lunes, 19 de octubre de 2015

Es el sistema electoral estúpido!


Es el sistema electoral estúpido!
A una semana de las elecciones presidenciales hagamos el intento de adelantarnos a los hechos. Todavía el resultado es incierto. Sin embargo las encuestas nos brindan datos que permiten pintarnos posibles desenlaces.
Hagamos un ejercicio de ortodoxia teórica, como un físico frente a leyes generales. En este caso en base al debate entre Sartori y Dubenger, y la reforma del sistema electoral argentino del 2009. La ley de Dubenger y la tendencia de Sartori explican el efecto que tienen los sistemas electorales en la conformación de los sistemas de partidos. Dubenger plantea que los sistemas uninominales (de distrito único, como es el caso de la elección a presidente en Argentina) tienden a un sistema bipartidista y que los sistemas de segunda vuelta a sistemas multipartidistas. Sartori atenúa estas afirmaciones diciendo que los sistemas electorales establecen una tendencia, más que un efecto mecánico, determinada por otros factores relacionadas a las características y preferencias del electorado.
Es interesante preguntarnos como funcionan estos principios en Argentina en estas elecciones presidenciales. Que efectos tiene el sistema electoral sobre los partidos y el resultado de la elección.
La clave aquí es prestar atención a la "letra chica" del nuevo sistema electoral que hemos adoptado.
El proyecto de democratización, transparencia y equidad del sistema electoral se presentó en el 2009 y ese mismo año  se aprobó y promulgó como la ley N° 26.571. Tal vez no se le dió la importancia que se debía a este cambio. Claramente varias fuerzas no supieron comprender su importancia y significado.
Bajo el rótulo de democratización, transparencia y equidad se escondía algunas cuestiones que pasaron desapercibidas por muchos, incluso para algunos de los principales candidatos a la presidencia. La ley N° 26.571 trata en buena parte de establecer pautas para regular y controlar el financiamiento de las campañas, hacerlas más transparentes y justas al limitar la cantidad de dinero que puede recibir un partido. También introducía un mecanismo para democratizar la elección de candidatos dentro de un partido estableciendo internas abiertas y obligatorias, las famosas PASO. Esto es algo que a simple vista parecía conveniente para todos los partidos y permitió que esta nueva ley se aprobara en el Congreso si problema.
Lo que no se ve a simple vista en el texto de la ley era ¿Cuáles eran sus objetivos de fondo? Como dijimos anteriormente, el sistema electoral condiciona el sistema de partidos. Una reforma como ésta tendría un efecto en la conformación de los partidos políticos en la Argentina.
En primer lugar este nuevo sistema electoral se proponía intentar volver al clásico bipartidismo, elevando el umbral de cantidad de afiliados para poder participar en elecciones, y así eliminar los nuevos partidos pequeños que habían proliferado tras la fragmentación de los partidos tradicionales y evitar la aparición de nuevos. Esto era algo que principalmente le interesaba al PJ y a la UCR.
Por otro lado, las PASO, son mucho más que una elección interna de un partido. Este procedimiento proviene del modelo electoral del cáucaso utilizado en los Estados Unidos. Este sistema electoral busca mantener la contienda entre dos partidos y que estos tengan la oportunidad, a través de sucesivas votaciones, determinar cual de sus candidatos tiene mayores probabilidades de ganar y así conformar su fórmula. La elección a presidente en Estados Unidos es muy distinta a la que tenemos en la argentina, pero las PASO intentaban incorporar algunos elementos de ése proceso electoral.
La finalidad de las PASO era simplificar la cantidad de listas para las elecciones presidenciales y canalizar más votos hacia las principales fuerzas políticas, idealmente, enfrentando dos candidatos. El sistema del cáucaso en Estados Unidos permite que los candidatos con mayores chances de ser electos conformen alianzas internas para asegurar la victoria de su partido. Esto es algo fundamentalmente de nuestro sistema electoral.
Las PASO se proponen promover alianzas en las fórmulas entre los partidos con más votos y la fuerza que obtuviera el tercer lugar. Algunos partidos entendieron esto, pero mal, salvo el partido de gobierno, quien había promovido esta reforma. Por eso el partido de gobierno aplicó este criterio y los demás no. El candidato por el oficialismo tiene una amplia -aunque tal vez no suficiente- ventaja sobre sus rivales.
Analizando un poco este proceso electoral que se está por definir el próximo domingo podemos ver algunos efectos de este nuevo sistema electoral. El FPV, lejos de elegir su candidato por afinidad ideológica al partido, lo hizo con un criterio pragmático. Entendieron el sistema, ellos mismo lo propusieron, y ahora procedían consecuentemente para obtener una victoria. Los demás partidos mostraron mayor o menor flexibilidad ideológica para su alianzas.
Pero estas alianzas fueron realizadas con la lógica de un sistema electoral previo incluso al de la reforma de 1994. Hasta 1996 la elección de presidente no eran directas. Los votos correspondían a electores que posteriormente determinarían el ganador en un colegio electoral. En la práctica, desde el retorno de la democracia en 1983 este mecanismo no había modificado la voluntad del electorado en la decisión del colegio electoral.
