sábado, 31 de octubre de 2015

Especulaciones intempestivas sobre la tecnología:

Especulaciones intempestivas sobre la tecnología: Ciencia y saber como prácticas específicamente humanas

Estas son algunas reflexiones en torno a la tecnología motivadas por los siguientes interrogantes ¿Como se puede des-aprender un saber? Esto es, cuestionando el principio moderno e iluminista del saber como fuente de progreso ilimitado, ¿Se puede considerar la tecnología en un sentido no valorativo ó éticamente neutro?
Estas preguntas brindan un marco para reflexionar sobre una crítica de la tecnología en nuestra era de la información.
Estas inquietudes parten de dos cuestiones particulares en relación a la ciencia y tecnología. La creación de la bomba atómica y la utilización de la tortura como técnica para obtener información (y la aceptación de su uso por las democracias).
Quizás adelantándonos al desarrollo podríamos expresar que la creación -ya sea por un Estado democrático ó autoritario- de una tecnología cuya única aplicación sea tan destructiva nos llevaría a cuestionar la neutralidad valorativa de la tecnología. Por otro lado conocer tantos principios científicos y técnicos -que no podemos des-aprender- cuya aplicación solo tiene fines destructivos implica un peligro para la supervivencia de la especie.

En el siglo XVII con el surgimiento del iluminismo y la modernidad se plantea el conocimiento científico como fuente de un progreso continuo que conduciría a la plena realización de la humanidad y a la paz perpetua. Esta idea romántica hoy en día -aunque haya quienes aún la compartan- no se puede sostener en los hechos a la luz de una historia moderna profundamente violenta.
También es necesario distinguir entre ciencia y tecnología, entre lo saberes, sus usos y aplicaciones prácticas. 
Por último debemos pensar en la naturaleza específicamente humana de la tecnología.

La idea de progreso indefinido y realización del hombre por medio del saber científico presenta grandes críticas. Walter Benjamin premonitoriamente -sin llegar a ver los horrores de los campos de exterminio ni el uso de la bomba Agelus Novus" de Paul Klee como el progreso nos despedirá del paraíso con una fuerza huracanada impulsada por el horror. Posteriormente sus colegas de la Escuela de Frankfurt, Adorno y Horkheimer, en su "Dialéctica del iluminismo" profundizarán esta mirada pesimista sobre la modernidad y la idea de progreso a través del conocimiento científico y la tecnología. Para estos filósofos, Auschwitz (los campos de exterminio) no son un error, una desvío equivocado del programa del iluminismo, sino por el contrario su máxima realización. [Cabe mencionar aunque sea al margen una curiosidad de estos filósofos marxistas que habiendo presenciado la creación de la Unión Soviética no orientan su trabajo al planteo de un revolución sino a evitar el ascenso del fascismo]. Estas ideas todavía hacen eco en filósofos contemporáneos como Georgio Agamben que sostiene que el actual régimen biopolítico al que estamos sometidos reproduce el modelo del campo de exterminio. O Bifo quien afirma que "el futuro ya no existe". [La película "Volver al futuro 2" de 1989; en la que viajan 25 años hacia el futuro -nuestro actual presente- en el que esperaban automóviles voladores entre otros adelantos tecnológicos, muestra que no han habido grandes cambios, y los más importantes se basan en inventos ya existentes en 1989].
atómica- presagia la catástrofe que guarda el futuro. La tesis IX de su filosofía de la historia ilustra con el "
Sobre esta premisa iluminista podríamos decir que indiscutidamente en la modernidad hemos asistido a un progreso científico y tecnológico sin parangón en la historia de la humanidad. Pero también podemos decir que todos los adelantos tecnológicos (con contadas excepciones) fueron utilizados como instrumentos de destrucción. Tampoco nadie duda que los nuevos inventos por venir seguirán siendo utilizados para eso. Por el contrario, el desarrollo militar y de armamentos es una de las principales fuentes de innovación tecnológica y de allí provienen muchos dispositivos que utilizamos en nuestra vida cotidiana, como internet, los hornos de micro-ondas, las pantallas de las computadoras portátiles, entre otros incontables inventos.
Por el contrario, como plantea Bifo, "el futuro dejó de existir", incluso en otro extremo, "hemos llegado al fin de la historia" como anuncia Francis Fukuyama.
La física cuántica ha logrado dar cuenta de todo -incluso de la nada misma (el "vacío")- con el descubrimiento de la "partícula de dios". La física cuántica logró dar cuenta de historia del universo, desde su origen con en el Big Bang hasta su desaparición. La ciencia plantea -a diferencia de lo que sostiene Max Weber- una creciente unificación de los campos. La cibernética y las ciencias de la información han establecido el modelo de otros campos que la imitan, como la genética (la biología), las neurociencias, la ecología (si podemos considerarla ciencia), la economía, etc.
En definitiva debemos reconocer en la actualidad un impresionante desarrollo tecnológico, pero al mismo tiempo admitir una total pérdida de vigencia del ideal iluminista de progreso indefinido y su relación a la realización del hombre. Por otro lado este desarrollo tecnológico no nos ha abierto las puertas (salvo en la ciencia ficción) a nuevos mundos . La innovación tecnológica nos ha traído grandes novedades inundando los museos con objetos de un pasado al que todavía pertenecemos.

