sábado, 31 de octubre de 2015

Especulaciones intempestivas sobre la tecnología:

Especulaciones intempestivas sobre la tecnología: Ciencia y saber como prácticas específicamente humanas

Estas son algunas reflexiones en torno a la tecnología motivadas por los siguientes interrogantes ¿Como se puede des-aprender un saber? Esto es, cuestionando el principio moderno e iluminista del saber como fuente de progreso ilimitado, ¿Se puede considerar la tecnología en un sentido no valorativo ó éticamente neutro?
Estas preguntas brindan un marco para reflexionar sobre una crítica de la tecnología en nuestra era de la información.
Estas inquietudes parten de dos cuestiones particulares en relación a la ciencia y tecnología. La creación de la bomba atómica y la utilización de la tortura como técnica para obtener información (y la aceptación de su uso por las democracias).
Quizás adelantándonos al desarrollo podríamos expresar que la creación -ya sea por un Estado democrático ó autoritario- de una tecnología cuya única aplicación sea tan destructiva nos llevaría a cuestionar la neutralidad valorativa de la tecnología. Por otro lado conocer tantos principios científicos y técnicos -que no podemos des-aprender- cuya aplicación solo tiene fines destructivos implica un peligro para la supervivencia de la especie.

En el siglo XVII con el surgimiento del iluminismo y la modernidad se plantea el conocimiento científico como fuente de un progreso continuo que conduciría a la plena realización de la humanidad y a la paz perpetua. Esta idea romántica hoy en día -aunque haya quienes aún la compartan- no se puede sostener en los hechos a la luz de una historia moderna profundamente violenta.
También es necesario distinguir entre ciencia y tecnología, entre lo saberes, sus usos y aplicaciones prácticas. 
Por último debemos pensar en la naturaleza específicamente humana de la tecnología.

La idea de progreso indefinido y realización del hombre por medio del saber científico presenta grandes críticas. Walter Benjamin premonitoriamente -sin llegar a ver los horrores de los campos de exterminio ni el uso de la bomba Agelus Novus" de Paul Klee como el progreso nos despedirá del paraíso con una fuerza huracanada impulsada por el horror. Posteriormente sus colegas de la Escuela de Frankfurt, Adorno y Horkheimer, en su "Dialéctica del iluminismo" profundizarán esta mirada pesimista sobre la modernidad y la idea de progreso a través del conocimiento científico y la tecnología. Para estos filósofos, Auschwitz (los campos de exterminio) no son un error, una desvío equivocado del programa del iluminismo, sino por el contrario su máxima realización. [Cabe mencionar aunque sea al margen una curiosidad de estos filósofos marxistas que habiendo presenciado la creación de la Unión Soviética no orientan su trabajo al planteo de un revolución sino a evitar el ascenso del fascismo]. Estas ideas todavía hacen eco en filósofos contemporáneos como Georgio Agamben que sostiene que el actual régimen biopolítico al que estamos sometidos reproduce el modelo del campo de exterminio. O Bifo quien afirma que "el futuro ya no existe". [La película "Volver al futuro 2" de 1989; en la que viajan 25 años hacia el futuro -nuestro actual presente- en el que esperaban automóviles voladores entre otros adelantos tecnológicos, muestra que no han habido grandes cambios, y los más importantes se basan en inventos ya existentes en 1989].
atómica- presagia la catástrofe que guarda el futuro. La tesis IX de su filosofía de la historia ilustra con el "
Sobre esta premisa iluminista podríamos decir que indiscutidamente en la modernidad hemos asistido a un progreso científico y tecnológico sin parangón en la historia de la humanidad. Pero también podemos decir que todos los adelantos tecnológicos (con contadas excepciones) fueron utilizados como instrumentos de destrucción. Tampoco nadie duda que los nuevos inventos por venir seguirán siendo utilizados para eso. Por el contrario, el desarrollo militar y de armamentos es una de las principales fuentes de innovación tecnológica y de allí provienen muchos dispositivos que utilizamos en nuestra vida cotidiana, como internet, los hornos de micro-ondas, las pantallas de las computadoras portátiles, entre otros incontables inventos.
Por el contrario, como plantea Bifo, "el futuro dejó de existir", incluso en otro extremo, "hemos llegado al fin de la historia" como anuncia Francis Fukuyama.
La física cuántica ha logrado dar cuenta de todo -incluso de la nada misma (el "vacío")- con el descubrimiento de la "partícula de dios". La física cuántica logró dar cuenta de historia del universo, desde su origen con en el Big Bang hasta su desaparición. La ciencia plantea -a diferencia de lo que sostiene Max Weber- una creciente unificación de los campos. La cibernética y las ciencias de la información han establecido el modelo de otros campos que la imitan, como la genética (la biología), las neurociencias, la ecología (si podemos considerarla ciencia), la economía, etc.
En definitiva debemos reconocer en la actualidad un impresionante desarrollo tecnológico, pero al mismo tiempo admitir una total pérdida de vigencia del ideal iluminista de progreso indefinido y su relación a la realización del hombre. Por otro lado este desarrollo tecnológico no nos ha abierto las puertas (salvo en la ciencia ficción) a nuevos mundos . La innovación tecnológica nos ha traído grandes novedades inundando los museos con objetos de un pasado al que todavía pertenecemos.

