martes, 27 de octubre de 2015

Inesperado: El porvenir de la política en la Argentina

Inesperado: El porvenir de la política en la Argentina

Tal vez sea algo prematuro plantear esto, especialmente cuando todo pronóstico se ha vuelto confuso. Pero localizando un planteo en el presente, es evidente que en este momento el porvenir de la política en la Argentina es inesperado.
Resulta al menos curioso que después de doce años de hegemonía (aunque muchos discuten esto) política del kirchnerismo los tres principales candidatos a la presidencia argentina pudieran ser referentes -o puedan ser identificados- con el menemismo.
Menem fue el padrino político -y literalmente el padrino de bodas- de Sergio Massa. Macri nunca disimuló su admiración por Menem y sin duda comparte los principios neoliberales de su gobierno. Y fué Menem quien inició la carrera política de Scioli.
Aquí podemos plantear varios interrogantes ¿Como después de doce años de gobierno -y supuesta hegemonía política- kirchnerista los principales aspirantes a la presidencia tienen un perfil opuesto al del oficialismo? ¿Porqué después de tantos logros -que incluso la misma oposición supo reconocer- el electorado argentino manifestó una marcada preferencia por candidatos relacionados a la política de los años 90? Por último, y más sorprendente ¿Como el mismo kirchnerismo llegó a impulsar la candidatura de Scioli para la presidencia?

La primer pregunta debería llevarnos a pensar como se llegó a configurar esta preferencia electoral después de doce años ininterrumpidos -el período más largo de largo en la historia argentina- de gobierno kirchnerista. Aquí podemos pensar varias cosas. Que paulatinamente el clima político y preferencias del electorado fueron cambiando y el gobierno no supo acompañar este movimiento. Que el kirchnerismo no le dió suficiente importancia a la cuestión de la renovación de liderazgos para dar continuación a su política. O que el mismo gobierno erosionó su popularidad y apoyo -no con sus políticas sino- con su discurso.
El kirchnerismo siendo gobierno y con todas las ventajas que esto brinda perdieron la gobernación de la provincia de Buenos Aires y no obtuvieron un resultado alentador en la elección para la presidencia. Ofrecía cierta continuidad, que considerando nuestro inestable sistema política, la predecibilidad es algo valorado por ciertos actores políticos y el electorado en general. Cuenta con un modelo político claro orientado a la ampliación de derechos y a un Estado comprometido con las cuestiones sociales. Y a pesar de los conflictos en los que estuvo involucrado, el kirchnerismo, en su larga estadía en el gobierno no enfrentó ninguna crisis terminal como las que estamos acostumbrados a ver en la política argentina (como los casos de Alfonsín, Menem y De la Rúa). En este sentido el kirchnerismo contaba con elementos suficientes para garantizar una triunfo electoral a nivel nacional y en contra de todo pronóstico no obtuvo una victoria decisiva.
Podríamos intentar encontrar varias explicaciones para esto. En primer lugar la "hipótesis kirchnerista": los medios. Ésto no es una cuestión menor y no es mera paranoia del gobierno. Los medios no disimularon su desagrado por el gobierno y supieron hacer todo lo posible para desprestigiarlo. Sin embargo, aunque esto pudo intervenir, no podemos explicar esta situación exclusivamente por esto.
Las "expectativas crecientes", categoría sociológica acuñada por Di Tella para explicar el declive del populismo del gobierno de Perón, que expresa la necesidad continua en estos procesos políticos de generar mayor bienestar, derechos y conquistas sociales. Cuando Microsoft y Windows tenían el dominio indiscutido (y casi monopólico) sobre los sistema operativos enfrentaron un desafío curioso. Se volvieron su mayor competencia. Una vez que conseguían  crear un sistema operativo exitoso se les hacía más difícil crear una nueva versión que fuera mejor, y como hemos visto, muchas fueron peor que las anteriores. Podríamos pensar que el kirchnerismo generó "expectativas crecientes" que se hicieron cada vez más difíciles de cumplir a lo largo de sus sucesivos gobiernos. Laclau habla de una creciente incorporación y satisfacción demandas para describir los procesos populistas. Es enorme la lista de logros del kirchnerismo, pero al final no consiguieron dar una respuesta contundente a la pobreza estructural de algunas de las provincias más pobres del país. Más allá del progresismo (terminó en sí muy incierto) que supo ostentar el kirchnerismo no logró dar respuesta a cuestiones como la megaminería, el derecho al aborto, entre muchas otras cuestiones. Pero ante todo no logró transformar la matriz del modelo de acumulación basado en la producción de soja y los bancos fueron unos de las más beneficiados por las políticas del kirchnerismo.
Tal vez el kirchnerismo, en su última etapa, no logró ser lo suficientemente dinámico para mantener el nivel de logros que había conseguido a partir del gobierno de Nestor Kirchner. Y a pesar de intentar generar una mayor distribución del ingreso no consiguieron un éxito contundente para erradicar la pobreza estructural y cambiar el modelo de acumulación. Tal vez no pudieron profundizar el modelo a un ritmo, que al final, mostrara al kirchnerismo como una fuerza política de cambio como lo fue en sus comienzos.
Por otro lado, y a pesar de sus grandes esfuerzos de constituirse como una fuerza política independiente autónoma, no logró separarse por completo del peronismo. Aunque se separó y generó una oposición disidente dentro del partido justicialista no consiguió presindir por completo del peronismo. Los casos más notables de esto fueron sus alianzas con Menem en el Congreso, con algunos gobernadores, e intendentes (en especial con los "barones" bonaerenses) que habían contribuido con las políticas neoliberales de los años 90 y que más allá de la conveniencia de sus acercamientos no compartían en la práctica el discurso kirchnerista.
Tal vez al final el discurso kirchnerista perdió su fuerza inicial, no logró diferenciarse suficiente del peronismo tradicional (pero sí lo necesario para perder el apoyo de una parte del partido) y su retórica de confrontación adquirió mayor relevancia que su contenido propositivo.