Nos interesa continuar reflexionando sobre la diferencia entre ciencia y tecnología y saber y uso. Ante todo la relación indisociable entre estas y diferenciar enfáticamente la asociación errada de identificar la tecnología con su objeto o dispositivo. Esto es, en primer lugar plantear la tecnología como teórica o del saber científico. Esto es pensar la tecnología mucho más allá del mero dispositivo, objeto o herramienta, sino como el uso concreto que se le da dentro de la exigencia de un saber científico.
aplicación técnica de un saber científico. Y por otro lado presentar el objeto técnico como instrumento para la realización de una tarea individualizada establecida por las mismas necesidades que plantea el estado del conocimiento científico en un momento y situación dada. En otras palabras, pensar la tecnología como una técnica en el despliegue de sus instrumentos para ejecutar de forma práctica una necesidad establecida por una exigencia
Gilbert Simondón plantea un punto de partida para pensar la relación entre ciencia y tecnología en un sentido muy amplio y desde sus efectos generalizados para todos los campos y saberes que dan forma a lo social. Simondón es una importante influencia para la filosofía de Gilles Deleuze y Michel Foucault. Michel Foucault ha estudiado profundamente el saber, como se originaron los conocimientos científicos, los poderes que ejercen, las prácticas disciplinarias que despliegan, y de que manera gobiernan aspectos de nuestras vida.
Volvamos al punto de partida que aquí proponemos: la relación entre ciencia y tecnología. Simondon plantea dos tipos de objetos técnicos, los superiores y los inferiores. Los inferiores son aquellos instrumentos que utilizamos casi intuitivamente y que no requieren un saber generalizado más que la destreza técnica para la ejecución de la tarea específica que permite realizar ese objeto. Podemos pensar a los objetos técnicos inferiores -en un sentido muy básico- como el martillo, un destornillador, -hasta más complejos como- como los comandos para conducir un vehículo o los instrumentos para volar un avión.
Los instrumentos técnicos superiores tienen un carácter de tipo más enciclopédico, de aplicación más abstracto y general. Los objetos técnicos superiores no se focalizan en la ejecución de una tarea específica sino de una serie de labores interconectadas que en su conjunto producen un resultado. Establecen diferentes tareas complementarias en un procedimiento integrado con la finalidad de crear objetos técnicos concretos. Las distintas actividades que establecen los objetos técnicos superiores se articulan a manera de engranajes y su lógica es la de la máquina. En este sentido los objetos técnicos superiores son formas de saber abstractas que configuran una serie de procesos organizados para obtener un resultado específico.
Simondon distingue los objetos técnicos superiores con saberes enciclopédicos mecánicos, electrónicos y digitales. Cada uno produce sus objetos técnicos específicos. Pero Foucault lleva esta idea de tecnología más lejos. Estudia el surgimiento de los saberes humanos durante el siglo XVIII, las primeras ciencias del hombre que concretamente son la lingüística, la biología y la economía política
El nacimiento de la lingüística, la biología y la economía política dan lugar a la aparición de una nueva era, una nueva lógica, así como nuevas formas de poder lo que Foucault llama biopolítica. Estas ciencias humanas provocan un salto del renacimiento a la modernidad brindando al capitalismo de un instrumento fundamental para su desarrollo: el Estado.
y gobierno sobre la vida:
Estas formas de saber modernas como la lingüística, la biología y la economía política permiten producir los instrumentos para una nueva organización de la vida. La lingüística permite pensar al lenguaje -ya no como representación (como forma de nombrar a las cosas)- sino como organismo vivo, un atributo compartido por una comunidad de hablantes, como acerbo que contiene los saberes y capacidades de un pueblo, lo que en definitiva constituye a una nación.
La biología en sus comienzas se encuentra muy emparentada con la lingüística y utiliza su mismo sistema de clasificación de las especies. Las lenguas y las especies son pensadas bajo el esquema del árbol genealógico distinguiendo -de lo que tienen en común- distintos niveles, de sus raíces primitivas, sus troncos comunes, sus ramificaciones y en sus extremos superiores sus especies más florecientes. Estas dos formas de saber presentan los fundamentos lingüísticos y biológicos de un pueblo estableciendo la nación como su unidad.
Por último, la economía política, el conocimiento sobre la producción de riquezas en términos agregados y de gestión de la necesidad material de la vida de un pueblo. En resumen, la lengua nacional compartida que permite pensar la lingüística, el sustrato biológico de ese pueblo, y los principios que gobiernan la creación material colectiva de una población, brindan las condiciones para la aparición del Estado nación como lo entendemos hoy en día.
Aquí la relación entre ciencia y tecnología está pensada en un sentido más complejo que una estricta noción de instrumento técnico como objeto y saber mecánico productor de herramientas o maquinarias. Lo que plantea Foucault como ciencia y tecnología tendría que ver más con la maquinaria humana que constituyen las ciencias del hombre. La enseñanza de la lengua, su transmisión, su tradición oral, el establecimiento de su literatura nacional, la creación de gramáticas, diccionarios, academias, etc., son tecnologías producidas por el saber de la lingüística. En este sentido, a partir del siglo XVIII el saber, el conocimiento científico, no se encuentra confinado exclusivamente al campo de la creación de objetos mecánicos, sino que establece un orden sobre lo social. En otras palabras, las ciencias humanas son formas de saber que establecen el orden mecánico de lo social. La tecnología es también una lógica que gobierna al nivel del establecimiento de las relaciones sociales.
Nos gustaría continuar esta cuestión de otra manera. El objeto técnico inferior -pensemos en algo rudimentario, una herramienta- no es un resultado fortuito producto de la voluntad individual de un sujeto. Es la consecuencia de una forma superior de saber que para realizar una tarea particular -como mecanismo o engranaje- dentro de un serie de procedimientos más complejos. En otras palabras, la herramienta es el resultado de un estado particular de las formas del conocimiento científico y sus necesidades para ejecutar tareas individuales
dentro de un proceso con articulaciones complejas. [Muy brevemente resumiremos algo de una complejidad inabarcable que constituye el núcleo del pensamiento de Simondon: la individualización. El individuo, desde todo punto de vista (ya sea mecánico o humano), es un objeto técnico. La individualización es la forma que asume cualquier elemento para desempeñar una acción en un medio determinado. En este sentido, un padre, un martillo, un colectivero, un avión y una computadora, son el resultado de un proceso de individualización. Esto significa una adaptación técnica a una situación particular establecida por una forma superior, abstracta y genérica, que plantea la necesidad de esa tarea. La individualización de los objetos técnicos no es autónoma -más allá de condiciones ambientales extremadamente específicas- de sus formas generales más abstractas y viceversa.].