Nos interesa continuar reflexionando sobre la diferencia entre ciencia y tecnología y saber y uso. Ante todo la relación indisociable entre estas y diferenciar enfáticamente la asociación errada de identificar la tecnología con su objeto o dispositivo. Esto es, en primer lugar plantear la tecnología como teórica o del saber científico. Esto es pensar la tecnología mucho más allá del mero dispositivo, objeto o herramienta, sino como el uso concreto que se le da dentro de la exigencia de un saber científico.
aplicación técnica de un saber científico. Y por otro lado presentar el objeto técnico como instrumento para la realización de una tarea individualizada establecida por las mismas necesidades que plantea el estado del conocimiento científico en un momento y situación dada. En otras palabras, pensar la tecnología como una técnica en el despliegue de sus instrumentos para ejecutar de forma práctica una necesidad establecida por una exigencia
Gilbert Simondón plantea un punto de partida para pensar la relación entre ciencia y tecnología en un sentido muy amplio y desde sus efectos generalizados para todos los campos y saberes que dan forma a lo social. Simondón es una importante influencia para la filosofía de Gilles Deleuze y Michel Foucault. Michel Foucault ha estudiado profundamente el saber, como se originaron los conocimientos científicos, los poderes que ejercen, las prácticas disciplinarias que despliegan, y de que manera gobiernan aspectos de nuestras vida.
Volvamos al punto de partida que aquí proponemos: la relación entre ciencia y tecnología. Simondon plantea dos tipos de objetos técnicos, los superiores y los inferiores. Los inferiores son aquellos instrumentos que utilizamos casi intuitivamente y que no requieren un saber generalizado más que la destreza técnica para la ejecución de la tarea específica que permite realizar ese objeto. Podemos pensar a los objetos técnicos inferiores -en un sentido muy básico- como el martillo, un destornillador, -hasta más complejos como- como los comandos para conducir un vehículo o los instrumentos para volar un avión.
Los instrumentos técnicos superiores tienen un carácter de tipo más enciclopédico, de aplicación más abstracto y general. Los objetos técnicos superiores no se focalizan en la ejecución de una tarea específica sino de una serie de labores interconectadas que en su conjunto producen un resultado. Establecen diferentes tareas complementarias en un procedimiento integrado con la finalidad de crear objetos técnicos concretos. Las distintas actividades que establecen los objetos técnicos superiores se articulan a manera de engranajes y su lógica es la de la máquina. En este sentido los objetos técnicos superiores son formas de saber abstractas que configuran una serie de procesos organizados para obtener un resultado específico.
Simondon distingue los objetos técnicos superiores con saberes enciclopédicos mecánicos, electrónicos y digitales. Cada uno produce sus objetos técnicos específicos. Pero Foucault lleva esta idea de tecnología más lejos. Estudia el surgimiento de los saberes humanos durante el siglo XVIII, las primeras ciencias del hombre que concretamente son la lingüística, la biología y la economía política
El nacimiento de la lingüística, la biología y la economía política dan lugar a la aparición de una nueva era, una nueva lógica, así como nuevas formas de poder lo que Foucault llama biopolítica. Estas ciencias humanas provocan un salto del renacimiento a la modernidad brindando al capitalismo de un instrumento fundamental para su desarrollo: el Estado.
y gobierno sobre la vida:
Estas formas de saber modernas como la lingüística, la biología y la economía política permiten producir los instrumentos para una nueva organización de la vida. La lingüística permite pensar al lenguaje -ya no como representación (como forma de nombrar a las cosas)- sino como organismo vivo, un atributo compartido por una comunidad de hablantes, como acerbo que contiene los saberes y capacidades de un pueblo, lo que en definitiva constituye a una nación.
La biología en sus comienzas se encuentra muy emparentada con la lingüística y utiliza su mismo sistema de clasificación de las especies. Las lenguas y las especies son pensadas bajo el esquema del árbol genealógico distinguiendo -de lo que tienen en común- distintos niveles, de sus raíces primitivas, sus troncos comunes, sus ramificaciones y en sus extremos superiores sus especies más florecientes. Estas dos formas de saber presentan los fundamentos lingüísticos y biológicos de un pueblo estableciendo la nación como su unidad.
Por último, la economía política, el conocimiento sobre la producción de riquezas en términos agregados y de gestión de la necesidad material de la vida de un pueblo. En resumen, la lengua nacional compartida que permite pensar la lingüística, el sustrato biológico de ese pueblo, y los principios que gobiernan la creación material colectiva de una población, brindan las condiciones para la aparición del Estado nación como lo entendemos hoy en día.
Aquí la relación entre ciencia y tecnología está pensada en un sentido más complejo que una estricta noción de instrumento técnico como objeto y saber mecánico productor de herramientas o maquinarias. Lo que plantea Foucault como ciencia y tecnología tendría que ver más con la maquinaria humana que constituyen las ciencias del hombre. La enseñanza de la lengua, su transmisión, su tradición oral, el establecimiento de su literatura nacional, la creación de gramáticas, diccionarios, academias, etc., son tecnologías producidas por el saber de la lingüística. En este sentido, a partir del siglo XVIII el saber, el conocimiento científico, no se encuentra confinado exclusivamente al campo de la creación de objetos mecánicos, sino que establece un orden sobre lo social. En otras palabras, las ciencias humanas son formas de saber que establecen el orden mecánico de lo social. La tecnología es también una lógica que gobierna al nivel del establecimiento de las relaciones sociales.
Nos gustaría continuar esta cuestión de otra manera. El objeto técnico inferior -pensemos en algo rudimentario, una herramienta- no es un resultado fortuito producto de la voluntad individual de un sujeto. Es la consecuencia de una forma superior de saber que para realizar una tarea particular -como mecanismo o engranaje- dentro de un serie de procedimientos más complejos. En otras palabras, la herramienta es el resultado de un estado particular de las formas del conocimiento científico y sus necesidades para ejecutar tareas individuales
dentro de un proceso con articulaciones complejas. [Muy brevemente resumiremos algo de una complejidad inabarcable que constituye el núcleo del pensamiento de Simondon: la individualización. El individuo, desde todo punto de vista (ya sea mecánico o humano), es un objeto técnico. La individualización es la forma que asume cualquier elemento para desempeñar una acción en un medio determinado. En este sentido, un padre, un martillo, un colectivero, un avión y una computadora, son el resultado de un proceso de individualización. Esto significa una adaptación técnica a una situación particular establecida por una forma superior, abstracta y genérica, que plantea la necesidad de esa tarea. La individualización de los objetos técnicos no es autónoma -más allá de condiciones ambientales extremadamente específicas- de sus formas generales más abstractas y viceversa.].

Cuando un descubrimiento arqueológico presenta un objeto utilizado por una civilización desaparecida largo tiempo atrás no lo exhibe como una pieza inconexa, como algo que no guarda relación alguna con la manera de vivir de ese pueblo. Todo lo contrario. El descubrimiento arqueológico solo existe en la medida que se puede asociar a un uso o costumbre de comunidad. Si no pudiera realizar estas conexiones la arqueología sería una práctica de recolecciones de objetos al azar, arbitrarios, que daría lo mismo si fueron producidos por la naturaleza o el hombre. Sin embargo la arqueología intenta reconstruir a partir
de estos objetos sus lazos con sus formas de conocimiento, la lógicas que llevaron a su elaboración, las características de la cultura que utilizaba ese objeto, e imaginar como era la vida del pueblo que usaba esa clase de objetos.
Es curioso que un objeto aislado puede "decir" tanto de quienes lo utilizaron incluso cuando esas personas y su cultura hayan desaparecido hace mucho tiempo. Es como si ese objeto fuera ya una parte de esos hombres, como si pudiéramos extraer de él información sobre ellos como en una muestra de ADN.
Con esto queremos señalar que no hay objetos técnicos sin el hombre. En otras palabras, que los objetos técnicos son en sí parte del hombre.
En algún sentido sugerimos que la existencia del hombre es esencialmente tecnológica. Que la tecnología es parte de la "naturaleza" humana. Aquí no nos interesa rastrear el mito de origen del hombre, de su paso de la naturaleza a la cultura, sino plantear el objeto tecnológico como condición humana.
En este sentido la tecnología no es algo extraño o ajeno al hombre sino algo "natural" y propio.
En el existencialismo de Heidegger el ser encuentra su plenitud cuando es-ahí con los objetos de su entorno. Porsupuesto que la experiencia de la existencia del ente se da en un plano interior íntimo, sin embargo el ser se manifiesta como una conciliación entre lo singular y universal en relación a los hábitos y costumbres (y sus objetos) como su esencia.
Aquí nos interesa llegar a un planteo muy común que se la ciencia ficción y muchos especialistas en tecnología. Nos referimos a la visión apocalíptica de si alguna vez seremos dominados por las máquinas al estilo de la película Terminator. Esta pregunta tiene dos respuestas. Por un lado sí y por el otro no.
Lo que queremos decir es que por un lado es absurdo pensar si la tecnología terminará dominando a los humanos. La tecnología es algo esencialmente humano y es imposible pensarlo sin ella. Incluso quienes sostienen el peligro de la dominación de las máquinas siguen dependiendo de ellas vitalmente en un doble sentido. Por un lado no pueden prescindir de una forma de saber de cualquier tipo. Por el otro, aunque sea para cuestiones tan básicas como lavarse los dientes o realizar las labores más básicas requieren de algún instrumento. Incluso intentar marcar un límite o umbral de que tipo de saber, -"pre-científico", mecánico, eléctrico o electrónico- y sus objetos técnicos se admita como "menos peligrosos" para el hombre no se puede anular la relación simbiótica con la tecnología.
En este sentido no se puede pensar en una "rebelión de las máquinas" que domine y someta al hombre como en una distopia de ciencia ficción.
Por otro lado, si dicha dominación de las máquinas fuera posible ya ha sucedido. Y subrayo "ya ha sucedido" en vez de "hubiera sucedido". En este sentido es un hecho más que una posibilidad.
Cuando mencionamos la indivudualización señalamos que tanto el hombre como los objetos son el resultado de un proceso técnico. El hombre se ha vuelto en sí una máquina. Para la biología (la genética) el hombre es una máquina, un dispositivo de transmisión de información. La reproducción es vista como una transmisión de la información acumulada a lo largo del tiempo (nuestro patrimonio genético: la experiencia almacenada por nuestros ancestros) a la próxima generación. Para las neurociencias nuestro cerebro es una computadora. Funciona de la misma manera que microprocesador realizando operaciones mediante conexiones eléctricas. Para la ecología somos un subsistema que interactúa con otros sistemas en un intento por encontrar un equilibrio funcional. Sin ir demasiado más lejos, para la economía también somos una máquina, un conjunto de organismos, que producen, intercambian y consumen manteniendo vivo al sistema del mercado.
Vivimos en una era de la automatización. Las máquinas requieren una intervención mínima para su funcionamiento autorregulado. La pregunta aquí es ¿Quien autorregula el funcionamiento de quien? ¿Nosotros regulamos el funcionamiento de las máquinas o las máquinas regulan el nuestro?
Personalmente creo que ya las máquinas autorregulan nuestro funcionamiento más que nosotros el de ellas.

