domingo, 18 de diciembre de 2016

Snowden: Un héroe de nuestro tiempo

La película Snowden amerita una reseña y una breve breve reflexión.

Oliver Stone lo ha hecho otra vez. Se lo podría considerar un director de cine "militante". Su posición es clara y ya la ha manifestado en sus dramas históricos como Pelotón, JFK, Nixon, y sus documentales sobre la historia de Estados Unidos, y Hugo Chávez.
Snowden es un film biográfico actual que se acerca más a películas como La red social de David Fincher. En esta ficcionalización del presente vuelve a asumir su posición crítica respecto de la política de seguridad nacional del gobierno de los Estados Unidos. Stone reivindica en la figura estoica de Snowden la imagen de un héroe de nuestro tiempo. El protagonista encarna un sujeto con un talento extraordinario y un coraje aún mayor. Una persona lúcida que tiene muy claro como resolver sus dilemas morales que puede calcular sus acciones casi con la precisión de una máquina.

En 2013, Edward Snowden, -un joven de 29 años que trabajaba como contratista para la NSA (National Security Agency)- fué responsable de la filtración de información de inteligencia más grande de la historia. En desacuerdo con la política de vigilancia y violación de los derechos de privacidad de la información personal, hizo públicas estas actividades revelando esta noticia al diario británico The Guardian. 
El hecho tuvo gran trascendencia en los medios de todo el mundo e importantes repercusiones políticas. El presidente Obama tuvo que respaldar estas medidas de su gobierno ante las críticas de la opinión pública internacional, Snowden fue declarado un traidor, e inmediatamente se ordenó su captura.

La película logra relatar esta historia tan reciente y conocida con cierto ingenio. Su estructura narrativa consigue brindarle alguna tensión y suspenso a esta trama que ya tiene un final conocido. Combina un valor testimonial con el encanto visual de las grandes producciones de Hollywood. 
Joseph Gordon-Levitt (El origen y Batman: El caballero de la noche) reafirma su talento actoral personificando a un Snowden un tanto idealizado. Lo acompaña un gran reparto conformado por figuras como Shailene Woodley (la saga de Divergente), y Nicholas Cage entre otros.

El nombre de Oliver Stone garantiza calidad de producción y repercusión polémica. Su postura es muy evidente. También lo son algunos excesos utilizados para dar mayor efecto dramático al relato. A pesar de todo la película logra una fidelidad con los acontecimientos y el compromiso político del director.

El resultado cinematográfico es bueno, aunque tal vez este aspecto sea un poco opacado por el valor testimonial de la historia. El dominio del lenguaje visual de este veterano director ofrece una narración llena de matices y sutilizas. La película mantiene un ritmo constante a lo largo de sus dos horas y cuarto de duración respetando la estructura de introducción, nudo, y desenlace, a pesar de un relato no lineal cargado de flashbacks.

Este es un film fundamental para aquellos que todavía no conocen la historia de Edward Snowden como para quienes ya tienen una opinión formada sobre sus acciones.

Esta película permite una reflexión sobre los efectos del uso político de la tecnología, la amenaza que esto constituye para nuestra privacidad, los dilemas y alternativas de lo que se puede hacer al respecto. 

El mundo del espionaje en la posmodernidad es muy diferente al glamuroso estilo de James Bond. Los seductores superagentes maduros han dado lugar a nerds y hackers alejados de la acción.

Tal vez la principal paradoja que plantea el caso Snowden sea que la amenaza no se encuentre afuera sino adentro. No fueron espías chinos o rusos quienes revelaron todos esos secretos, sino uno de los suyos. 
Por otro lado sugiere que, en estos tiempos, la traición puede ser un acto supremo de patriotismo.

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