aplica el objeto técnico puede influir sobre las formas de saber abstracto. Que ciertas situaciones de aplicabilidad de la técnica pueden condicionar las formas de saber.
En este sentido la ciencia ya no podría garantizar sus principios de universalidad ni por la matemática, la lógica, ni la contingencia de su situación ajuste y calibre su funcionamiento.
de aplicabilidad. Esto plantea -ya por una cuestión de lógica interna- necesariamente la ciencia no puede ser valorativamente neutra. Por el contrario, como todo ente autónomo necesita de una regulación que la

Ya fuera de toda especulación lógica sobre esta cuestión me remito a dos hechos concretos preocupantes. La creación de la bomba atómica y la tortura.
En la tortura podríamos encontrar ciertos matices. En el caso del sado-masoquismo podríamos llegar a encontrar a la tortura como una práctica de producción de placer. Ese caso particular -en esa individualización- de la tortura (frente a su uso como método para obtener información) podríamos pensar una situación de ambiguedad en la que su aplicación determinaría su valoración.
El caso de la bomba atómica plantea un problema más categórico. La única aplicación de la bomba atómica es como arma de destrucción masiva. Incluso el argumento para su uso, "salvar vidas" es en sí una paradoja sin sentido. ¿Como semejante arma de tal poder destructivo utilizada sobre una población civil puede salvar vidas? ¿De que manera acabar con tantas vidas puede salvar vidas?
Es obvio que semejante justificación es excusa absurda y aún hoy es muy discutido si uso tuvo que ver menos con poner fin a la guerra que con manifestar a posibles rivales como la Unión Soviética el poderío militar de los Estados Unidos.
Lo que sigue planteando esto sobre el interrogante en torno a la neutralidad valorativa de ciencia es como los mismos científicos estuvieron dispuestos a construir semejante arma a partir de una forma de saber con aspiraciones tan nobles. 
Esto nos puede llevar a sugerir que la forma del saber de la física cuántica en sí no implicara la posibilidad de la creación de semejante arma como la bomba atómica. Por el contrario, que la situación singular de una guerra de aniquilación posibilitara las condiciones de una individualización técnica que hicieran posible que el saber sobre el poder del átomo llevara a su posibilidad de existencia.
En tal caso podríamos especular con la posibilidad remota de la neutralidad
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valorativa del conocimiento científico. Pero también podríamos considerar todo lo contrario de la tecnología. Que en sí la creación de objetos tecnológicos implica una valoración ética.

Podríamos concluir de la siguiente manera. Siendo el hombre en sí mismo un objeto técnico y viviendo una era de automatización en la que la autonomía del funcionamiento del hombre está regulada por el objeto tecnológico (y no de manera inversa); y el enorme conocimiento científico (que no podemos des-aprender) para producir destrucción a escala planetaria, la supervivencia de la especie está en manos de una máquina para la cual nuestra existencia no representa en sí mismo ningún dilema.

Sin duda no seremos dominados por las máquinas como en la fantasía de Terminator. Sin embargo nuestra existencia como especie está en manos de una máquina humana regulada por una máquina técnica.