Ahora intentemos volver a las preguntas del comienzo. ¿Podemos des-aprender un saber? y si ¿La tecnología es valorativamente neutra?
La pregunta por des-aprender un saber plantea un gran problema presente en el mito de la caja de Pandora. Una vez que la abrimos no la podemos cerrar. Una vez que aprendemos un saber podemos elegir no usarlo pero ya no dejar de saberlo. Incluso aunque ya no dispongamos de los objetos técnicos para su aplicación mantenemos en el conocimiento científico la capacidad de volver a crearlos.
La respuesta a la pregunta por si es posible deshacerse de un saber es categórica: no. Deshacernos de los instrumentos técnicos de una saber no elimina la capacidad técnica para volverlos a crear.
Esto es relevante en función de la segunda pregunta por la neutralidad valorativa de la ciencia. Si la ciencia fuera valorativamente neutra no poder des-aprender un conocimiento no sería un problema. En caso contrario sí lo sería.
La ciencia siempre se ha jactado de su neutralidad en sentido que se basa en principios universales, que responde a las leyes generales de la naturaleza y el universo. Siempre ha aspirado a adoptar los esquemas puros de la lógica y la matemática. En este sentido la ciencia se autoproclama valorativamente neutra. Es decir que sus objetos técnicos no pueden ser ni "buenos" ni "malos". Que solo el uso que les damos puede crear esta distinción.
Pero incluso el aspecto puro de la matemática y la lógica que ostenta la ciencia plantea un problema. El mismo Heisenberg tratando de predecir el comportamiento de las partículas subatómicas mediante cálculos matemáticos concluyó que no esto no es posible postulando el principio de la incertidumbre. Al parecer ni la misma matemática -por sí sola- puede explicar el funcionamiento del átomo y por tanto del universo.
Para el caso de la lógica Wittgenstein también postuló -en su monumental crítica a Frege- que podemos pensar tantas lógicas como sujetos y situaciones pueda existir y en cada caso deberíamos considerar sus reglas particulares. Esto sería que la lógica no posee una razón universal sino infinitas lógicas particulares.
Con esto solo hemos planteado que el conocimiento científico no puede considerarse universal y no su neutralidad valorativa.
Al mencionar anteriormente la relación entre ciencia y tecnología y como opera en estos el principio de individualización señalamos que los objetos técnicos estaban sujetos a las formas de saber. Pero también en una fugaz referencia señalamos que la individualización en ambos casos implica una adaptación a un medio específico que puede afectar mutuamente a los objetos técnicos y los saberes científicos que le dan forma. Esto sería que en ciertas situaciones el medio donde se aplica el objeto técnico puede influir sobre las formas de saber abstracto. Que ciertas situaciones de aplicabilidad de la técnica pueden condicionar las formas de saber.
En este sentido la ciencia ya no podría garantizar sus principios de universalidad ni por la matemática, la lógica, ni la contingencia de su situación ajuste y calibre su funcionamiento.
de aplicabilidad. Esto plantea -ya por una cuestión de lógica interna- necesariamente la ciencia no puede ser valorativamente neutra. Por el contrario, como todo ente autónomo necesita de una regulación que la

Ya fuera de toda especulación lógica sobre esta cuestión me remito a dos hechos concretos preocupantes. La creación de la bomba atómica y la tortura.
En la tortura podríamos encontrar ciertos matices. En el caso del sado-masoquismo podríamos llegar a encontrar a la tortura como una práctica de producción de placer. Ese caso particular -en esa individualización- de la tortura (frente a su uso como método para obtener información) podríamos pensar una situación de ambiguedad en la que su aplicación determinaría su valoración.
El caso de la bomba atómica plantea un problema más categórico. La única aplicación de la bomba atómica es como arma de destrucción masiva. Incluso el argumento para su uso, "salvar vidas" es en sí una paradoja sin sentido. ¿Como semejante arma de tal poder destructivo utilizada sobre una población civil puede salvar vidas? ¿De que manera acabar con tantas vidas puede salvar vidas?
Es obvio que semejante justificación es excusa absurda y aún hoy es muy discutido si uso tuvo que ver menos con poner fin a la guerra que con manifestar a posibles rivales como la Unión Soviética el poderío militar de los Estados Unidos.
Lo que sigue planteando esto sobre el interrogante en torno a la neutralidad valorativa de ciencia es como los mismos científicos estuvieron dispuestos a construir semejante arma a partir de una forma de saber con aspiraciones tan nobles. 
Esto nos puede llevar a sugerir que la forma del saber de la física cuántica en sí no implicara la posibilidad de la creación de semejante arma como la bomba atómica. Por el contrario, que la situación singular de una guerra de aniquilación posibilitara las condiciones de una individualización técnica que hicieran posible que el saber sobre el poder del átomo llevara a su posibilidad de existencia.
En tal caso podríamos especular con la posibilidad remota de la neutralidad
Añadir leyenda
valorativa del conocimiento científico. Pero también podríamos considerar todo lo contrario de la tecnología. Que en sí la creación de objetos tecnológicos implica una valoración ética.

Podríamos concluir de la siguiente manera. Siendo el hombre en sí mismo un objeto técnico y viviendo una era de automatización en la que la autonomía del funcionamiento del hombre está regulada por el objeto tecnológico (y no de manera inversa); y el enorme conocimiento científico (que no podemos des-aprender) para producir destrucción a escala planetaria, la supervivencia de la especie está en manos de una máquina para la cual nuestra existencia no representa en sí mismo ningún dilema.

Sin duda no seremos dominados por las máquinas como en la fantasía de Terminator. Sin embargo nuestra existencia como especie está en manos de una máquina humana regulada por una máquina técnica.

martes, 27 de octubre de 2015

Inesperado: El porvenir de la política en la Argentina

Inesperado: El porvenir de la política en la Argentina

Tal vez sea algo prematuro plantear esto, especialmente cuando todo pronóstico se ha vuelto confuso. Pero localizando un planteo en el presente, es evidente que en este momento el porvenir de la política en la Argentina es inesperado.
Resulta al menos curioso que después de doce años de hegemonía (aunque muchos discuten esto) política del kirchnerismo los tres principales candidatos a la presidencia argentina pudieran ser referentes -o puedan ser identificados- con el menemismo.
Menem fue el padrino político -y literalmente el padrino de bodas- de Sergio Massa. Macri nunca disimuló su admiración por Menem y sin duda comparte los principios neoliberales de su gobierno. Y fué Menem quien inició la carrera política de Scioli.
Aquí podemos plantear varios interrogantes ¿Como después de doce años de gobierno -y supuesta hegemonía política- kirchnerista los principales aspirantes a la presidencia tienen un perfil opuesto al del oficialismo? ¿Porqué después de tantos logros -que incluso la misma oposición supo reconocer- el electorado argentino manifestó una marcada preferencia por candidatos relacionados a la política de los años 90? Por último, y más sorprendente ¿Como el mismo kirchnerismo llegó a impulsar la candidatura de Scioli para la presidencia?