Cuando un descubrimiento arqueológico presenta un objeto utilizado por una civilización desaparecida largo tiempo atrás no lo exhibe como una pieza inconexa, como algo que no guarda relación alguna con la manera de vivir de ese pueblo. Todo lo contrario. El descubrimiento arqueológico solo existe en la medida que se puede asociar a un uso o costumbre de comunidad. Si no pudiera realizar estas conexiones la arqueología sería una práctica de recolecciones de objetos al azar, arbitrarios, que daría lo mismo si fueron producidos por la naturaleza o el hombre. Sin embargo la arqueología intenta reconstruir a partir
de estos objetos sus lazos con sus formas de conocimiento, la lógicas que llevaron a su elaboración, las características de la cultura que utilizaba ese objeto, e imaginar como era la vida del pueblo que usaba esa clase de objetos.
Es curioso que un objeto aislado puede "decir" tanto de quienes lo utilizaron incluso cuando esas personas y su cultura hayan desaparecido hace mucho tiempo. Es como si ese objeto fuera ya una parte de esos hombres, como si pudiéramos extraer de él información sobre ellos como en una muestra de ADN.
Con esto queremos señalar que no hay objetos técnicos sin el hombre. En otras palabras, que los objetos técnicos son en sí parte del hombre.
En algún sentido sugerimos que la existencia del hombre es esencialmente tecnológica. Que la tecnología es parte de la "naturaleza" humana. Aquí no nos interesa rastrear el mito de origen del hombre, de su paso de la naturaleza a la cultura, sino plantear el objeto tecnológico como condición humana.
En este sentido la tecnología no es algo extraño o ajeno al hombre sino algo "natural" y propio.
En el existencialismo de Heidegger el ser encuentra su plenitud cuando es-ahí con los objetos de su entorno. Porsupuesto que la experiencia de la existencia del ente se da en un plano interior íntimo, sin embargo el ser se manifiesta como una conciliación entre lo singular y universal en relación a los hábitos y costumbres (y sus objetos) como su esencia.
Aquí nos interesa llegar a un planteo muy común que se la ciencia ficción y muchos especialistas en tecnología. Nos referimos a la visión apocalíptica de si alguna vez seremos dominados por las máquinas al estilo de la película Terminator. Esta pregunta tiene dos respuestas. Por un lado sí y por el otro no.
Lo que queremos decir es que por un lado es absurdo pensar si la tecnología terminará dominando a los humanos. La tecnología es algo esencialmente humano y es imposible pensarlo sin ella. Incluso quienes sostienen el peligro de la dominación de las máquinas siguen dependiendo de ellas vitalmente en un doble sentido. Por un lado no pueden prescindir de una forma de saber de cualquier tipo. Por el otro, aunque sea para cuestiones tan básicas como lavarse los dientes o realizar las labores más básicas requieren de algún instrumento. Incluso intentar marcar un límite o umbral de que tipo de saber, -"pre-científico", mecánico, eléctrico o electrónico- y sus objetos técnicos se admita como "menos peligrosos" para el hombre no se puede anular la relación simbiótica con la tecnología.
En este sentido no se puede pensar en una "rebelión de las máquinas" que domine y someta al hombre como en una distopia de ciencia ficción.
Por otro lado, si dicha dominación de las máquinas fuera posible ya ha sucedido. Y subrayo "ya ha sucedido" en vez de "hubiera sucedido". En este sentido es un hecho más que una posibilidad.
Cuando mencionamos la indivudualización señalamos que tanto el hombre como los objetos son el resultado de un proceso técnico. El hombre se ha vuelto en sí una máquina. Para la biología (la genética) el hombre es una máquina, un dispositivo de transmisión de información. La reproducción es vista como una transmisión de la información acumulada a lo largo del tiempo (nuestro patrimonio genético: la experiencia almacenada por nuestros ancestros) a la próxima generación. Para las neurociencias nuestro cerebro es una computadora. Funciona de la misma manera que microprocesador realizando operaciones mediante conexiones eléctricas. Para la ecología somos un subsistema que interactúa con otros sistemas en un intento por encontrar un equilibrio funcional. Sin ir demasiado más lejos, para la economía también somos una máquina, un conjunto de organismos, que producen, intercambian y consumen manteniendo vivo al sistema del mercado.
Vivimos en una era de la automatización. Las máquinas requieren una intervención mínima para su funcionamiento autorregulado. La pregunta aquí es ¿Quien autorregula el funcionamiento de quien? ¿Nosotros regulamos el funcionamiento de las máquinas o las máquinas regulan el nuestro?
Personalmente creo que ya las máquinas autorregulan nuestro funcionamiento más que nosotros el de ellas.

