miércoles, 27 de enero de 2016

¿Que significa hacer filosofia en el siglo XXI?

¿Que significa hacer filosofía en el siglo XXI?

¿Que significa hacer filosofía? es una pregunta problemática para cualquier época. Incluso teniendo claro que es la filosofía, si presentara un corpus claro, que nos permitiera afirmar sin lugar a dudas, aquello que "es", aún nos diría poco sobre "como se hace". La filosofía, de forma evasiva, adopta distintas formas, como el poema, el diálogo, literatura, lógica, matemática, etc. En ese sentido la filosofía no se encuentra confinada a forma específica sino que trasciende las barreras de los géneros literarios haciéndonos dudar si acaso posee una forma específica. A pesar de esto la filosofía existe de forma innegable como un tipo de discurso particular. Un discurso que cuenta con una historia, una tradición marcada por una práctica constante sobre el saber. Esta actividad constante, no es para nosotros, inmanente, en el sentido de su objeto y finalidad. Aquí nos interesa diferenciar la filosofía en el sentido clásico y el moderno. Aunque en cualquier caso la filosofía se relaciona con el amor al conocimiento, la filosofía moderna se ocupa del problema de la "verdad", mientras que la filosofía clásica de la "buena vida".
Esta es una clave fundamental para pensar que significa hacer filosofía, pues "perseguir la verdad" y "buscar la buena vida" son dos cosas muy distintas. Uno podría asumir que encontrar la verdad sería sinónimo de llevar una buena vida, sin embargo también pueden implicar caminos divergentes.

Separemos por un momento las cuestiones de este problema, la "filosofía", y el "hacer". Desplacemos por un instante la filosofía poniendo el acento en el "hacer". Aboquémonos por un instante la cuestión verbal en vez de la sustantiva. Pensemos en la acción más que en el objeto. Pensemos más en el ¿como hacer? que en la filosofía. 
En este sentido podemos considerar la filosofía una actividad. Algo que se hace, se practica, se produce, algo que puede apasionarnos, entusiasmarnos, angustiarnos, llenarnos de vida y quitarle todo sentido.

Pensar, dudar, cuestionar, contemplar, razonar, reflexionar, son condiciones necesarias, pero no suficientes del para el quehacer filosófico. Incluso esta práctica implica actividades muy diferentes si lo que se busca es la verdad o la buena vida. De todas formas y en cualquier caso la acción se encuentra en el centro de la actividad filosófica. En este sentido deberíamos pensar la filosofía como una labor más que como un esencia de un mundo ideal al que se nos brinda acceso. Por el contrario, hacer filosofía implica una presencia, vivir en el mundo; y al mismo tiempo, una ausencia. Para hacer filosofía es necesario ser parte de nuestro tiempo, sentirnos incómodos con él, ajenos a ello que se nos presenta como familiar.
No se puede hacer filosofía si uno se siente cómodo en el mundo. La filosofía se presenta como una incomodidad, una inconveniencia, una molestia, que no se puede consolar con una certeza. La filosofía es una duda sobre la evidencia, una intuición corrosiva, una pulsión peligrosa, que nos puede develar nuestra naturaleza o mostrar nuestra inhumanidad.

Debemos considerar tres cuestiones fundamentales para abordar la pregunta sobre "como se hace filosofía". La actividad, la materialidad y el saber. Pero para avanzar por este camino, algo debe ser dicho sobre la filosofía como la búsqueda de la verdad y la buena vida.
La verdad es independiente de la vida. De hecho, la vida, es un inconveniente para la verdad, en el peor de los casos, un error. El gesto moderno hacia la filosofía planteó un giro hacia la lógica y la matemática. La verdad sería un orden perfecto, que más que extraño, sería hostil a la vida. La filosofía como búsqueda de la verdad consistiría en el desarrollo de modelos ideales, un lenguaje perfecto, incapaz de decir nada sobre la vida: la forma más cruel de literatura. La verdad puede ser muy engañosa, porque a pesar de poder afirmar principios universales, pocas veces puede decir algo sobre la vida. Por el contrario, la persecución de la buena vida debe comprender la singularidad de la misma. En ese sentido, la buena vida, se parecería más a una obra de arte que a un cálculo matemático.
Estas dos consideraciones de la filosofía clásica y moderna, ya nos brinda claros indicios de como puede ser la actividades que la producen. Una clave para entender estas diferencias se puede encontrar en la utilidad de la filosofía. Si esperamos de la filosofía algo más que un goce estético sin utilidad, podremos encontrar la "verdad" pero difícilmente la "buena vida".