La primer pregunta debería llevarnos a pensar como se llegó a configurar esta preferencia electoral después de doce años ininterrumpidos -el período más largo de largo en la historia argentina- de gobierno kirchnerista. Aquí podemos pensar varias cosas. Que paulatinamente el clima político y preferencias del electorado fueron cambiando y el gobierno no supo acompañar este movimiento. Que el kirchnerismo no le dió suficiente importancia a la cuestión de la renovación de liderazgos para dar continuación a su política. O que el mismo gobierno erosionó su popularidad y apoyo -no con sus políticas sino- con su discurso.
El kirchnerismo siendo gobierno y con todas las ventajas que esto brinda perdieron la gobernación de la provincia de Buenos Aires y no obtuvieron un resultado alentador en la elección para la presidencia. Ofrecía cierta continuidad, que considerando nuestro inestable sistema política, la predecibilidad es algo valorado por ciertos actores políticos y el electorado en general. Cuenta con un modelo político claro orientado a la ampliación de derechos y a un Estado comprometido con las cuestiones sociales. Y a pesar de los conflictos en los que estuvo involucrado, el kirchnerismo, en su larga estadía en el gobierno no enfrentó ninguna crisis terminal como las que estamos acostumbrados a ver en la política argentina (como los casos de Alfonsín, Menem y De la Rúa). En este sentido el kirchnerismo contaba con elementos suficientes para garantizar una triunfo electoral a nivel nacional y en contra de todo pronóstico no obtuvo una victoria decisiva.
Podríamos intentar encontrar varias explicaciones para esto. En primer lugar la "hipótesis kirchnerista": los medios. Ésto no es una cuestión menor y no es mera paranoia del gobierno. Los medios no disimularon su desagrado por el gobierno y supieron hacer todo lo posible para desprestigiarlo. Sin embargo, aunque esto pudo intervenir, no podemos explicar esta situación exclusivamente por esto.
Las "expectativas crecientes", categoría sociológica acuñada por Di Tella para explicar el declive del populismo del gobierno de Perón, que expresa la necesidad continua en estos procesos políticos de generar mayor bienestar, derechos y conquistas sociales. Cuando Microsoft y Windows tenían el dominio indiscutido (y casi monopólico) sobre los sistema operativos enfrentaron un desafío curioso. Se volvieron su mayor competencia. Una vez que conseguían  crear un sistema operativo exitoso se les hacía más difícil crear una nueva versión que fuera mejor, y como hemos visto, muchas fueron peor que las anteriores. Podríamos pensar que el kirchnerismo generó "expectativas crecientes" que se hicieron cada vez más difíciles de cumplir a lo largo de sus sucesivos gobiernos. Laclau habla de una creciente incorporación y satisfacción demandas para describir los procesos populistas. Es enorme la lista de logros del kirchnerismo, pero al final no consiguieron dar una respuesta contundente a la pobreza estructural de algunas de las provincias más pobres del país. Más allá del progresismo (terminó en sí muy incierto) que supo ostentar el kirchnerismo no logró dar respuesta a cuestiones como la megaminería, el derecho al aborto, entre muchas otras cuestiones. Pero ante todo no logró transformar la matriz del modelo de acumulación basado en la producción de soja y los bancos fueron unos de las más beneficiados por las políticas del kirchnerismo.
Tal vez el kirchnerismo, en su última etapa, no logró ser lo suficientemente dinámico para mantener el nivel de logros que había conseguido a partir del gobierno de Nestor Kirchner. Y a pesar de intentar generar una mayor distribución del ingreso no consiguieron un éxito contundente para erradicar la pobreza estructural y cambiar el modelo de acumulación. Tal vez no pudieron profundizar el modelo a un ritmo, que al final, mostrara al kirchnerismo como una fuerza política de cambio como lo fue en sus comienzos.
Por otro lado, y a pesar de sus grandes esfuerzos de constituirse como una fuerza política independiente autónoma, no logró separarse por completo del peronismo. Aunque se separó y generó una oposición disidente dentro del partido justicialista no consiguió presindir por completo del peronismo. Los casos más notables de esto fueron sus alianzas con Menem en el Congreso, con algunos gobernadores, e intendentes (en especial con los "barones" bonaerenses) que habían contribuido con las políticas neoliberales de los años 90 y que más allá de la conveniencia de sus acercamientos no compartían en la práctica el discurso kirchnerista.
Tal vez al final el discurso kirchnerista perdió su fuerza inicial, no logró diferenciarse suficiente del peronismo tradicional (pero sí lo necesario para perder el apoyo de una parte del partido) y su retórica de confrontación adquirió mayor relevancia que su contenido propositivo.

Pero eso en sí no explica el retorno del neoliberalismo como fuerza política. ¿Porqué después de tantos logros no surgió otra propuesta populista ó "progresista" -incluso dentro del mismo kirchnerismo-, en vez de una neoliberal, que diera sierta continuidad al rumbo de la política argentina? No deja de ser curioso el giro que dió la política argentina. Es destacable el perfil neoliberal de los tres candidatos a presidente con más votos. Más aún, cuando en especial en el caso de Macri, su discurso de campaña no solo reconocía algunos logros del gobierno sino que además proponía mantener muchas de sus políticas.
Es necesario señalar que aunque Scioli era propiamente el candidato del oficialismo no era una elección natural para el kirchnerismo, sino una necesidad para obtener una victoria, basada en su popularidad y que las encuestas le atribuyeran una intención de voto más alta que los demás aspirantes de esa fuerza. En algún sentido Scioli siempre fue un "outsider" para el kirchnerismo. A pesar de haber acompañado como vicepresidente a Nestor Kirchner el kirchnerismo más "ortodoxo" siempre supo criticarlo y diferenciarse de Scioli. Incluso podemos llegar a pesar que Scioli logró mantenerse dentro de esa fuerza por su capacidad de atraer votos y una obstinada "lealtad" ó calculado interés.
Pero esto sigue sin explicar porque el electorado no se sintió atraído por otro candidato del kirchnersimo ni de cualquiera que propusiera un rumbo similar al de la política que se venía llevando adelante. Es difícil entender el giro tan drástico hacia una política tan opuesta. Como si esto fuera más que un desgaste de la figura de Cristina Fernandez de Kirchner, una demanda de recambio de liderazgo, de permitir que otra fuerza política continuara el rumbo tomado. El electorado parecía querer un cambio radical: volver a una política neoliberal.
No tenemos que ignorar que quien obtuvo más votos en la primera vuelta de la elección presidencial fue el candidato del Frente para la Victoria. Esto evidencia que el kirchnerismo sigue siendo una fuerza política preponderante en la política nacional argentina. Al mismo tiempo no podemos dejar de reconocer la derrota en la provincia de Buenos Aires, como de otros distritos (incluso intendencias) importantes que se encontraban en manos del kirchnerismo.
Pero nuevamente esto no deja de explicar porque el oficialismo fue derrotado por una fuerza con una propuesta tan opuesta a la del kirchnerismo. Tal vez estamos exagerando y adelantándonos a los hechos. Sin embargo persiste el interrogante por la manifestación de un cambio tan abrupto de rumbo político por el electorado. De que otra fuerza con una propuesta política con un rumbo similar a la actual se haya impuesto como alternativa de cambio. No deja de ser sorprendente como estas elecciones abrieron la puerta a una alternativa neoliberal, especialmente cuando aún siguen a la vista muchas heridas del fracaso de esa política.
Queda especular con que el kirchnerismo mantendrá aún el poder aunque sea en manos de Scioli y en definitiva no haya un cambio tan drástico de rumbo en la política argentina. Que la fuerza de Macri haya planteado una propuesta competitiva (en términos de Schumpeter) de cambio y renovación política demandada por el electorado. Incluso que asistimos, en una política del espectáculo, a un excesiva personalización y que el electorado ya no vota partido ni propuestas sino a personas.
Tal vez este planteo sea prematuro y no exista tal viraje de una política populista o "progresista" a una neoliberal. El kirchnerismo sigue manteniendo una mayoría significativa en el congreso y aún obtuvo la mayor cantidad de votos a presidente.
Pero si en el ballotage Cambiemos lograra obtener una victoria plantearía el giro político aquí mencionado. La presidencia de la nación y el gobierno de la provincia y ciudad de Buenos Aires en manos de la fuerza encabezada por el PRO indicarían una reconfiguración significativa del panorama político en la Argentina.