Ahora intentemos volver a las preguntas del comienzo. ¿Podemos des-aprender un saber? y si ¿La tecnología es valorativamente neutra?
La pregunta por des-aprender un saber plantea un gran problema presente en el mito de la caja de Pandora. Una vez que la abrimos no la podemos cerrar. Una vez que aprendemos un saber podemos elegir no usarlo pero ya no dejar de saberlo. Incluso aunque ya no dispongamos de los objetos técnicos para su aplicación mantenemos en el conocimiento científico la capacidad de volver a crearlos.
La respuesta a la pregunta por si es posible deshacerse de un saber es categórica: no. Deshacernos de los instrumentos técnicos de una saber no elimina la capacidad técnica para volverlos a crear.
Esto es relevante en función de la segunda pregunta por la neutralidad valorativa de la ciencia. Si la ciencia fuera valorativamente neutra no poder des-aprender un conocimiento no sería un problema. En caso contrario sí lo sería.
La ciencia siempre se ha jactado de su neutralidad en sentido que se basa en principios universales, que responde a las leyes generales de la naturaleza y el universo. Siempre ha aspirado a adoptar los esquemas puros de la lógica y la matemática. En este sentido la ciencia se autoproclama valorativamente neutra. Es decir que sus objetos técnicos no pueden ser ni "buenos" ni "malos". Que solo el uso que les damos puede crear esta distinción.
Pero incluso el aspecto puro de la matemática y la lógica que ostenta la ciencia plantea un problema. El mismo Heisenberg tratando de predecir el comportamiento de las partículas subatómicas mediante cálculos matemáticos concluyó que no esto no es posible postulando el principio de la incertidumbre. Al parecer ni la misma matemática -por sí sola- puede explicar el funcionamiento del átomo y por tanto del universo.
Para el caso de la lógica Wittgenstein también postuló -en su monumental crítica a Frege- que podemos pensar tantas lógicas como sujetos y situaciones pueda existir y en cada caso deberíamos considerar sus reglas particulares. Esto sería que la lógica no posee una razón universal sino infinitas lógicas particulares.
Con esto solo hemos planteado que el conocimiento científico no puede considerarse universal y no su neutralidad valorativa.
Al mencionar anteriormente la relación entre ciencia y tecnología y como opera en estos el principio de individualización señalamos que los objetos técnicos estaban sujetos a las formas de saber. Pero también en una fugaz referencia señalamos que la individualización en ambos casos implica una adaptación a un medio específico que puede afectar mutuamente a los objetos técnicos y los saberes científicos que le dan forma. Esto sería que en ciertas situaciones el medio donde se aplica el objeto técnico puede influir sobre las formas de saber abstracto. Que ciertas situaciones de aplicabilidad de la técnica pueden condicionar las formas de saber.
En este sentido la ciencia ya no podría garantizar sus principios de universalidad ni por la matemática, la lógica, ni la contingencia de su situación ajuste y calibre su funcionamiento.
de aplicabilidad. Esto plantea -ya por una cuestión de lógica interna- necesariamente la ciencia no puede ser valorativamente neutra. Por el contrario, como todo ente autónomo necesita de una regulación que la