Pero eso en sí no explica el retorno del neoliberalismo como fuerza política. ¿Porqué después de tantos logros no surgió otra propuesta populista ó "progresista" -incluso dentro del mismo kirchnerismo-, en vez de una neoliberal, que diera sierta continuidad al rumbo de la política argentina? No deja de ser curioso el giro que dió la política argentina. Es destacable el perfil neoliberal de los tres candidatos a presidente con más votos. Más aún, cuando en especial en el caso de Macri, su discurso de campaña no solo reconocía algunos logros del gobierno sino que además proponía mantener muchas de sus políticas.
Es necesario señalar que aunque Scioli era propiamente el candidato del oficialismo no era una elección natural para el kirchnerismo, sino una necesidad para obtener una victoria, basada en su popularidad y que las encuestas le atribuyeran una intención de voto más alta que los demás aspirantes de esa fuerza. En algún sentido Scioli siempre fue un "outsider" para el kirchnerismo. A pesar de haber acompañado como vicepresidente a Nestor Kirchner el kirchnerismo más "ortodoxo" siempre supo criticarlo y diferenciarse de Scioli. Incluso podemos llegar a pesar que Scioli logró mantenerse dentro de esa fuerza por su capacidad de atraer votos y una obstinada "lealtad" ó calculado interés.
Pero esto sigue sin explicar porque el electorado no se sintió atraído por otro candidato del kirchnersimo ni de cualquiera que propusiera un rumbo similar al de la política que se venía llevando adelante. Es difícil entender el giro tan drástico hacia una política tan opuesta. Como si esto fuera más que un desgaste de la figura de Cristina Fernandez de Kirchner, una demanda de recambio de liderazgo, de permitir que otra fuerza política continuara el rumbo tomado. El electorado parecía querer un cambio radical: volver a una política neoliberal.
No tenemos que ignorar que quien obtuvo más votos en la primera vuelta de la elección presidencial fue el candidato del Frente para la Victoria. Esto evidencia que el kirchnerismo sigue siendo una fuerza política preponderante en la política nacional argentina. Al mismo tiempo no podemos dejar de reconocer la derrota en la provincia de Buenos Aires, como de otros distritos (incluso intendencias) importantes que se encontraban en manos del kirchnerismo.
Pero nuevamente esto no deja de explicar porque el oficialismo fue derrotado por una fuerza con una propuesta tan opuesta a la del kirchnerismo. Tal vez estamos exagerando y adelantándonos a los hechos. Sin embargo persiste el interrogante por la manifestación de un cambio tan abrupto de rumbo político por el electorado. De que otra fuerza con una propuesta política con un rumbo similar a la actual se haya impuesto como alternativa de cambio. No deja de ser sorprendente como estas elecciones abrieron la puerta a una alternativa neoliberal, especialmente cuando aún siguen a la vista muchas heridas del fracaso de esa política.
Queda especular con que el kirchnerismo mantendrá aún el poder aunque sea en manos de Scioli y en definitiva no haya un cambio tan drástico de rumbo en la política argentina. Que la fuerza de Macri haya planteado una propuesta competitiva (en términos de Schumpeter) de cambio y renovación política demandada por el electorado. Incluso que asistimos, en una política del espectáculo, a un excesiva personalización y que el electorado ya no vota partido ni propuestas sino a personas.
Tal vez este planteo sea prematuro y no exista tal viraje de una política populista o "progresista" a una neoliberal. El kirchnerismo sigue manteniendo una mayoría significativa en el congreso y aún obtuvo la mayor cantidad de votos a presidente.
Pero si en el ballotage Cambiemos lograra obtener una victoria plantearía el giro político aquí mencionado. La presidencia de la nación y el gobierno de la provincia y ciudad de Buenos Aires en manos de la fuerza encabezada por el PRO indicarían una reconfiguración significativa del panorama político en la Argentina.