El tercer interrogante que planteamos al comienzo vuelve de alguna forma vuelve a la inquietud de fondo sobre si estas elecciones marcan un cambio de rumbo en la política argentina. Que la mejor opción del kirchnerismo fuera Scioli no deja de ser algo "inquietante". Para el mismo electorado kirchnerista esta opción genera entusiasmo. Incluso insiste con que "votan al modelo", como confirmando ciertas reservas hacia el candidato. Como si la postulación de Scioli fuera la elección del "mal menor". Una medida necesaria para mantener al kirchnerismo en el poder.
Esto sigue planteando varias cuestiones. Como porqué el mejor candidato del kirchnerismo tiene un perfil tan alejado al de sus bases. Porqué su mejor opción se asemeja tanto a los candidatos con propuestas neoliberales. Porque otro candidato del kirchnerismo no pudo presentar más posibilidad de ganar las elecciones presidenciales.
Esto nos lleva a pensar en la renovación kirchnerista, su estrategia electoral y en el fondo si este resultado se debe más a un "error" en el armado de su fórmula presidencial o si efectivamente el electorado se volcó por una alternativa neoliberal.
Es necesario señalar que el nombre propio ha tenido un peso fundamental en el liderazgo kirchnerista. Esto tal vez jugó un poco en su contra creando una percepción  demasiado "dinástica", como si el poder recayera sobre una familia en vez de un movimiento político. Por otro lado, es cierto que el kirchnerismo supo crear muchos liderazgos y referentes de su movimiento, sin embargo su "núcleo duro" se mantuvo casi inalterado durante sus doce años. Hay quienes sostienen que la "mesa chica" del kirchnerismo siempre fue muy "chica". 
Tal vez el estilo kirchnerista concentró demasiado el poder, que debería haber dado más visibilidad a otros líderes del movimiento, que esos líderes no poseen el mismo carisma cautivante de los Kirchner, o simplemente que el electorado cambió sus preferencias y quiere darle la oportunidad de gobernar a otra fuerza política.
Podemos pensar el problema de la renovación kirchnerista, como un desacierto táctico, una consecuencia de su armado de poder, o el infortunio de no contar en sus filas con un candidato que resultara atractivo para el resto del electorado "no-kirchnerista". Esto plantea varias cuestiones. Primero, el peso del carisma personal de los Kirchner y el peso que se le dió a esto dentro del kirchnerismo. Que el kirchnerismo unificó tanto su discurso y creó una identificación tan fuerte que imposibilitó a cualquiera de sus candidatos apelar a un electorado fuera de las bases del mismo movimiento. Esto refuerza la explicación de porque fue elegido Scioli como candidato, que estando tan alejado del centro kirchnerista podía sumar votos del electorado indeciso. Esto plantea dos cuestiones, ¿porque el kirchnerismo puro no puede ampliar sus bases para captar el caudal necesario para mantener la presidencia? y ¿porqué no le permitieron a Scioli atraer votos de un electorado no-kirchnerista? La primer pregunta plantea que el discurso kirchnerista tiene una recepción que provoca una ferviente reacción y lealtad y al mismo tiempo establece una frontera de identificación fija que impide incluir a otros sectores del electorado. La segunda, que representaba un riesgo (perder votos de esa base kirchnerista) que Scioli se dirigiera a otro público.
En el caso de pensar la (aún incierta) derrota del kirchnerismo en las elecciones por un desacierto en el plateo de su estrategia de campaña atenuaría el supuesto del viraje de la política en la Argentina. Por otro lado centrar la campaña presidencial en el discurso conciliador de Scioli -acercándolo más a Macri y a otros segmentos del electorado alejados del kirchnerismo- vuelve a reforzar de un cambio de preferencia en el votante.
Esto en definitiva abonaría el supuesto de una transformación inesperada de la política, de una inclinación del electorado hacia un cambio, y una creciente atracción del neoliberalismo.

En definitiva podemos pensar que a pesar que el kirchnerismo es una fuerza preponderante en la Argentina se percibe un giro en la política del populismo ó "progresismo" hacia el neoliberalismo. En cierta medida el mismo kirchnerismo erosionó su alcance al perder gradualmente cierto dinamismo inicial, al no haber logrado modificar la matriz del modelo de acumulación, seguir dependiendo de ciertos sectores del peronismo tradicional, establecer un discurso tan homogéneo que no permitió ampliar su base electoral, centrar demasiado el movimiento en la imagen del líder (puntualmente de los Kirchner), de a pesar de haber formado nuevos referentes no haber conseguido establecer líderes para su renovación, y, contando con un candidato que podía apelar a un electorado más amplio y cercano a otros candidatos no haber aprovechado esa oportunidad.

La cuestión de fondo de esta reflexión plantea que tanto en el caso del triunfo del kirchnerismo como de Cambiemos se evidencia un giro en la política argentina hacia el neoliberalismo.
Queda pendiente saber quien llevará adelante ese cambio, si el kirchnerismo ó cambiemos, Macri ó Scioli, y cuán profundo será.
Esto es un cambio tanto inesperado como incierto.

domingo, 25 de octubre de 2015

Aforismos de la política: La promesa y la traición

Aforismos de la política: La promesa y la traición

"Et tu, Bruté?"
Shakespeare "Julio Cesar"

"Síganme no los voy a defraudar"
Carlos S. Menem


La política se basa en dos principios: La promesa y la traición. Fundamente inmanentes que se mantienen a lo largo del tiempo adoptando nuevas formas pero manteniendo la misma lógica.
La promesa es necesaria para la política como un compromiso a cumplir en futuro incierto inexistente salvo en las palabras que lo conjuran. La política necesita proyectarse hacia un tiempo por venir como condición de su realización como profecía ó farsa.
La promesa para la política no es algo que debe ser cumplido tanto como algo que debe generar creencia. La promesa es el instrumento de la creencia, fundamentada ó no, de un porvenir sin garantías.
La política no hace uso de la promesa como intención sino como causa. Crea el compromiso de una asociación para la realización de esa promesa. En otras palabras, la promesa hace posible la finalidad común en la que se funda la política.
Para la política es más importante preservar el compromiso de mantenerse juntos que la realización de lo prometido.
Por eso mismo la política y la traición son dos condiciones necesarias de la política.
La traición está inscripta en la misma promesa porque es imposible ser fiel a algo que aún no se conoce. La fidelidad atenta contra la política en la medida  que el apego a lo prometido aleja y separa lo que en un principio había unido. La traición es la garantía de mantener junto lo unido por la promesa, de liberar a la política de los caprichos de lo deseable para mantenerla dentro de lo posible.
La traición, como la promesa, despliega la potencia de la política al desatarla de sus obstáculos, de los peligros de separar lo que se encuentra unido. La traición  elimina la amenaza de la creencia incondicional en lo prometido y su compromiso con ese fin más que en el medio que brinda.
Para que haya traición es necesario que exista amistad. No hay traición sin fidelidad. No se puede traicionar a un enemigo. Solo se puede traicionar al amigo.
Sin promesa no hay fidelidad y sin fidelidad no hay traición. Promesa y traición van de la mano en la política. No habría política alguna sin ellas.
Solo el hombre sabio entiende el contenido vacuo de la promesa y su finalidad de la misma manera que espera la traición de sus amigos. El hombre ingenuo se deja encantar por lo prometido y el imprudente se empecina en ello ignorando la deslealtad de sus amigos.
La confianza y la creencia son defectos de la política. La deslealtad y el escepticismo sus virtudes.
Esta es la tragedia de la política

sábado, 24 de octubre de 2015

Libertad, igualdad y fraternidad: Paradojas del final de una era

Libertad, igualdad y fraternidad: Paradojas del final de una era


Esta reflexión fué generada a raíz de una discusión en twitter sobre el neoliberalismo. Un defensor de la libertad, igualdad y fraternidad, se burló y calificó de absurdas algunas citas de Byung-Chul Han -la nueva celebridad de la filosofía- que difundí en esa red social. Esto me llevó a pensar como se pueden entender hoy estos principios liberales desde el mismo liberalismo.

