lunes, 22 de agosto de 2016

El extraño fenómeno de Stranger Things


Es sorprendente el fenómeno de recepción, tanto del público como de la crítica, de Stranger Things, la nueva serie de Netflix,. Tengo que admitir que todavía no terminé de verla. Al llegar al sexto capítulo, no se si por falta de interés o simple reacción a su tan masiva aceptación, dejé de verla.
El llamativo (o extraño) éxito de Stranger things amerita una reflexión y una breves palabras. Los suplementos y secciones de espectáculos de los principales diarios ya le han dedicado una crítica a esta serie. En todos los casos reconocen las referencias explícitas al cine de ciencia ficción y terror de los años 80, como  ET, Poltergeist, Alien, así como las películas de John Carpenter o Stephen King. Ese recurso ya de por sí garantiza una fórmula ganadora.
La crítica de Diego Mate para el suplemento Ñ reconoce que las series se están acercando más al cine que a la televisión y que se está produciendo un nuevo hábito de consumo, en parte por las nuevas plataformas como Netflix, que permiten ver series y películas en cualquier momento sin tener que esperar el momento especifico de su transmisión.
La crítica de Natalia Trzenko para La Nación señala que esta evocación de los 80 apela a cierta nostalgia, lo que no deja de ser un recurso efectivo. Además la historia del grupo de chicos que juegan en el sótano a los monstruos que deben salir a la realidad a enfrentar los riesgos de la vida real casi juega una función mítica del relato.
La crítica de Jose Bellas para Clarín es casi tan extraña como la serie. De esta se puede rescatar el gesto de que hay cosas más interesantes (como la muerte de un integrante de la banda Suicide) que Stranger Things.

Personalmente una cosa de esta serie que captó mi atención fue su "factura", casi como una torpe puesta en escena que permite ver el artificio que la sostiene. Como si se notara que estaba ambientada en los 80 porque resultara más barato recrear esa ambientación. Sentí que Stranger Things exprime al máximo -casi exageradamente- sus recursos. Como si el suspenso fuera casi fuera el resultado de una función catalítica -lo que vulgarmente se llama estirar la trama- que un genuino uso del tiempo narrativo.
Hay que reconocer cierto mérito a la originalidad de esta historia más allá de su estructura de relato arquetípico. Es cierto que tampoco vamos a ver nada nuevo en Stranger Things que no hayamos visto en las películas antes mencionadas, pero al menos hay alguna gracia en este remix.
Las criticas de Mate y Trzenko destacan las actuaciones especialmente las del reparto infantil. Es cierto que los chicos despiertan cierta ternura y simpatía, pero los adultos sin duda brindan muy buenas interpretaciones.
El reparto presenta algunas estrellas "vintage" como la ambientación temporal de la serie. Tiene algunas figuras reconocidas que hace tiempo no están en la pantalla ni han hecho algún trabajo importante. Eso tiene produce dos cosas. Por un lado da algo de categoría a la serie agregando alguna estrella de Hollywood (aunque sea desgastada) por un presupuesto razonable, y por otro, motiva a estos dar grandes actuaciones para recuperar la gloria perdida. Concretamente nos referimos Wynona Ryder y Matthew Modine. Wynona no se contiene y da una actuación casi al límite, lo que produce una conexión más profunda que la simpatía por los chicos. El otro actor que desempeña un papel importante es David Harbour (el sheriff), que quien viene siguiendo su trayectoria, sabe que tiene más hambre que un sociólogo por interpretar un rol protagónico, y aprovecha muy bien esta oportunidad. Aunque todos estos actores hacen un muy buen trabajo actoral, a mi juicio, Harbour le da mucha vida a su personaje, dándole el soporte -junto con Ryder- y credibilidad de una producción que se acerca a las grandes series tipo cinematográficas estrenadas recientemente.
Es cierto las series se acerca cada vez más al género cinematográfico. Pero más allá de todos los elementos de las películas de Hollywood que presenta Stranger Things, hay uno que falta: el valor de producción.
Claramente Stranger things no es -ni por cerca- Game of thrones. Tampoco nadie espera semejante despliegue. En ese sentido, ajustando las expectativas, Stranger things tiene sus méritos. Pero la enorme aceptación -al borde de la aclamación- excede una explicación basada en sus propias virtudes de producción.
Nelson Goodman en su obra "¿Cuando es arte?" se refiere al fenómeno contingente por el cual un artefacto estético en distintos momentos puede ser apreciado de distintas maneras por el publico, pudiendo pasar de ser de un objeto cotidiano a una obra de arte.
En ese sentido el público con su ovación se ha apropiado de Stranger things. Tal vez el juego de referencias explícitas que permite enmarcar esta serie en géneros cinematográficos fue recibido por el público como una genialidad.
Personalmente considero Stranger things la versión todo por dos pesos de ET.

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