Ya fuera de toda especulación lógica sobre esta cuestión me remito a dos hechos concretos preocupantes. La creación de la bomba atómica y la tortura.
En la tortura podríamos encontrar ciertos matices. En el caso del sado-masoquismo podríamos llegar a encontrar a la tortura como una práctica de producción de placer. Ese caso particular -en esa individualización- de la tortura (frente a su uso como método para obtener información) podríamos pensar una situación de ambiguedad en la que su aplicación determinaría su valoración.
El caso de la bomba atómica plantea un problema más categórico. La única aplicación de la bomba atómica es como arma de destrucción masiva. Incluso el argumento para su uso, "salvar vidas" es en sí una paradoja sin sentido. ¿Como semejante arma de tal poder destructivo utilizada sobre una población civil puede salvar vidas? ¿De que manera acabar con tantas vidas puede salvar vidas?
Es obvio que semejante justificación es excusa absurda y aún hoy es muy discutido si uso tuvo que ver menos con poner fin a la guerra que con manifestar a posibles rivales como la Unión Soviética el poderío militar de los Estados Unidos.
Lo que sigue planteando esto sobre el interrogante en torno a la neutralidad valorativa de ciencia es como los mismos científicos estuvieron dispuestos a construir semejante arma a partir de una forma de saber con aspiraciones tan nobles. 
Esto nos puede llevar a sugerir que la forma del saber de la física cuántica en sí no implicara la posibilidad de la creación de semejante arma como la bomba atómica. Por el contrario, que la situación singular de una guerra de aniquilación posibilitara las condiciones de una individualización técnica que hicieran posible que el saber sobre el poder del átomo llevara a su posibilidad de existencia.
En tal caso podríamos especular con la posibilidad remota de la neutralidad
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valorativa del conocimiento científico. Pero también podríamos considerar todo lo contrario de la tecnología. Que en sí la creación de objetos tecnológicos implica una valoración ética.

Podríamos concluir de la siguiente manera. Siendo el hombre en sí mismo un objeto técnico y viviendo una era de automatización en la que la autonomía del funcionamiento del hombre está regulada por el objeto tecnológico (y no de manera inversa); y el enorme conocimiento científico (que no podemos des-aprender) para producir destrucción a escala planetaria, la supervivencia de la especie está en manos de una máquina para la cual nuestra existencia no representa en sí mismo ningún dilema.

Sin duda no seremos dominados por las máquinas como en la fantasía de Terminator. Sin embargo nuestra existencia como especie está en manos de una máquina humana regulada por una máquina técnica.

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