Es necesario comenzar por algo evidente. "Libertad, igualdad y fraternidad" es una declaración del siglo XIX, en algún sentido para nuestro presente, una época ya lejana. Podemos pensar este retorno al pasado como una suerte de nostalgia, de recuperar algo perdido, de restaurar la vitalidad de algo "antiguo".
Sin embargo estas viejas ideas de la libertad, igualdad y la fraternidad, tienen gran vigencia en el presente.

Se han acuñado términos como "neo-cons" o "neoconservadores" para referirse a este gesto de mirar al pasado y querer restaurar los principios liberales del siglo XIX. Sin embargo este movimiento a partir de los años 80 del siglo XX se ha vuelto la fuerza política más innovadora, con propuestas de cambio (reformas) y un programa claro y concreto. Las izquierdas, por el contrario, se volvieron conservadoras, no supieron generar nuevas propuestas ni convocar a otros movimientos sociales (como los feminismos, ecologistas, entre otros), y cuando eventualmente obtuvieron el poder llevaron adelante medidas neoliberales: y el laborismo de Tony Blair es el mejor ejemplo de esto. Mientras la estrategia política de la izquierda se desintegraba la derecha consolidaba los mecanismos e instrumentos de un nuevo orden global: el neoliberalismo.
 En definitiva, a finales del siglo XX vimos la clausura de cualquier proyecto revolucionario y la reforma liberal se volvió el único camino viable para la política. En drástico cambio de marea la izquierda se replegó desordenadamente y la derecha tomó la iniciativa avanzando firmemente.

La pregunta aquí es sobre ¿Que relación guardan los principios de libertad, igualdad y fraternidad con el neoliberalismo? ¿Que democracia se reivindica hoy estos principios de la revolución francesa?
Reflexionemos sobre estos tres principios uno a la vez.
La libertad es un atributo de los individuos. La noción de individuo se refiere a elementos abstractos. El individuo es una parte indivisible, una unidad mínima, que puede tener múltiples referencias, tanto abstractas como concretas, analíticas ó reales, posibles ó inexistentes. El sujeto (histórica y geográficamente localizado) es una categoría completamente diferente. Por un lado se encuentra en una situación concreta, dentro de un proceso específico, sujeto a las fuerzas de un entorno real; y se puede descomponer -gracias al psicoanálisis- (como lo hizo la mecánica cuántica con el átomo) en sus componentes constitutivos (el yo, el superyó y el ello) del aparato psíquico. Pero el liberalismo ya denunció "la miseria del historicismo" volviendo de la historia materialista a una especie de nuevo idealismo.
En este sentido la historia del individuo ya no es memoria de la experiencia de los sujetos en relación a su despliegue vital y material en el tiempo, sino las dispersiones singulares de las partes de un todo en situaciones reales o imaginadas. En otras palabras, la libertad del individuo puede, ó no, hacer referencia a situaciones concretas, reales, sino posibles. En este sentido, el individuo es libre incluso si no ejerce la libertad, porque lógicamente podría hacerlo, y por tanto es libre de tomar la decisión, incluso de no ser libre. La renuncia a la libertad se puede considera una forma de ejercicio de la misma. Elegir ser libre ó no es en definitiva un acto de una voluntad libre.

Dejemos atrás esta lógica y preguntémonos ¿Cual es hoy el país más libre? Preguntémosnos, en un sentido liberal, ¿Donde existe hoy la mayor libertad económica: de empresa? La respuesta en sí plantea una paradoja, porque no es Estados Unidos, la cuna de la democracia, donde existe mayor libertad de empresa. Por el contrario, en ese país existen incontables restricciones ambientales, impositivas, regulaciones de todo tipo, y ni hablar del trabajo, sus derechos y  sus uniones  gremiales y sindicatos. En estos términos no podemos considerar a Estados Unidos un país con grandes libertades económicas.
China, por el contrario, ofrece muchas más libertades económicas que Estados Unidos. En China se puede producir prácticamente cualquier cosa sin importar sus consecuencias medioambientales ni sociales. En términos de libertades económicas, China tal vez esté a la cabeza. En China no hay demasiadas restricciones, regulaciones, ni derechos laborales, para producir con un modelo de libre empresa. En China se pueden realizar actividades industriales que en muchas democracias desarrolladas estarían prohibidas.
La libertad aquí presenta una paradoja: el país con mayor libertad de empresa no es una democracia de un país capitalista. Por el contrario, la mayor libertad de empresa se encuentra en (lo que muchos liberales) llamarían una "dictadura" "comunista". El país con mayor libertad de empresa (y mayor cantidad de millonarios del planeta) no existen las libertades individuales, como la de expresión, elección libre de las autoridades, y amparo de los poderes del Estado.
No deja de ser un problema, por una cantidad de cuestiones, que el motor del liberalismo económico sea un país "comunista". Esta realidad nos muestra que la libertad económica no florece ante una total ausencia del Estado, sino por el contrario, mediante un Estado avasalladoramente controlador (algunos dirían totalitario).
Sigamos adelante con la Igualdad. Se ha insistido sobre la igualdad que se trata de una igualdad ante la ley. El siglo XX ha mostrado que incluso las mismas leyes sirvieron para establecer diferencias. El caso del sufragio femenino es un buen ejemplo de ello, y que la segregación racial en Estados Unidos se estableció mediante leyes. Incluso después del reconocimiento de los mismos derechos para la gente de color (producto de una ardua lucha) aún su ejercicio pleno en algunas regiones de ese país sigue siendo un problema. Concretamente podemos decir que las leyes tampoco han podido garantizar la igualdad y en algunos casos fueron las mismas las que generaron estas desigualdades. 
Si pensamos esto mismo hoy resulta aún más problemático. Las democracias desarrolladas, bajo la acción afirmativa (afirmative action) -lo que podríamos llamar "discriminación positiva"- han sancionado leyes que garanticen una distribución equitativa del poder garantzando la participación de, por ejemplo, mujeres y minorías raciales, en la política y la economía.
Las mismas leyes, principio de la igualdad, hacen diferencian entre distintos grupos, circunscribiendo su aplicación y renunciando a su pretensión de universalidad, para garantizar la igualdad (o podríamos decir equidad para ser más justos).
La ley, en materia tributaria, tampoco tiene un principio igualitario. La ley no considera de la misma manera a los a los que más tienen y los que tienen menos. Los regímenes impositivos establecen diferencias y no somos iguales a la hora de pagar impuestos. En muchos casos, proporcionalmente, la gente con menos dinero paga más impuestos que la gente más rica. Tal vez la última cuestión -muy discutida actualmente- para mencionar sobre la igualdad ante la ley podría ser el matrimonio entre personas del mismo sexo. Esto es una clara evidencia de que las personas homosexuales no son iguales ante la ley que las personas heterosexuales.
Pero olvidémonos por un instante de la igualdad formal, la igualdad jurídica. La cuestión de género ha surgido como una resistencia a esta idea de igualdad que no puede dejar de ser ignorada. Los distintos movimientos feministas y LGBT han planteado más que la igualdad, la diferencia. Muchos de estos grupos, en contra de aspirar a una asimilación igualitaria, demandan un reconocimiento que afirme su diferencia. Esto plantea para la democracia, más que un problema para la igualdad, un desafío del reconocimiento de las diferencias.
Lo último que podemos decir sobre la igualdad es que para el 2016 se especula que el 1% de la población podría acumular el 50% de la riqueza total del mundo. Esto señalaría que vivimos en una era de gran desigualdad en la distribución de la riqueza. En este contexto es muy difícil pensar en igualdad más allá de un atributo formal ante la ley de un individuo abstracto. Es evidente que para la ley y la democracia la igualdad ha adquirido nuevos sentidos y dimensiones.
El tercer término, la fraternidad, habla por sí misma a través de la realidad que muestra nuestro presenta. Hoy el mundo no presenta demasiado espíritu de hermandad. No podríamos decir que la hospitalidad pueda caracterizar ni al mundo ni a las democracias. La competencia -más que la colaboración- , ocupa hoy un lugar de gran importancia en cualquier sociedad capitalista. La competencia es un principio fundamental del liberalismo. Es uno de sus pilares. Esto hace muy difícil pensar la fraternidad a partir de la competencia en el liberalismo. Para el liberalismo lo mejor que uno puede hacer por otro es ser egoísta. En principio, para el liberalismo, ser egoísta es la mejor manera de ocuparse de los demás. Pero sin entrar en demasiado debate, muchas veces las respuestas más simples terminan siendo las más lógicas: ocuparse de uno es lo mejor para uno, y preocuparse por los demás lo mejor para una comunidad.
Pero el aspecto más duro de la fraternidad no se encuentra en la competencia y el egoísmo sino en la hostilidad. Las naciones, incluyendo muchas democracias, han tratado, más que con hospitalidad, con hostilidad y violencia a otros pueblos. La invasión de Irak es tal vez el caso más paradigmático de la hostilidad entre naciones y de la violencia que las democracias son capaces de desplegar. La guerra y no la paz es lo que ha prevalecido en este nuevo siglo.
Hoy el problema de los refugiados por la guerra en Siria y el rechazo europeo de brindarles asilo es una muestra de la ausencia de fraternidad. Europa, Francia misma, cuna de estos ideales, ha abandonado cualquier aspiración de fraternidad. Por el contrario se ha volcado en la dirección opuesta y adoptado una posición hostil incluso hacia muchos de sus mismos habitantes basados en principios étnicos y religiosos, como algunos de los regímenes más horrorosos que supo ver la humanidad durante el siglo XX.