La labor filosófica, su materialidad, y relación con el saber pueden conducir a la buena vida. Esa mediación, más que la inmediatez de un verdad revelada, puede ser aquella actividad que conduce a la buena vida. En ese sentido podemos pensar la filosofía como trayectoria, más que como un punto de arribo. La práctica filosófica, como la vida misma, puede pensarse como un constante devenir, una actividad sin fin, cuyo movimiento sin fin no hace otra cosa que revelar de que nueva manera se presenta lo mismo.
Utilizar la filosofía para encontrar la verdad o la buena vida plantea actividades distintas. En el primer caso el filósofo es más como un funcionario, un técnico, abocado a verdades que nada tienen en común con su vida. En ese sentido la actividad filosófica se parece a la del burócrata abocado a la corrección de los procedimientos institucionales cuya única finalidad es la existencia de la misma institución. Como técnico y especialista el filosofo se dedica a "reparar", librar de errores, la pieza de engranaje que se le es encomendada, para permitir el funcionamiento de una máquina para la que desconoce su funcionamiento. En este sentido la misma búsqueda de la verdad es una "quimera", ya que este tipo de verdad funciona como algoritmo lógico que solo cobra sentido dentro del sistema maquínico que se enfrenta a la verdad.
Esta labor rutinaria plasma el desarrollo de meticulosas operaciones lógicas y en el mejor de los casos, algunas evidencias observables, que se materializarán en artículos para revistas especializadas y por sobre todo gran cantidad de formularios. Esta actividad filosófica es una profesión en el sentido del trabajo "profesional". Este tipo de filósofo es un profesional más, como el dentista o el abogado, abocado a uniformar las particularidades por medio de procedimientos técnicos genéricos. La relación de esta actividad filosófica con la verdad es la adecuación técnica e impersonal del fragmento con el sistema del que forma parte.

A medio camino entre el filósofo que busca la verdad y la buena vida se encuentra el profesor de historia de la filosofía. Para él la filosofía es un cuerpo establecido y cuya tarea es conservar. En este caso la filosofía no es una práctica en el sentido de campo de apertura, sino de mantenimiento de un cuerpo cerrado. El profesor de historia de la filosofía es un relator dedicado a transmitir un conocimiento fosilizado. Como un artista frustrado que ha conseguido un empleo en un museo, y aunque carece de talento para el arte, se encuentra rodeado de obras maestras.

Hacer filosofía en el sentido de buscar la buena vida implica sobre todo vivir. Esto es experimentar, crear e introducir belleza al mundo, si no es por medio del arte, a través de la inspiración que pueda provocar una vida. La materialidad de esta labor filosófica no se limita a la producción en el sentido más estricto, sino a sus efectos de verdad. En este sentido, más allá de cualquier verdad "verdadera", la materialidad filosófica se extiende a sus efectos y afectos.
Más allá de algún formato, la filosofía de la buena vida, desborda las fronteras provocando algún sentimiento que de prueba de vida, en el mejor de los casos, de existencia. 

¿Que significa entonces hacer filosofía hoy en día? Estar abierto al acontecimiento. Ser susceptible aquello que no entra en la cuenta de lo posible. Huir de las generalizaciones y de los grandes sistemas filosóficos. Y por sobre pensar y escribir: vivir.

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