El tercer interrogante que planteamos al comienzo vuelve de alguna forma vuelve a la inquietud de fondo sobre si estas elecciones marcan un cambio de rumbo en la política argentina. Que la mejor opción del kirchnerismo fuera Scioli no deja de ser algo "inquietante". Para el mismo electorado kirchnerista esta opción genera entusiasmo. Incluso insiste con que "votan al modelo", como confirmando ciertas reservas hacia el candidato. Como si la postulación de Scioli fuera la elección del "mal menor". Una medida necesaria para mantener al kirchnerismo en el poder.
Esto sigue planteando varias cuestiones. Como porqué el mejor candidato del kirchnerismo tiene un perfil tan alejado al de sus bases. Porqué su mejor opción se asemeja tanto a los candidatos con propuestas neoliberales. Porque otro candidato del kirchnerismo no pudo presentar más posibilidad de ganar las elecciones presidenciales.
Esto nos lleva a pensar en la renovación kirchnerista, su estrategia electoral y en el fondo si este resultado se debe más a un "error" en el armado de su fórmula presidencial o si efectivamente el electorado se volcó por una alternativa neoliberal.
Es necesario señalar que el nombre propio ha tenido un peso fundamental en el liderazgo kirchnerista. Esto tal vez jugó un poco en su contra creando una percepción  demasiado "dinástica", como si el poder recayera sobre una familia en vez de un movimiento político. Por otro lado, es cierto que el kirchnerismo supo crear muchos liderazgos y referentes de su movimiento, sin embargo su "núcleo duro" se mantuvo casi inalterado durante sus doce años. Hay quienes sostienen que la "mesa chica" del kirchnerismo siempre fue muy "chica". 
Tal vez el estilo kirchnerista concentró demasiado el poder, que debería haber dado más visibilidad a otros líderes del movimiento, que esos líderes no poseen el mismo carisma cautivante de los Kirchner, o simplemente que el electorado cambió sus preferencias y quiere darle la oportunidad de gobernar a otra fuerza política.
Podemos pensar el problema de la renovación kirchnerista, como un desacierto táctico, una consecuencia de su armado de poder, o el infortunio de no contar en sus filas con un candidato que resultara atractivo para el resto del electorado "no-kirchnerista". Esto plantea varias cuestiones. Primero, el peso del carisma personal de los Kirchner y el peso que se le dió a esto dentro del kirchnerismo. Que el kirchnerismo unificó tanto su discurso y creó una identificación tan fuerte que imposibilitó a cualquiera de sus candidatos apelar a un electorado fuera de las bases del mismo movimiento. Esto refuerza la explicación de porque fue elegido Scioli como candidato, que estando tan alejado del centro kirchnerista podía sumar votos del electorado indeciso. Esto plantea dos cuestiones, ¿porque el kirchnerismo puro no puede ampliar sus bases para captar el caudal necesario para mantener la presidencia? y ¿porqué no le permitieron a Scioli atraer votos de un electorado no-kirchnerista? La primer pregunta plantea que el discurso kirchnerista tiene una recepción que provoca una ferviente reacción y lealtad y al mismo tiempo establece una frontera de identificación fija que impide incluir a otros sectores del electorado. La segunda, que representaba un riesgo (perder votos de esa base kirchnerista) que Scioli se dirigiera a otro público.
En el caso de pensar la (aún incierta) derrota del kirchnerismo en las elecciones por un desacierto en el plateo de su estrategia de campaña atenuaría el supuesto del viraje de la política en la Argentina. Por otro lado centrar la campaña presidencial en el discurso conciliador de Scioli -acercándolo más a Macri y a otros segmentos del electorado alejados del kirchnerismo- vuelve a reforzar de un cambio de preferencia en el votante.
Esto en definitiva abonaría el supuesto de una transformación inesperada de la política, de una inclinación del electorado hacia un cambio, y una creciente atracción del neoliberalismo.

En definitiva podemos pensar que a pesar que el kirchnerismo es una fuerza preponderante en la Argentina se percibe un giro en la política del populismo ó "progresismo" hacia el neoliberalismo. En cierta medida el mismo kirchnerismo erosionó su alcance al perder gradualmente cierto dinamismo inicial, al no haber logrado modificar la matriz del modelo de acumulación, seguir dependiendo de ciertos sectores del peronismo tradicional, establecer un discurso tan homogéneo que no permitió ampliar su base electoral, centrar demasiado el movimiento en la imagen del líder (puntualmente de los Kirchner), de a pesar de haber formado nuevos referentes no haber conseguido establecer líderes para su renovación, y, contando con un candidato que podía apelar a un electorado más amplio y cercano a otros candidatos no haber aprovechado esa oportunidad.

La cuestión de fondo de esta reflexión plantea que tanto en el caso del triunfo del kirchnerismo como de Cambiemos se evidencia un giro en la política argentina hacia el neoliberalismo.
Queda pendiente saber quien llevará adelante ese cambio, si el kirchnerismo ó cambiemos, Macri ó Scioli, y cuán profundo será.
Esto es un cambio tanto inesperado como incierto.

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