Para ir concluyendo. ¿Que ha sido de la libertad, la igualdad y la fraternidad en nuestro tiempo?
Por un lado vivimos un resurgimiento del liberalismo y la reivindicación de sus principios. Éste retorno al liberalismo y las ideas del siglo XIX señalan una nueva forma de conservadurismo que paradójicamente se ha establecido políticamente como una fuerza pujante -sin oposición- de cambio, transformación y progreso. Pero sus principios -como la libertad, la igualdad y la fraternidad- plantean enormes problemas para pensar la democracia en nuestro tiempo.
Que el motor de la libertad económica se sostenga mediante la privación de las libertades básicas plantea un dilema fundamental. ¿Puede existir la libertad económica garantizando las libertades individuales? ¿No se encuentran enfrentadas? Podemos especular teóricamente todo lo que queramos, pero la realidad nos presenta otra cosa.
Vivimos en una era de grandes desigualdades, tanto ante la ley como económicas. Por un lado la ley ha intentado compensarlas discriminando positivamente a quienes son tratados desigualmente, como medida compensatoria. Esto nos haría pensar en la renuncia a la pretensión de universalidad de ley y dudar del principio de igualdad jurídica. Por otro lado ciertos movimientos sociales demandan al Estado el reconocimiento de la diferencia planteando nuevas lógicas democráticas.
Vivimos en un mundo hostil. Sería muy difícil, a partir de la realidad, pensar la fraternidad -tanto hacia otros países como hacia el interior de una población- como un valor democrático. El mundo, los países ricos, no han brindado su hospitalidad a quienes la necesitaban desesperadamente.

No podemos terminar sin preguntarnos ¿En que clase de liberalismo vivimos?
No puedo encontrar respuesta a esta pregunta. Sólo se me ocurre parafrasear a Hegel quien sostiene que la historia se repite, la primera vez como comedia, la segunda como tragedia.

lunes, 19 de octubre de 2015

Es el sistema electoral estúpido!