Macri pensó su sistema de alianzas con esta lógica del colegio electoral y no con la del modelo del cáucaso actual. Aunque repetía "el voto en definitiva es de la gente no del partido" cuando hacía sus alianzas con Sanz, la UCR y Carrió, parecía no entender del todo lo que ésto significaba. No tiene ningún peso en una elección directa realizar pactos con otros partidos si esto no se sustancia en la fórmula electoral. La lógica del nuevo sistema electoral era crear alianzas entre los terceros partidos y los dos principales. Pero no en un sentido de pacto o acuerdo de apoyo sino en la conformación de sus listas.
El PRO, con Cambiemos, más que abrir sus listas a candidatos de otros partidos con caudales de votos importantes hizo lo contrario. Cambiemos se cerró hacia el interior del PRO y postuló a Gabriela Michetti, -una candidata derrotada dentro del mismo partido por Horacio Rodriguez Larreta para la jefatura del gobierno de la ciudad de Buenos Aires- como vicepresidenta. En ese sentido, el gesto de Macri de lealtad partidaria, iba en contra de la lógica del nuevo sistema electoral. Las alianzas con otros partidos fueron completamente efímeras porque no garantizaron el voto de sus partidarios incorporando sus candidatos en sus listas.
Massa con el Frente Renovador mostró un poco más de flexibilidad al incorporar a De la Sota y Felipe Solá como precandidatos, pero tampoco incorporó en su fórmula a un vice de entre los partidos con más votos en las PASO. Según la lógica del nuevo sistema electoral la opción natural de Massa era incorporar en su fórmula a un vice de entre los ganadores de las PASO, o sumarse él como vice en otra fórmula.
La alianza más sensata era conformar una lista entre Macri y Massa. La lógica del sistema electoral era esa, achicar la cantidad de candidatos a presidente después de las PASO. Sin embargo se mantuvo el mismo número de candidatos.
Sin duda en las alianzas electorales intervienen un sin número de factores, pero ganar debería ser el más importante. El FPV entendió eso y postuló a su candidato con más posibilidades de ganar independientemente de su afinidad con el núcleo duro del partido. Tampoco hizo acercamientos con otras fuerzas para su fórmula porque en el lugar de vicepresidente necesariamente debía ir alguien que garantizara la integridad partidaria.
La conformación de la fórmula del Frente Renovador por lo menos buscó incorporar amplitud geográfica al sumar como vicepresidente a Gustavo Sanz de Salta. De esa forma por lo menos se aseguraba votos en otro distrito.
Cambiemos mostró una actitud arbitraria al elegir como vicepresidente un candidato de su propio partido y de su mismo distrito. La fórmula de Cambiemos fue redundante al presentar dos candidatos del mismo distrito. Gabriela Michetti no era una candidata que le sumara votos a Mauricio Macri.
Para ir cerrando el análisis. El FPV en su fórmula apeló al kirchnerismo y una parte más moderada del electorado que pudiera traccionar Scioli. El Frente Renovador incorporó algunos referentes de otras fuerzas y los candidatos de la fórmula presidencial aseguraban votos en distintos distritos. Cambiemos realizó alianzas con otros partidos pero que no aseguran sus votos y sus dos candidatos de fórmula presidencial provienen del mismo distrito y no se suman votos. La alianza más lógica entre Massa y Macri no se dió.
A partir de los principios de los sistemas electorales que plantean Sartori y Dubenger, y el funcionamiento del modelo del cáucaso que plantean las PASO, quien entendiera mejor esta lógica tendría más ventaja. Efectivamente la fórmula del FPV está a la cabeza con una proyección de votos que tal vez le daría la victoria en primera vuelta.
Siguiendo con este apego a la teoría y los datos empíricos, las elecciones presidenciales se definieron tanto en primera vuelta como en ballotage. Esto indicaría que cualquiera de estos escenarios son posibles.
Un análisis predictivo a partir de estos aspectos plantearía que el próximo domingo Scioli ganaría las elecciones -no se sabe si alcanzando el umbral de diez puntos para ganar en primera vuelta-, Massa obtendría el segundo lugar y Macri el tercero.
En favor de Sartori y en contra de Dubenger lo que sucedió en estas elecciones después de las PASO señala que el nuevo sistema electoral tuvo poco efecto sobre el armado de las listas y la cantidad de candidatos a presidente. El FPV fué quien mejor se adaptó a este sistema, el Frente Renovador no pudo capitalizar las posibilidades que le brindaba, y Cambiemos no supo entender su lógica.
Con esto, más que hacer una predicción de los resultados de las elecciones presidenciales, nos interesa destacar la importancia del efecto del nuevo sistema electoral argentino y para que está diseñado. Sin duda tendrá un impacto en la conformación de las fuerzas políticas en la Argentina. Pero para ello los partidos deberán entender, aceptar y adoptar su lógica.
Para concluir quien mejor haya aprovechado el nuevo sistema electoral tendrá más posibilidades de ganar las elecciones el próximo domingo. Pero eso no es una ley sino una tendencia

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