Es el sistema electoral estúpido!
A una semana de las elecciones presidenciales hagamos el intento de adelantarnos a los hechos. Todavía el resultado es incierto. Sin embargo las encuestas nos brindan datos que permiten pintarnos posibles desenlaces.
Hagamos un ejercicio de ortodoxia teórica, como un físico frente a leyes generales. En este caso en base al debate entre Sartori y Dubenger, y la reforma del sistema electoral argentino del 2009. La ley de Dubenger y la tendencia de Sartori explican el efecto que tienen los sistemas electorales en la conformación de los sistemas de partidos. Dubenger plantea que los sistemas uninominales (de distrito único, como es el caso de la elección a presidente en Argentina) tienden a un sistema bipartidista y que los sistemas de segunda vuelta a sistemas multipartidistas. Sartori atenúa estas afirmaciones diciendo que los sistemas electorales establecen una tendencia, más que un efecto mecánico, determinada por otros factores relacionadas a las características y preferencias del electorado.
Es interesante preguntarnos como funcionan estos principios en Argentina en estas elecciones presidenciales. Que efectos tiene el sistema electoral sobre los partidos y el resultado de la elección.
La clave aquí es prestar atención a la "letra chica" del nuevo sistema electoral que hemos adoptado.
El proyecto de democratización, transparencia y equidad del sistema electoral se presentó en el 2009 y ese mismo año  se aprobó y promulgó como la ley N° 26.571. Tal vez no se le dió la importancia que se debía a este cambio. Claramente varias fuerzas no supieron comprender su importancia y significado.
Bajo el rótulo de democratización, transparencia y equidad se escondía algunas cuestiones que pasaron desapercibidas por muchos, incluso para algunos de los principales candidatos a la presidencia. La ley N° 26.571 trata en buena parte de establecer pautas para regular y controlar el financiamiento de las campañas, hacerlas más transparentes y justas al limitar la cantidad de dinero que puede recibir un partido. También introducía un mecanismo para democratizar la elección de candidatos dentro de un partido estableciendo internas abiertas y obligatorias, las famosas PASO. Esto es algo que a simple vista parecía conveniente para todos los partidos y permitió que esta nueva ley se aprobara en el Congreso si problema.
Lo que no se ve a simple vista en el texto de la ley era ¿Cuáles eran sus objetivos de fondo? Como dijimos anteriormente, el sistema electoral condiciona el sistema de partidos. Una reforma como ésta tendría un efecto en la conformación de los partidos políticos en la Argentina.
En primer lugar este nuevo sistema electoral se proponía intentar volver al clásico bipartidismo, elevando el umbral de cantidad de afiliados para poder participar en elecciones, y así eliminar los nuevos partidos pequeños que habían proliferado tras la fragmentación de los partidos tradicionales y evitar la aparición de nuevos. Esto era algo que principalmente le interesaba al PJ y a la UCR.
Por otro lado, las PASO, son mucho más que una elección interna de un partido. Este procedimiento proviene del modelo electoral del cáucaso utilizado en los Estados Unidos. Este sistema electoral busca mantener la contienda entre dos partidos y que estos tengan la oportunidad, a través de sucesivas votaciones, determinar cual de sus candidatos tiene mayores probabilidades de ganar y así conformar su fórmula. La elección a presidente en Estados Unidos es muy distinta a la que tenemos en la argentina, pero las PASO intentaban incorporar algunos elementos de ése proceso electoral.
La finalidad de las PASO era simplificar la cantidad de listas para las elecciones presidenciales y canalizar más votos hacia las principales fuerzas políticas, idealmente, enfrentando dos candidatos. El sistema del cáucaso en Estados Unidos permite que los candidatos con mayores chances de ser electos conformen alianzas internas para asegurar la victoria de su partido. Esto es algo fundamentalmente de nuestro sistema electoral.
Las PASO se proponen promover alianzas en las fórmulas entre los partidos con más votos y la fuerza que obtuviera el tercer lugar. Algunos partidos entendieron esto, pero mal, salvo el partido de gobierno, quien había promovido esta reforma. Por eso el partido de gobierno aplicó este criterio y los demás no. El candidato por el oficialismo tiene una amplia -aunque tal vez no suficiente- ventaja sobre sus rivales.
Analizando un poco este proceso electoral que se está por definir el próximo domingo podemos ver algunos efectos de este nuevo sistema electoral. El FPV, lejos de elegir su candidato por afinidad ideológica al partido, lo hizo con un criterio pragmático. Entendieron el sistema, ellos mismo lo propusieron, y ahora procedían consecuentemente para obtener una victoria. Los demás partidos mostraron mayor o menor flexibilidad ideológica para su alianzas.
Pero estas alianzas fueron realizadas con la lógica de un sistema electoral previo incluso al de la reforma de 1994. Hasta 1996 la elección de presidente no eran directas. Los votos correspondían a electores que posteriormente determinarían el ganador en un colegio electoral. En la práctica, desde el retorno de la democracia en 1983 este mecanismo no había modificado la voluntad del electorado en la decisión del colegio electoral.
Macri pensó su sistema de alianzas con esta lógica del colegio electoral y no con la del modelo del cáucaso actual. Aunque repetía "el voto en definitiva es de la gente no del partido" cuando hacía sus alianzas con Sanz, la UCR y Carrió, parecía no entender del todo lo que ésto significaba. No tiene ningún peso en una elección directa realizar pactos con otros partidos si esto no se sustancia en la fórmula electoral. La lógica del nuevo sistema electoral era crear alianzas entre los terceros partidos y los dos principales. Pero no en un sentido de pacto o acuerdo de apoyo sino en la conformación de sus listas.
El PRO, con Cambiemos, más que abrir sus listas a candidatos de otros partidos con caudales de votos importantes hizo lo contrario. Cambiemos se cerró hacia el interior del PRO y postuló a Gabriela Michetti, -una candidata derrotada dentro del mismo partido por Horacio Rodriguez Larreta para la jefatura del gobierno de la ciudad de Buenos Aires- como vicepresidenta. En ese sentido, el gesto de Macri de lealtad partidaria, iba en contra de la lógica del nuevo sistema electoral. Las alianzas con otros partidos fueron completamente efímeras porque no garantizaron el voto de sus partidarios incorporando sus candidatos en sus listas.
Massa con el Frente Renovador mostró un poco más de flexibilidad al incorporar a De la Sota y Felipe Solá como precandidatos, pero tampoco incorporó en su fórmula a un vice de entre los partidos con más votos en las PASO. Según la lógica del nuevo sistema electoral la opción natural de Massa era incorporar en su fórmula a un vice de entre los ganadores de las PASO, o sumarse él como vice en otra fórmula.
La alianza más sensata era conformar una lista entre Macri y Massa. La lógica del sistema electoral era esa, achicar la cantidad de candidatos a presidente después de las PASO. Sin embargo se mantuvo el mismo número de candidatos.
Sin duda en las alianzas electorales intervienen un sin número de factores, pero ganar debería ser el más importante. El FPV entendió eso y postuló a su candidato con más posibilidades de ganar independientemente de su afinidad con el núcleo duro del partido. Tampoco hizo acercamientos con otras fuerzas para su fórmula porque en el lugar de vicepresidente necesariamente debía ir alguien que garantizara la integridad partidaria.
La conformación de la fórmula del Frente Renovador por lo menos buscó incorporar amplitud geográfica al sumar como vicepresidente a Gustavo Sanz de Salta. De esa forma por lo menos se aseguraba votos en otro distrito.
Cambiemos mostró una actitud arbitraria al elegir como vicepresidente un candidato de su propio partido y de su mismo distrito. La fórmula de Cambiemos fue redundante al presentar dos candidatos del mismo distrito. Gabriela Michetti no era una candidata que le sumara votos a Mauricio Macri.
Para ir cerrando el análisis. El FPV en su fórmula apeló al kirchnerismo y una parte más moderada del electorado que pudiera traccionar Scioli. El Frente Renovador incorporó algunos referentes de otras fuerzas y los candidatos de la fórmula presidencial aseguraban votos en distintos distritos. Cambiemos realizó alianzas con otros partidos pero que no aseguran sus votos y sus dos candidatos de fórmula presidencial provienen del mismo distrito y no se suman votos. La alianza más lógica entre Massa y Macri no se dió.
A partir de los principios de los sistemas electorales que plantean Sartori y Dubenger, y el funcionamiento del modelo del cáucaso que plantean las PASO, quien entendiera mejor esta lógica tendría más ventaja. Efectivamente la fórmula del FPV está a la cabeza con una proyección de votos que tal vez le daría la victoria en primera vuelta.
Siguiendo con este apego a la teoría y los datos empíricos, las elecciones presidenciales se definieron tanto en primera vuelta como en ballotage. Esto indicaría que cualquiera de estos escenarios son posibles.
Un análisis predictivo a partir de estos aspectos plantearía que el próximo domingo Scioli ganaría las elecciones -no se sabe si alcanzando el umbral de diez puntos para ganar en primera vuelta-, Massa obtendría el segundo lugar y Macri el tercero.
En favor de Sartori y en contra de Dubenger lo que sucedió en estas elecciones después de las PASO señala que el nuevo sistema electoral tuvo poco efecto sobre el armado de las listas y la cantidad de candidatos a presidente. El FPV fué quien mejor se adaptó a este sistema, el Frente Renovador no pudo capitalizar las posibilidades que le brindaba, y Cambiemos no supo entender su lógica.
Con esto, más que hacer una predicción de los resultados de las elecciones presidenciales, nos interesa destacar la importancia del efecto del nuevo sistema electoral argentino y para que está diseñado. Sin duda tendrá un impacto en la conformación de las fuerzas políticas en la Argentina. Pero para ello los partidos deberán entender, aceptar y adoptar su lógica.
Para concluir quien mejor haya aprovechado el nuevo sistema electoral tendrá más posibilidades de ganar las elecciones el próximo domingo. Pero eso no es una ley sino una tendencia

sábado, 3 de octubre de 2015

Kobra Kei - Música venenosa

Cuando algo escapa y evade definiciones irrumpe como la singularidad de lo nuevo abriendo nuevos mundos -en este caso- sonoros. Kobra Kei es una artista sugerente que logra capturar el instante retratando el presente desarrollando un lenguaje estético muy actual. Un retrato efímero pero rabioso de un mundo de privilegios, de aspiraciones vacías, que revela la trama de las apariencias. Kobra Kei opera en dos registros, el de lo "espléndido" y lo "abyecto", colisionando las apariencias con la realidad del simulacro de nuestra bella realidad. Kobra Kei es un animal que combina una hipnótica belleza con una lengua venenosa que estremece los cuerpos con su ritmo. En definitiva, una artista que promete algo original que esperamos que despliegue en una prospera trayectoria.